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Total interferencia



Una de las funciones del sueño es preservar el dormir.

Soñar para no despertar.

El sueño como recomposición del aparato psíquico. El sueño como defensa ante lo real, mi registro favorito.

Entonces algo hay en lo real de lo que es necesario evadirse, porque mientras soñamos todo es posible. Y posible como un magma, sin cualidad. Posible como un destino pensable, cercano al deseo. 

Y si este sueño del que ya teníamos un ojo abierto pero simulábamos seguir soñando puede llegar a su fin, entonces es el momento de hacer carne que el otro también soy yo, que la patria es el otro. Porque es cómodo reconocerse entre iguales, no es necesario hacer ningún gasto. Pero el desafío es incorporar la diferencia –por más brutal que sea- y seguir siendo.

Elijo al azar un mérito cultural de los años kirchneristas: si sos adulto y no te interesa la política, sos un nabo. Al menos en ese ámbito crucial de la vida, sos un nabo. Porque la política transforma lo real volviéndolo realidad. Entonces si se sanciona una ley que privatiza las jubilaciones y no te alcanzó para hacer tus aportes, te espera una ancianidad indigna. Y así con cientos de aspectos de la vida cotidiana que determinan a fondo tu subjetividad. 

Si votas a Macri, decilo contento. No te traiciones. Tus amigos te van a seguir queriendo. Si apoyás el proyecto actual pero no te termina de cerrar Scioli porque sos demasiado universitario o "iluminado", recordá que a los tibios los escupe el Dios de Julián Dominguez y les toma la entrevista de admisión Melconian y Espert.
  
Abracemos el presente y el futuro. Preparémonos para la lucha democrática, todos los votos cuentan uno. Veo a mis amigos sufrir por adelantado, veo a otros regocijándose de revancha y es entendible.

Para Freud la pulsión de muerte es anterior y por ende más arcaica que la de vida. Argentina conoce mucho de ambas. Si la verdad tiene estructura de ficción, vote, elija la que crea que más lo representa. La batalla es cultural, un sueño colectivo se defiende despierto. En la duermevela se choca contra un árbol.  

Piense en usted. Las identidades a cierta edad no son más móviles ni flexibles. La historia determina gran parte de lo que sos. Podés declararte peronista de grande, pero si fuiste a la secundaria con la reina de Holanda o en tu mesa de los domingos se sentaba el máximo beneficiario de la patria contratista, te deja una marca. Y eso corre para todos, tome conciencia de clase y pare de sufrir.

Si algo ha cambiado, eso es nosotros. 




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Fuego

Los cínicos son longevos. Es una idea que bordea la máxima.  Videla, Massera, Franco, Stroessner, Pinochet, Martinez de Hoz, Menem, todos viejos escindidos a los que nunca les rozaron las balas. Correr el cuerpo y supervivir, ser un instrumento divorciado de las mayorías.

La metáfora del fuego es transparente: te consume. El costado mortífero de la pulsión. Hace unos días Cristina dijo que Néstor no descansaba nunca. Ardió.

Lula, Dilma, Lugo, Chávez con cáncer. A Correa intentaron asesinarlo hace unos años. Néstor muerto, Cristina entre algodones. Parece que algo pasó en esta década en Latinoamérica que le bajó la esperanza de vida a los gobernantes. Otro buen uso del fuego.

Hay algo –no católico- en entregar la vida que todavía en estas sociedades contemporáneas conmueve, sobre todo a los más jóvenes. Estos líderes políticos llegaron a la juventud por entender el código rockero (que no es colgarse una guitarra) de la intensidad, la transgresión, la búsqueda de sociedades más justas, -en fin- utopías.

Los jóvenes no tienen miedo, el futuro­ es un concepto, para los adultos el futuro es asesino. Mejor arder que apagarse lentamente, citó Kurt Cobain a Neil Young en su nota de suicidio. La síntesis perfecta.  

Gobernar con mesura, con diálogo, con consenso. Suena todo tan muerto, tan algodón en la boca, tan receta fallida para que nada cambie, o en realidad si, para que se desande el camino construido.

Mi adolescencia patagónica-dadaísta me inculcó el pesimismo, la derrota geográfica y la obscenidad menemista, pero también me enseñó el poder de la organización, la resistencia  a la ley federal de educación, la toma de colegios y la Zanón tan cerca de mi casa.

No lo sabía entonces, pero también me estaban enseñando el amor y  la esperanza, que nunca es vana.


E­­­s mejor arder. 


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Paredón y después

Dejé pasar cuatro subtes hasta que finalmente pude subirme en el quinto, contra la puerta. Arrancar así el día es como besar un cenicero. Levanté la mirada y vi el titular de Clarín que decía que el kirchnerismo había perdido 4 millones de votos en dos años. Me dije que eso no era así ya que la comparación no era acertada, que había que comparar los resultados con la anterior elección legislativa, no con las presidenciales. Me di cuenta que los resultados de las PASO no sólo me habían dejado preocupado sino algo triste. Triste por darme cuenta de que los poderes fácticos en estas sociedades contemporáneas (y quizás desde siempre, en formas menos sutiles) duran más que los gobiernos, y que la democracia es una máscara-plataforma de la que se sirven para desplegar la crapulencia de la acumulación por desposesión.

Temí por la posible desmemoria del pueblo, por el avance del marketing político vacío, por la desideologización del espacio público, por el sinsentido, por las generaciones que se volvieron a ilusionar, por los nuevos  ilusionados, por el posible retroceso de algunas conquistas.

Los cambios culturales necesitan largos años y que lo implemente alguien en mayoría, de otra manera queda en gestos voluntariosos aislados. Quebrar el asistencialismo argentino será casi imposible, pero revertir la pregunta de “¿qué me van a dar?” a “¿Cómo puedo hacer yo?” ya es mucho.

Cuando alguien obtiene un nuevo derecho difícilmente se resigne a perderlo sin pelear. De algunas cosas ya no se vuelve. Me gusta pensar la diferencia entre lo real y la realidad, lo primero como aquello que solamente es, “que no le falta nada” (a decir de Lacan), que se impone, y la realidad más del lado de lo ficcional, de lo simbólico y de las imágenes, con la potencia de ser cualquier cosa.

Quien ahora tiene una ayuda del Estado no necesita que un diario le cuente cómo es. Si un hijo va a la escuela probablemente haya una netbook en el hogar y tenga la nueva preocupación de cómo pagar un servicio de Internet. Y quizás se de cuenta de que hay un mundo más ancho de lo que pensaba, y quizás le parezca que no tener trabajo o tenerlo en negro no es un destino inexorable.  Lo real complejiza la realidad y viceversa.

La vida también está hecha de palabras y de su discurrir. El psicoanálisis ha develado y teorizado acerca de los efectos traumáticos de lo no dicho, de lo coagulado, del filo mortal del silencio, de los imposibles del lenguaje. Pero el lenguaje se aborda desde el lenguaje, y no hay un detrimento de la conciencia ni de las reglas de la comunicación. Si no le decís a tu mujer de vez en cuando que la amas, pronto vas a ver que que vos lo sientas no le es suficiente. 

El psicoanálisis con Lacan -por decirlo rápidamente- entiende que al final de un análisis queda un sujeto advertido de su deseo. Ha reconocido y transitado sus marcas y ha ido más allá de ellas. No sólo las conoce sino que las nombra, las ve venir,  sufre algo menos y hace sufrir menos a quienes lo quieren, hace algo con eso.


Es hora de que el kirchnerismo  tome nota de las nuevas marcas, esté advertido  y se relance hacia el futuro renovado, para que estos años no terminen siendo sólo un campanazo en el dudoso péndulo de la historia.  
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Si sucede deviene

“Lo que torna a Caperucita Roja una ingenua no es haberle creído al lobo, sino haber convertido la evidencia acerca de las enormes orejas, la gran nariz, las manos peludas, en objeto de interrogación al servicio de la desmentida, buscando en las respuestas que recibía, una racionalidad que anulara su profunda sospecha de que no estaba, en realidad, frente a su abuelita. Por eso, en lugar de huir, siguió preguntando, no a la búsqueda de la verdad que de algún modo conocía, sino en el intento de que la respuesta oficiara al servicio de su anulación de la percepción…”

Así comienza el capítulo “La esperanza y la utopía” del libro No me hubiera gustado morir en los 90 (2006) de Silvia Bleichmar. El mecanismo que está describiendo se llama desmentida, su sintaxis sería la siguiente: “ya lo se pero aun asi…”  y plantea un dilema ético.

Las posiciones de “ingenuidad”, como aprendimos con Caperucita, son en gran medida posturas de complicidad. La ingenuidad no es una virtud, y si se presenta como tal, es porque es funcional a los que toman ventaja de ésta (el actual “si sucede conviene” de Tinelli).

Hermana de la ingenuidad es la “neutralidad”, la ilusión de la  supuesta postura equidistante que lo único que hace es resguardar (pero al modo de la ingenuidad) al que allí se para de las consecuencias de tomar partido y que alguien te diga “ehh vos nosequecosa”.  No sólo en el registro de las ideas, de la política, sino de la vida en general y en muy particular: piensen en ustedes, en cualquier persona que habiendo advertido algo de su deseo, lo desoya sistemáticamente. De todas maneras, este último plano es más delicado, porque si el deseo no se presenta con la fuerza suficiente, en esos callejones es donde se juega gran parte del dolor, y como dijo William Blake: “Quien no realiza su deseo engendra peste”.

Al psicoanálisis le han criticado que el concepto de deseo no toma demasiado en cuenta los contextos históricos de producción de subjetividad de cada época. Es un punto atendible, pero el concepto apunta a algo más estructural y que su surgimiento nace de una exterioridad (el Otro fundamental) y de allí su opacidad. Pero eso no es tan interesante como cuando se critica el contexto de producción freudiano. Durante este año he estado sumergiéndome por primera vez y en serio en algunos textos fundacionales de los estudios de género y feministas (sin reírme de ellas) y una de las cosas que me ha llamado la razón es el ataque encolerizado –por momentos- contra el genio vienés.

Recordé lo que alguna vez subrayé en mis años de estudiante, Freud osó llamar alguna vez a las mujeres, “continente oscuro”, como metáfora de sus propias limitaciones teóricas para comprender las zonas insondables del otro sexo. Una crítica, a 80 años de distancia puede ser más ligera, ya que también hay que recordar que gracias a los aportes de Freud las histerias de conversión (femeninas para la época) salieron del campo de la terapeútica infame de la psiquiatría y fue tomada por el tratamiento por la palabra.

Cuando leí a mujeres riéndose y criticando a veces justa, a veces injustamente a Freud recordé  el “continente oscuro” de mis días de adolescencia temprana y mi ejercicio mental del amor cortés, de la fascinación por no comprender ese mundo femenino tan mágico y tan esquivo que trataba de asir a través de situaciones hipotéticas que vertía en hojas y hojas de los cuadernos Rivadavia. El amor cortés es una de las formas conservadoras e inhibidas del amor. Pero eso fue entonces, ya Google Earth echó algo luz sobre los continentes.

Una postura critica, que de palazos pero también apuntale, que no sea ni ingenua ni neutral, son algunas características que me gustaría que las subjetividades ciudadanas políticas por venir tengan, que algo se haya hecho carne, porque cada vez que uno se hace un poco Caperucita, los proyectos neoliberales se meten en tu cama, ponen el cartel que dice que la economía del país es como la economía de una casa (gastar menos de lo que te entra) y con sus bronceados avivan a tu novia de que sos pálido y débil. 

Y todo eso sin haber leído un solo libro. 




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Ruido sordo



Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra. 

JLB. “1964

Las cacerolas han perdido la fuerza simbólica de protesta con la que emergieron. Diez años de crecimiento  sostenido con inclusión social marca que otra es la coyuntura. Las cacerolas que encontraron su razón de ser en la intersección entre  los ahorristas enojados del 2001 y las personas en los piquetes que reclamaban por el hambre y la exclusión extrema a la que estaban siendo sometidos, hoy ven el símbolo mancillado. 

Las cacerolas representan por excelencia, en el imaginario instituido, el elemento en el cual se cocinan los alimentos. Una cacerola vacía entonces representa la falta de los mismos. El ruido que produce al ser golpeada es en general un ruido seco, sin melodía. Ninguna voz puede subirse armónicamente sobre ellas.
Una cacerola no representa la lucha contra la corrupción, contra el autoritarismo, contra las restricciones al dólar, contra la inseguridad, contra la delincuencia, contra un currículum vitae, contra un vicepresidente sospechado de negocios pocos claros (no procesado), contra un modelo de pensar y llevar adelante un país. No, una cacerola no dice nada acerca de eso. Lo tienen que decir las personas que se manifiestan o sus voceros, en este caso los medios que se sienten representados (e incitan a) por estas expresiones que todo parecería indicar, aun poseen un nivel de convocatoria bajo. 

“Los vecinos” -una expresión  aun más ideologizada que “la gente”- pueden hacer y decir lo que quieran, pero si algo ha quedado en evidencia en estos años recientes es el intento de ver qué ideas representan, cómo entienden el mundo, que idea del rol del Estado tienen, qué piensan de los gremios, cómo les cae Lanata, cómo les sienta la democracia, los procesos judiciales, la revaluación fiscal de las tierras, la redistribución de la riqueza, el impuesto a las ganancias, etc. Si este Gobierno tiene algo de “autoritario” es haber creado las condiciones para que toda persona mayor de edad –digamos- se sienta eventualmente compelido a reconocerse como un sujeto político cuyas acciones y pensamientos son pasibles de ser confrontados por otros. Y eso es un gran logro. 

Desterradas las ideas de objetividad e imparcialidad donde descansan los cobardes, es entendible que el sector que no lo votó sienta a este gobierno como un gran Otro que hace de ellos lo que quiere. Y como dijimos muchas veces, lo realmente insoportable es sentirse a merced de la voluntad del Otro. Pero si ese Otro intenta con vehemencia y convicción –aunque fallidamente a veces-  hacer el país un poco más equitativo, bueno, qué importa no poder comprar tantos dólares, comprar tecnología extranjera, finalmente: anhelar lo que no somos. 

Las plazas están para ser ocupadas, los símbolos para ser creados y recreados, la participación política –en un sentido amplio- es la arena innegociable para el debate de ideas. Pero a no hacerse los distraídos, estar en un lugar no te deja estar al mismo tiempo en otro.  Las cacerolas suenan de distinta manera según quien las aporree.  Hay símbolos que se resisten.

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Los muertos se mueren de sed

Todo tiempo pasado, represión mediante, fue mejor. Toda vez que un hilo se cortó, siempre fue por lo más fino. Cada vez que el Estado parpadeó, muchos murieron.
 Cuando un servicio público está en manos privadas, se crea una tensión lógica entre el departamento contable y la calidad del servicio a prestar. En las paredes de las empresas privadas, sin demonizar, se lee: “rentabilidad”. Hay que problematizar si los servicios públicos deben estar en manos privadas o estatales. Sabemos con  sobrada evidencia, que en todas las dependencias estatales hay personas que nos defraudan –si, en un múltiple sentido de la palabra-. Pero no se trata de eso.
Los accidentes existen, los “olvidos” por parte del Estado son imperdonables.  Suele suceder en una lógica de hacer las cosas, que hasta que los hechos no se agravan, nadie realmente se preocupa. Correr detrás de los desastres es un síntoma  de no haber estado. Cuando pasan cosas como las del tren de Once, el Estado/Gobierno siempre es el responsable, no importa que esté tercerizado.  De donde el Estado se retira, alguien sufrirá.
Así como no se puede respetar a nadie que nunca sintió vergüenza de sí mismo, tampoco se puede respetar a aquél que solamente se queja. Es una gran complejidad. El Estado se retiró de los trenes en los 90, pero este gobierno los sigue subsidiando. Los que viajamos todos los días en el trasporte público capitalino (porque recordemos eso, oh porteñocentrismo miope, esto es algo que pasó en una ciudad, no en el país) en hora pico sabemos que es una odisea.
El hecho de haber abandonado el medio de transporte masivo más eficaz, barato, ecológico y puntual que existe ha redundado en el crecimiento y beneficio (interesado  o no, cada uno tendrá su opinión) del transporte terrestre. ¿Y qué campera asoma detrás de ese medio? La de Hugo. Cuando un sector de la industria, del país, de lo que sea, se vuelve demasiado poderoso, se comienza a preguntar por qué no podría seguir avanzando en sus potestades, si ya que está...
En los meses pasados asistimos a esa tensión de estos gremios con el Gobierno. Y sea como sea, valga un subrayado: nadie rebaje a lágrima o reproche nunca a estos actores, son ellos los que le pararon al riojano, son ellos los que, cuando usted trabajador se sienta más solo que Felipe Solá en el día de la Lealtad, pedirá la ayuda de un gremio.
Buá (diría Magdalena RG), preguntas: ¿Qué hace Sobrero en los programas de chimentos de la mañana? ¿Qué hacen los hijos de puta de siempre causando disturbios en Once cuando la familia del chico que buscaban pedía calma? ¿Qué hace TBA culpando al motorman? ¿Qué hace el gobierno que no sale raudamente a abrazarlos a todos? Porque recordemos que el sistema presidencialista es un sistema paternalista, inconscientemente son un eco de mamá y papá que protegen, y cuando pasa una tragedia, la culpa es de ellos, no de nosotros que aun somos jóvenes de la democracia. Esa es una manera de ver las cosas. En esa línea, si nadie se hace cargo inmediatamente se genera el espacio para que, de manera vil, el sentido común diga presente y lance la idea de que puede pasar cualquier cosa, que nadie nos protege, que todo vale. ¡Y no es verdad! no pasan estas cosas todos los días, aunque si suele pasarle más seguido a quienes ocupan los lugares del olvido. Y eso sin dudas no es producto del azar: pregúntenle al barrio de Once.
Quiero y no quiero seguir escribiendo sobre este tema, me contradigo mientras pienso, lo dejaría en borrador, hago algo que jamás hago: releo y edito, suavizo opiniones, maldigo. Preferiría hablarlo para el intercambio, para el diálogo como método de conocimiento, para tener otras voces en vivo. El pensamiento se fortalece en su ejercicio, y el pensamiento también es acción. Pero también hay que ponerle el cuerpo, estoy harto de aquellos que nunca pisaron una calle para reclamar por derechos y mientras toman y comen cosas light sentados frente a sus computadoras se indignan, estoy harto de aquellos que nunca sintieron el terror del olvido del Estado y señalan con el dedo sin proponer una idea que construya, mientras se deprimen por no poder comprarse algo. 

No se debería respetar a nadie que no se haya creído equivocado y haya tratado de remediarlo. El mundo es tan bello como horroroso, sépanlo.




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Néstor (II)



Lo real no puede ser capturado de manera total por las palabras, por lo simbólico. Hay un excedente –que por suerte- da lugar a los malos entendidos, a la imposibilidad de comunicarse, a que los otros sean en el fondo siempre algo ajeno e incomprensible para nosotros. Lo real se impone con la fuerza de cachetada, pero habitamos en lo real y lo transformamos en realidad, en nuestras vidas. Gracias a esto los psicólogos siempre tendremos trabajo, pero eso es otro cantar. 

A veces las personas necesitan juntarse para poder tramitar ese primer sin-sentido que es la muerte, lo pueden hacer en una plaza o en cualquier lado. Hace un año varios de nosotros fuimos a la de Mayo para ayudarnos junto a otros, para llorar junto a otros. La muerte, ese puerto enigmático, en soledad contamina, en compañía hace el trago menos sólido. 

No hay que hacerse demasiado los cancheros, los rituales de pasaje tienen una razón de ser, pregúntenle si no a quienes no han podido enterrar a sus muertos. 

Recuerdo el día de su asunción en 2003, gritando como un gol cuando se tiró hacia la gente y al rato se cortó la frente. El tipo tenía algo, una vitalidad, una energía (término impreciso que no me gusta usar pero creo que en él se aplica) que contagiaba más allá de lo que luego diría y haría. Hay cosas que suceden en el registro de las sensaciones que no se pueden poner en palabras. De ahí hacia adelante, para muchos, es historia conocida. 

Estoy teniendo un diálogo interno sobre si repetir algunas cosas o no, pero si vuelven debe ser además de que no tengo muchas ideas, de que algún peso mayor deben tener, y este tipo a pesar de que fue muy verticalista en su toma de decisiones, siempre lo hizo para quienes más lo necesitaban. Y esto es insoportable para parte de la sociedad, ¿cómo soportar que un camionero gane lo mismo que un jefe de una empresa mediana tirando a grande? Un camionero, alguien que recoge la basura gana lo que nunca podré ganar y no me importa. Si hay gente que tiene cada vez más futuro y más derechos, yo me alegro por mi país. 

Los que estamos cerca de los 30 –para arriba, para abajo- hemos visto  quizás a la última generación (nuestros padres) que pudo tener su “ascenso social” de clase baja-media baja a media a través de la educación universitaria, y podemos sentir en el cuerpo lo que le pasa al país y entender a quienes están más desprotegidos. Yo recordaré siempre las lágrimas de mi madre no sólo en Diciembre del 2001, sino cada vez que la injusticia golpeaba al pueblo trabajador, y ese eco del sentir y de entender que donde el Estado cerró los ojos, hay alguien que está sufriendo.  Agradezco a la vilipendiada educación pública por haber ayudado a entender esto. 

Hace unos días le decía a un amigo que se quejaba por las idioteces que cantaban unas nuevas bandas indies, que cantaban/hablaban de eso porque nunca habían tenido miedo. Él, que había vivido en carne propia el vértigo de no saber si estaría vivo el mes siguiente, lo entendió perfectamente. 

Ayer leí una frase de Silvia Bleichmar que decía: “A veces bromeo y digo que la única razón para tener un hijo es para no morir de amor propio”. Y bueno, también se pueden tener hijos simbólicos: las luchas por un país más justo, por unos ideales, por dignidad. Porque toda persona, por más mínimo que sea, que sienta que ha recuperado un poco de su dignidad, significa que aún no está derrotado, que en sus propios términos entiende que vale la pena vivir por algo. 

Y eso es uno de los legados de Néstor, y si no, que se lo cuenten a estos tipos con cascos.

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Pensar junto a otros


Ya se ha dicho aquí, lo insoportable es estar a merced del capricho del Otro. Y cuando este Otro tiene la representatividad de un 54% del electorado, la posibilidad del hartazgo, de sentirse títere en un juego del que no se quiso formar parte, que no le divierte y no eligió, sienta las bases para campañas y malestares que ya han visto pulular no sólo en medios, sino en cualquier persona que rechace este Gobierno. “Que son campanas de palo las razones de los pobres” decía el Martín Fierro. Hay quienes no están de acuerdo con el rumbo que está tomando este país (los que se informan), otros no están de acuerdo con los modos de liderazgo, con el aire de autosuficiencia de la excelsa oratoria de Cristina, se enervan ante los casos “evidentes” –pero aun no probados- de corrupción, del estilo de Moreno, de las camperas de cuero de los Moyanos, etc.

Existe una tarea muy ardua que es saber deslindar prejuicios , sensaciones, de argumentos. La posibilidad de diálogo fructífero se realiza bajo un pleno reconocimiento del otro como par, como un igual al que se respeta y llegado el caso, puede ser un adversario de ideas, de cosmovisiones. Ya sabemos adónde se puede llegar si no se entiende que el otro, aunque radicalmente distinto, es un compañero de existencia. El problema es sonar aleccionador o como portador de La Verdad. Tan sólo es una verdad entre otras, tan simple y tan difícil de llevar a cabo.

Este 54% obviamente no es homogéneo, sabemos que la coyuntura favorable ha atraído algunos votos volátiles, habrá que ver cómo se establece la relación con ellos, aunque es apresurado hablar de eso, es un tema para por lo menos las legislativas próximas.

Flaco favor hacen a bajar la irritabilidad los comentarios de quienes se están subiendo al caballo cuando todavía no saben qué es un caballo, que come, dónde vive. Y no es por una falsa modestia, al contrario, evitar flancos –aunque endebles- de ataque es toda una virtud estratégica. Asi como durante este año el Gobierno hizo un poco la plancha y no desató grandes frentes de conflictos (como fueron la ley de matrimonio igualitario y la de medios) para no desgastarse, aunque uno lleve un pequeño talibán en su ser, no hay que caer en la trampa no sólo discursiva sino real, ya que como todos sabrán, en una discusión entre dos donde uno grita y otro no, aunque tenga razón, un jurado de sentido común le daría la derecha al que mantuvo la calma. 

Marcelo Bielsa ha dicho alguna vez que él hace los cambios en su equipo cuando gana, bueno, si esto en algún punto es un partido, y existen momentos más propicios que otros para realizar cambios, es éste, la victoria requiere de una hidalguía y de una sinceridad proporcional a la de la derrota, con la diferencia no menor que es detentar el poder de tomar decisiones efectivas. Después de Diciembre: minería, glaciares, aborto, retenciones, Iglesia, salud pública, gestión cultural, inflación, algunos puntos que se me ocurren que hay avanzar.

Ha pasado algo en los últimos años que se comprende por qué es irritante: ya no se puede ser neutral, ya no es bien visto no tomar -aunque sea un poco- partido, decir qué se piensa sobre distintos temas, y eso es un fenómeno que ha posibilitado este proceso, una de las tantas visibilizaciones conseguidas.
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Ya habrá tiempo para dormir

Ayer mientras estaba en la Plaza de Mayo trataba de imaginarme –sin suerte- el momento en que Cristina estuviese a punto de dormirse, de apagar de la luz, sus hijos durmiendo en otras habitaciones, ella rodeada por la multitudinaria presencia de su ausencia y con la obligación de conciliar el sueño. ¿Cómo dormirse después de haber sido la protagonista de la consagración electoral más contundente que recuerde la democracia? (No sólo por el caudal propio, sino por la diferencia con el segundo), ¿De dónde sacar las fuerzas para levantarse al día siguiente? Esa es una pregunta que muchos nos hemos hecho cualquier día de nuestras vidas a partir de los –digamos- 17 años. Ella ayer dio algunas de sus respuestas en la plaza, como los jugadores de fútbol veteranos que vuelven luego de haber logrado grandes cosas a retirarse a su club de origen: los mueve la gloria.
Y esta gloria en este caso es profundizar el camino que se ha comenzado a recorrer desde 2003, pero sobre todo, dejarlo lo suficientemente fuerte para que funcione más allá de ella y de algunos pilares de su estructura. La apuesta es afianzar la máquina y que aunque sea  casi imposible, dependa cada vez menos de nombres propios (ahí está por ejemplo otro debate que se podría dar: presidencialismo o parlamento, pero bueno, de a una cosa por vez, primero desfinanciar un poco a la Iglesia).

Pensar que uno a veces se siente abrumado por responsabilidades o por el cansancio, ¿cómo debe ser tener encima  los ojos amorosos de más de la mitad del electorado nacional?
Este proceso ha revitalizado al país en su multiplicidad de sentidos: económico, material, simbólico, desmilitarizó la palabra “patria”, creó las condiciones del crecimiento y de la multiplicidad de voces, limpió la idea de que toda política es necesariamente sucia y hasta permitió que la Izquierda creciera un poco. Porque no nos engañemos, este crecimiento de la Izquierda se debe en gran parte a este Gobierno, que desenmascaró a quienes representan al pasado, a quienes representan los intereses neoliberales de la ganancia, de la empresa, de sálvese quien pueda y en esa maniobra también posibilitó el escenario para que la nobleza –algo ingenua- de la Izquierda fuera visible. Y la Izquierda tiene un plan de gobierno, así como el Socialismo, se los puede y debe reconocer como compañeros de ruta en la construcción del país y escucharlos y hacerlos partícipes, sobre todo ahora que habrá mayoría en ambas cámaras. Con esto no digo que a los radicales y los del PJ disidente –o lo que sea- no haya que tenerlos en cuenta, eso está descontado a esta altura de la edad política del país, pero lo que si hay que hacer es no dejar pasar ninguna, con esa mesura un día alguien te levanta la voz, al siguiente te aprieta el brazo y al tercero te da con un palo en la cabeza. Todo debe ser bajo la luz de las ideas y las propuestas, el país de la obstrucción debe ser enterrado.
En este sentido, un párrafo para tres personajes que han dañado (e intentado más) la institucionalidad democrática: Cobos, Carrió y Duhalde. Del primero no quedará nada, será la sombra entre las sombras y retornará a su profesión matriculada, ya no le queda aval ni en su provincia. De la segunda, bueno, pasó de sacar el 23% de los votos en las anteriores elecciones a este menos del 2%. No amerita ningún comentario, sólo una sonrisa burlona Y al tercero: Batán

Supongo (y espero) que pronto Cristina podrá volver a decir “Néstor”. Todavía está cumpliendo su duelo. Está registrado que en algunas tribus existía un miedo atávico de mencionar el  nombre del muerto para evitar desgracias, para no perturbarlos en su camino hacia el mundo de los muertos, así como en algunas religiones no se menciona al Creador en vano. (Que los antropólogos nos den letra.) El nombre es mucho más que una palabra. 

Dejo este hotel rosarino, voy a caminar antes de ocuparme, ya  no me pregunto cómo hizo para levantarse hoy porque la respuesta está fuera de ella: hay millones que todavía la necesitan.

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El pasado

Cuando un padre llega al punto de gritarle a un hijo para que le haga caso, denuncia su impotencia. Cuando un padre con tan solo mirarlo lo pone en su lugar, sabe que tiene –momentáneamente- la batalla ganada. Es la diferencia crucial entre pretender ser y representar la ley. “Porque yo te lo digo, porque yo soy tu padre” tiene el carácter de lo autoevidente para el padre, pero a los ojos de quien es ubicado, intuye que  allí hay algo que no termina de cerrarle. Eso se aprende muy rápido, todos hemos pasado por esos ribetes de uno y de otro (algunos) lado del mostrador.

Muchas veces toqué el tema del padre en el blog (al menos acá, acá y acá) y este domingo de elecciones tenemos un caso emblemático de un candidato que a pesar de haber intentado ponerse el saco de su padre, éste le ha quedado grande. El hábito no hace al monje.

Se sabe que ganará frenando Cristina, pero no por cuánto y con qué porcentaje, eso es interesante para todo el mapa político a corto y mediano plazo. Desde ya tenemos que estar advertidos de los próximos problemas que habrá que resolver, y éstos vendrán del frente interno, los problemas del crecimiento también existen, y gran parte creo que los  traerán los que se subieron al carro hace poco. Ahí tendrá que estar la muñeca. 

Cristina ha hecho un evidente esfuerzo por despegarse de la liturgia peronista, de que el aparato se invisibilice un poco. Su campaña para la reelección fue invocando casos puntuales, reales, con el mínimo indispensable de maquillaje que exigen los cánones para salir en televisión. Cualquiera que pregunte por esos casos  podrá ir a corroborarlos. La prepotencia de trabajo. Lo real se impone a la realidad.

Pero este parlamento comenzó con la alusión a Ricardito. Vemos en uno de sus spots televisivos que le habla directamente a Cristina, que en teoría le dice lo que nadie se atreve a decirle, y que frenará el –inexistente- intento de reforma constitucional para que imponga la reelección indefinida, que no va a dejar que malgaste la plata a los argentinos, en definitiva que no va a dejar que se adueñe del país. “Con todo respeto, no le creo nada”. Su prueba es la fe. Ajám. Unimos este spot con el anterior donde se lo ve agitando  el brazo y nos preguntamos: ¿Cómo hará Ricardito para frenar todo eso? Para frenar acciones se necesita ejercer algún tipo de fuerza, ¿no? Algo de poder, al menos simbólico. ¿Cuál sería la fuerza de esta vetusta UCR? ¿Cómo reaccionaría Cristina ante la mirada de Ricardito? “buá” diría la crispada de Ruiz Guiñazú. A éste no le queda ni el honor –ese que tanto exprimen e invocan en vano desde su seno- de reconocer que esta presidenta homenajeó en vida a su padre con total justicia, esta pobre versión de un político que se alió con el colorado para ver si así podía conseguir un alguito más.

Hoy hay una certeza de dónde está el pasado, dónde el presente y dónde el futuro, quizás como nunca antes. Pero sobre todo, quiénes lo representan. La política ha vuelto al centro del ring y cada vez más la coyuntura presiona para que cada uno deje sentada su posición. Ya decir que no te importa la política si tenés más de 20 años te relega al mismo lugar que decir que no te importa la música.

Una breve cita a un texto (“producción de subjetividad y constitución del psiquismo) de la gran Silvia Bleichmar:

“Sabemos que es muy discutible que las formas de la moral tengan carácter universal. Y una ilusión que hemos debido abandonar, y que tuvo mucha preeminencia en el ejercicio del psicoanálisis de la segunda mitad del siglo XX fue la convicción de que alguien que aparentemente era un inmoral, en realidad tenia reprimida la culpa o se defendía de una angustia extrema, cuando el tiempo nos ha demostrado que esto bien puede no ser así –al menos, ni culpa ni vergüenza parecen existir en estar reprimido ni producir síntomas en tantos sujetos que hemos visto desfilar por la historia argentina de los últimos treinta años.

Por otra parte, estos mismos sujetos se pueden melancolizar si pierden el dinero o el poder, dando cuenta que su escala de valores está regida por otros enunciados que aquellos que nos constituyen. Sin embargo, más allá de esto, es indudable que las condiciones de existencia de una sociedad no se proyectan hacia el futuro sin una cierta universalización ética, que opera como imperativo categórico para el universo de sujetos que engloba”
.

El viernes un padre (de verdad, no de spot) me contó orgulloso -con los ojos húmedos- que ahora cuatro de sus seis hijos tienen netbooks gracias a que permanecen en la escuela y que ellos están muy contentos,  que ahora tiene una preocupación nueva, la de ver qué compañía de internet le conviene contratar.

Falta mucho –menos-, pero si hay cada vez más personas que pueden asomar un poco la cabeza  desde el  olvido al que habían sido confinados, no hay dudas de quiénes tienen gran parte de la responsabilidad y de cuál es el camino a transitar. "buá", todo esto dependiendo de cómo entiende usted (y su corazón) a quien no es como usted. 
 


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Un cuarto para los doce


Confieso que después de las elecciones en Capital Federal y hasta el domingo,  estaba un poco preocupado. La preocupación tenía un tinte cartesiano. Me pregunté si gran parte de todo lo que había venido pensando y sintiendo desde hacía  mucho tiempo, ideas relacionadas a un modelo de país más solidario, más inclusivo, más corajudo, no fuese una ilusión solo compartida con amigos y algunos personajes del mundo político, artístico, etc. Quizás los avances no habían sido tantos o tan sólidos y la prepotencia de trabajo no había dado sus frutos. Temí que el tiempo histórico pudiese estar jugando una treta desagradable, por unos instantes sentí lo que se siente cuando pasa algo que no se ve venir, como la novia que ya hizo el duelo y te da el parte de tu salida de la casa.

Me gusta pensar que lo real y la realidad son cosas distintas. Podríamos decir que la realidad es un algo heterogéneo que se nos presenta múltiple, verosímil, aprehensible de a ratos, enigmática gran parte del tiempo pero sobre todo, modificable. La realidad es construida, es delimitada por el Poder, por los discursos. Cada uno tiene gran protagonismo en la parte de realidad en la que vive. En cambio lo real se presenta con descaro, sin miramientos, con la determinación con la que un inmortal cruza sin mirar una autopista.

Yo dudé de la convicción marxista de que la imposición de los hechos materiales determinaran la conciencia de los ciudadanos, de que aquellos que antes tuvieron hijos para la muerte temprana, hoy tengan un pequeño atisbo de esperanza, de que los viejos jubilados por gracia del Estado, no pudieran ver a quienes marcaron otras maneras de entender la vida que gobierna el país. Porque básicamente es otra manera de ver la vida. Agradeceré por siempre la educación pública que recibí, las escuelas bravas a las que fui, a esa sociedad neuquina súper politizada con la que tomábamos colegios para no aceptar la Ley Federal de Educación, a las frías (muy frías) mañanas que acompañábamos a los obreros de Zanón, etc. Uno tiene a la Izquierda en el corazón, pero es un vicio adolescente que se deja cuando se abren un poco los ojos a la complejidad. El Ideal del Yo si bien es un motivador, un empuje hacia delante, es también un gran inhibidor. En muy recomendable libro de Feinmann, “El Flaco”, el autor además de adjudicarle la muerte de Mariano Ferreyra al mendigador de votos (¡que vergüenza!) “Altamoria” (en ocasión de haber asistido al programa de la caballesca vedette) cuenta muchas conversaciones con Néstor. Gran parte de sus diferencias giran entre las “manos limpias” del intelectual y las “manos sucias” del político que tiene que construir Poder y gobernar. La noche anterior a que Néstor descolgara el cuadro de Videla, lo llamó a Feinmann y le contó lo que pensaba hacer. Feinmann le dijo que era una locura, que no era el momento, que no estaban dadas las condiciones. Y Néstor le dijo que si esperaba a que estuviesen dadas las condiciones, eso no se haría nunca, y que si no lo obedecían, él mismo lo bajaría. El resto es historia conocida.

Este domingo, un poco más del 50% de la población (la mitad y un poco de cualquier cosa ya es para respetar) se pronunció a favor de la continuidad de lo real. Es tranquilizador saberse (aunque sea en esto) no tan solo. Cristina ganó en el “Campo”, en todas las clases sociales, en todas las provincias menos en una (gobernada por un personaje fascinante). Pero mesura: hay un porcentaje que es prestado, veleta y todavía falta. Una sonrisa de ironía: el poder mediático es mucho, pero también conoce de límites. Cuando algo hace carne y se vivencia, ¡qué importa lo que nos vienen a contar!

La antipolitica ha sido el prólogo de todos los golpes y las intentonas de golpe de Estado. Por eso la cantidad de gente que fue a votar no puede más que ser un buen signo de los tiempos que vendrán, donde todas las voces sean reconocidas, porque la solidaridad previene todas las guerras simbólicas y reales, porque el camino hacia la igualdad aminora todas las violencias que cometen los desterrados en defensa propia, porque un Gobierno que lanza al  Estado hacia un futuro de autodeterminación junto a sus pares de la región, a contramano de las recetas que nos dividieron y hambrearon en otras épocas, es un Estado que subvierte las reglas por un momento (histórico), como si las leyes del sueño entraran en vigencia durante la vida compartida y cualquier diferencia entre lo real y la realidad fueran un chiste que es contado dentro de otro sueño.

No sucede. Y sin embargo se mueve. 

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Una estética de lo imposible


Si en casi 50 años Buenos Aires mantuvo estable su población, bien puede mantener otras cosas. Parecería que ningún viento de cola puede hacer mella en la raigambre poco solidaria y sectaria porteña. Mientras Filmus hablaba de reducir la desigualdad entre el Norte y el Sur, Macri hablaba de la buena onda, de que se venía bien, de que había que estar juntos y sin debates que agiten los nervios. Filmus retrucaba con dardos cargados con el aroma del aparato y un discurso de alcance nacional, no tanto local. Y parece ser que a la mitad de los porteños eso no les interesa, es preferible escuchar a un millonario que dice que hay que alejarse de la política y de las ideologías, que mejor que cualquier palabra es hacer. Eso porque no sabe que hay palabras que determinan actos. El ascetismo y las camisas planchadas son epifenómenos de lo políticamente correcto.

Un discurso vacío no es para nada inocente, la estasis de las cosas suele ser un fundamento de la derecha. Y ojo, Macri no es estrictamente un tipo de derecha, no le da el piné político para serlo, de derecha es López Murphy, tanto más honesto que el hijo del cartero.

Pero esos tampoco son valores que le importen mucho al electorado  que votó a “Mauricio” por amplísima mayoría y que le dará 4 años más de gobierno. No importa que esté procesado, que haya puesto funcionarios de probado pasado oscuro a trabajar a su par, menos podría importar la sub ejecución del presupuesto de viviendas (¡menos el Indo Americano!) y la lista sigue, para la enumeración lean en otro lado. Inclusive ganó en los sectores más pobres de la Capital, donde tendrían que odiarlo por su negligencia, su odio y su olvido para con ellos. Pero no, Macri festeja con la producción de los barrios bajos: la música de Jóvenes Pordioseros, Gilda y La Mancha de Rolando (¡Que hizo campaña para Filmus! Recordemos a Dárgelos: “la música no tiene moral”), una apropiación perversa de clase. Insisto siempre en la falsa conciencia de clase y en Castells apoyando la intentona golpista del “campo” a ver si ligaba algo.

Si bien a nivel nacional la repercusión en los hechos será menor, es un momento para que el Gobierno y quienes lo apoyan (mos) sean cautos y aprendan, no hay que burlarse de Macri como si no tuviera méritos, la crapulencia suma votos, de todos modos un gran porcentaje de los que votaron a Macri, votarán con el bolsillo a Cristina. Macri es un fenómeno complejo que no responde a un partidismo ni a un trazado reconocible más allá de su cosmética, su marketing y su liquidez. Un ecuatoriano lo hace hablar, le recomienda afeitarse el bigote, dejar de referirse desdeñosamente a la presidenta, globitos, cotillón, cuándo y cómo festejar, hasta cuándo embarazarse, por qué no.

Como decía hace unos posts, perder requiere coraje, hacer que no se perdió es una pérdida de muchas cosas, entre ellas tiempo y dignidad. La respuesta de aquellos que apoyan no debe ser hacer que no pasó nada, porque esa es la prueba de que si. Un boxeador cuando se ríe es porque le dolió el golpe. El escenario es complejo y apasionante, un gobernante que es reelegido no por su gestión (que a luces vista es paupérrima) sino por un miedo atávico a los peronistas y a la incertidumbre de un cambio. Ni Filmus, un hombre proveniente de la academia es suficiente para limpiar la imagen del peronismo de aparato. Ganar cuando se sabe que se va a ganar es de bully de secundaria, el que no arriesga en este caso gana. Complejo, ¡Pino perdió la mitad de sus votos! (el buzón se lo comieron de ambos lados), Biondini sacó unos buenos miles, ¡Castrilli otro tanto! ¡Qué ciudad!

La palabra que da miedo no es “inseguridad”, es “redistribución”, que significa ni más ni menos que quitar un poco de un lado y ponerlo en otro. Y como todos saben, sobre todo los grupos de poder y sus acólitos, ya no existe tal cosa como el progresismo en sentido estricto, el progresismo es una palabra que ha sido apropiada por la derecha y es usada de manera despectiva según el rival que se tenga enfrente (les recomiendo una lectura muy interesante, el libro de JP Feinmann sobre sus diálogos con Kirchner, imperdible! Inclusive para quienes no lo quieran, si tan sólo fuesen más inteligentes, ahí tienen mucha tela para atacar a Néstor, por ejemplo cómo cuenta que iría por Duhalde. Esto se merece una entrada entera). La izquierda, bueno, para que hablar, irresponsables como monos con navajas.

A estar atentos, intentar desmenuzar la complejidad con paciencia y sin perder el compromiso y el respeto por los otros y su voto, a no inmolarse ciegamente porque detrás de cada paso en falso, la derecha sonríe y se come un alfil.

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