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La pena máxima

Una invitación que no se puede rechazar es una trampa. Esa nota la tomé luego de que la Gendarmería me parara en la calle y me invitara a dar fe en un allanamiento que duró 13 hs. Al principio me divirtió un poco ver esa fauna de personas de la Afip, Aduana, Gendermaría, etc. hasta que me di cuenta que no podía irme aunque quisiera. Afuera llovía, estaba mal abrigado, adentro uno hablaba de que estaba orinando sangre, otro verdugueaba a los allanados, y así. Pero la ley así lo indicaba, aunque sufriera.

La metáfora de la baraja o de los dados ilustra bastante bien el lugar que el azar tiene en nuestras vidas. Un buen día salís de tu casa, vas pensando en un amor, en una canción y un auto en la esquina al que se le cortaron los frenos, te embiste y te pone en el mute total. Rápidamente nos damos cuenta que es azar de un lado y determinismo del otro. O lo que es lo mismo: hay cosas que no podemos evitar/controlar.

Nos enteramos con pesar y dolor que apareció muerta la chiquita que estaba desaparecida desde hacía unos días y que de alguna manera su caso había logrado posicionarse en todos los noticieros como tema central desde hace varios días (y ahora es un irónico tag en tuiter). Hoy mi colectivo hizo una parada en Bell Ville, y en un parador de mala muerte vi su foto junto a la de Maria Cash. Lamentablemente sabemos que cuando alguien desaparece por tanto tiempo, los finales se parecen.

Veo en los noticieros y en las redes sociales que la gente se indigna, pide pena de muerte, salen nuevamente los discursos de mano dura a pedir lo de siempre, cuando la hipótesis fuerte parece que fue un ajuste de cuentas contra el padre de la chica. Entonces no sería un caso de inseguridad o algún tipo de variable estrictamente social (aunque el padre está preso) sino un caso particular donde los sujetos han decidido a sabiendas lo que hacían. Sobre todo si se confirma lo que parece acerca de los “mensajes” dejados en el cuerpo de la víctima.

Que esto “no vuelva a ocurrir” es imposible. Volverá a pasar, desde hace miles de años las personas se vienen asesinando unas a otras, cometiendo las peores atrocidades imaginables, a veces no se trata de desigualdad, de falta de oportunidades (recordemos el caso Bragagnolo), también existen otros motivos bien pueriles como el dinero, la traición, y los prejuicios potenciando el azar (recordar el caso del chico que se escapo de sus captores y los vecinos se lo entregaron de vuelta). Y está avalado con estadísticas, ya lo dijo Zaffaroni acerca de las causas de muerte en el país: primero tenga cuidado al cruzar la calle y andar en auto, luego de uno mismo de no deprimirse y matarse, luego de su gente cercana, que no lo maten sus allegados y en cuarto lugar el asesinato por desconocidos.

Y para estos casos las sociedades democráticas han encontrado a través del sistema de Justicia una respuesta ( tag “tinta roja” del blog). No se debe recurrir a los discursos que deslegitiman a la Justicia, es comprensible la sensación de salir a dar talionazos por todos lados, pero si algo hemos aprendido como sociedad (y nos han enseñado las Madres y Abuelas) es que la Justicia no debe ser vindicativa, la Justicia humana es imperfecta, funciona no en un el tiempo deseable, pero la mayoría de las veces llega. Ya tenemos experiencias de abolición de instituciones y conocemos sus consecuencias. Obviamente que es sencillo hablar sin estar viviendo en carne propia lo que otros están, pero ese no es argumento, si para todo se necesitara experiencia nunca se podría hablar o hacer.

Por lo pronto y hasta que haya un poco más de luz sobre este caso, los medios deberían tener mesura y no abalanzarse como cuervos sobre los cuerpos aun calientes, recordemos el caso del falso ingeniero y su carpetita, recordemos cada becerro de oro que ha aparecido y ha formado columnas que luego resultaron oprobiosas. Recordemos que cada vez que se ataca a las instituciones democráticas, un mensaje es enviado al telégrafo del museo militar más cercano a su domicilio.


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Un cuarto para los doce


Confieso que después de las elecciones en Capital Federal y hasta el domingo,  estaba un poco preocupado. La preocupación tenía un tinte cartesiano. Me pregunté si gran parte de todo lo que había venido pensando y sintiendo desde hacía  mucho tiempo, ideas relacionadas a un modelo de país más solidario, más inclusivo, más corajudo, no fuese una ilusión solo compartida con amigos y algunos personajes del mundo político, artístico, etc. Quizás los avances no habían sido tantos o tan sólidos y la prepotencia de trabajo no había dado sus frutos. Temí que el tiempo histórico pudiese estar jugando una treta desagradable, por unos instantes sentí lo que se siente cuando pasa algo que no se ve venir, como la novia que ya hizo el duelo y te da el parte de tu salida de la casa.

Me gusta pensar que lo real y la realidad son cosas distintas. Podríamos decir que la realidad es un algo heterogéneo que se nos presenta múltiple, verosímil, aprehensible de a ratos, enigmática gran parte del tiempo pero sobre todo, modificable. La realidad es construida, es delimitada por el Poder, por los discursos. Cada uno tiene gran protagonismo en la parte de realidad en la que vive. En cambio lo real se presenta con descaro, sin miramientos, con la determinación con la que un inmortal cruza sin mirar una autopista.

Yo dudé de la convicción marxista de que la imposición de los hechos materiales determinaran la conciencia de los ciudadanos, de que aquellos que antes tuvieron hijos para la muerte temprana, hoy tengan un pequeño atisbo de esperanza, de que los viejos jubilados por gracia del Estado, no pudieran ver a quienes marcaron otras maneras de entender la vida que gobierna el país. Porque básicamente es otra manera de ver la vida. Agradeceré por siempre la educación pública que recibí, las escuelas bravas a las que fui, a esa sociedad neuquina súper politizada con la que tomábamos colegios para no aceptar la Ley Federal de Educación, a las frías (muy frías) mañanas que acompañábamos a los obreros de Zanón, etc. Uno tiene a la Izquierda en el corazón, pero es un vicio adolescente que se deja cuando se abren un poco los ojos a la complejidad. El Ideal del Yo si bien es un motivador, un empuje hacia delante, es también un gran inhibidor. En muy recomendable libro de Feinmann, “El Flaco”, el autor además de adjudicarle la muerte de Mariano Ferreyra al mendigador de votos (¡que vergüenza!) “Altamoria” (en ocasión de haber asistido al programa de la caballesca vedette) cuenta muchas conversaciones con Néstor. Gran parte de sus diferencias giran entre las “manos limpias” del intelectual y las “manos sucias” del político que tiene que construir Poder y gobernar. La noche anterior a que Néstor descolgara el cuadro de Videla, lo llamó a Feinmann y le contó lo que pensaba hacer. Feinmann le dijo que era una locura, que no era el momento, que no estaban dadas las condiciones. Y Néstor le dijo que si esperaba a que estuviesen dadas las condiciones, eso no se haría nunca, y que si no lo obedecían, él mismo lo bajaría. El resto es historia conocida.

Este domingo, un poco más del 50% de la población (la mitad y un poco de cualquier cosa ya es para respetar) se pronunció a favor de la continuidad de lo real. Es tranquilizador saberse (aunque sea en esto) no tan solo. Cristina ganó en el “Campo”, en todas las clases sociales, en todas las provincias menos en una (gobernada por un personaje fascinante). Pero mesura: hay un porcentaje que es prestado, veleta y todavía falta. Una sonrisa de ironía: el poder mediático es mucho, pero también conoce de límites. Cuando algo hace carne y se vivencia, ¡qué importa lo que nos vienen a contar!

La antipolitica ha sido el prólogo de todos los golpes y las intentonas de golpe de Estado. Por eso la cantidad de gente que fue a votar no puede más que ser un buen signo de los tiempos que vendrán, donde todas las voces sean reconocidas, porque la solidaridad previene todas las guerras simbólicas y reales, porque el camino hacia la igualdad aminora todas las violencias que cometen los desterrados en defensa propia, porque un Gobierno que lanza al  Estado hacia un futuro de autodeterminación junto a sus pares de la región, a contramano de las recetas que nos dividieron y hambrearon en otras épocas, es un Estado que subvierte las reglas por un momento (histórico), como si las leyes del sueño entraran en vigencia durante la vida compartida y cualquier diferencia entre lo real y la realidad fueran un chiste que es contado dentro de otro sueño.

No sucede. Y sin embargo se mueve. 

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En busca de una deontología periodística


Tengo una pequeña obsesión con los medios y con algunas maneras de hacer periodismo. Algún antepasado fue editor del diario más importante de Rosario sin haber terminado el secundario. Pero lo fue gracias a su preparación no sólo en las deshoras del día sino también de la calle. La teoría separada de la praxis es como la Coca Cola light: parece, pero no es.

No me dan los años para haber vivido grandes etapas del periodismo. Pero si algo ha sucedido desde la intentona destituyente de la entelequia llamada “Campo”, ha sido la visibilización de los hilos que cada sector periodístico defiende. Supongo que en la primera clase de la facultad de periodismo se les debe decir a los alumnos que, por ejemplo, la objetividad no existe, que la realidad no es una, que las interpretaciones la moldean y le dan forma. Luego en la segunda que la verdad es la verdad de quien tiene el poder, y si hay una verdad que impone el poder, en esa tensión hay otras verdades que sufren. Ergo, hay muchas verdades y los fenómenos son múltiples y complejos. ¿No?
 
Otra digresión para otra entrada: la metáfora no debe ser la de luz acerca de los hilos que cobraron mayor protagonismo, es mejor que no sea adjetivada de esa manera. Pero eso que sucedió quizás no haya sido de la dimensión que creímos y sólo se esparció sobre un sector acotado de la sociedad. Es una tesis de miedo para pensar con prudencia parte del predominio macrista en la Capital. La luz es un privilegio, lo saben los habitantes de las zonas más pobres y todos aquellos que se hayan encontrado en cuerpo y alma con el discurso de Carrió.

Vuelvo: el caso de Zaffaroni, una acción de un tercero (que no constituye un delito: la prostitución no es un delito, todos lo saben) es manipulada por un medio y reiterada hasta la náusea por sus satélites de radios, televisión y diarios. La repetición genera una sensación, el rumor y su estructura gestáltica se esparce como reguero de pólvora y logra su cometido: toca la imagen. Las imágenes sostienen lo real, y en esta sociedad cada vez más atrapada en el laberinto imaginario, ellas pueden tomarse por verdaderas sin necesidad de comprobación.

Mucha sangre se derramó para que se invierta el peso de la prueba: ahora se asume la inocencia, lo que hay que probar es la culpabilidad. Pensar que antes esto no era así, hiela la sangre. Estar a salvo de las arbitrariedades del poder es una lucha constante, el Estado también (y lo hace) comete injusticias. Pero desatar campañas de este tipo, como advierte el propio damnificado, es el caldo de cultivo para que los censuradores salgan nuevamente a la escena y su discurso represivo cobre protagonismo. Es decir, que una acción con “las mejores intenciones” (desconfíen siempre de esa frase, me recordaré hacer una entrada al respecto) para defender al Juez de la Corte podría tener el efecto contrario, y éste, garantista, tendría que salir a defender los derechos de quienes lo atacan y que como personal individual, seguro pocas ganas tendría.

Los periodistas necesitan un Colegio de Periodistas. Necesitan rendir cuentas. No da lo mismo mentir que no, hablar a boca de jarro que con certezas. La mayoría prueba que son peces que no mueren por la boca. Da la sensación de que no tienen nada para perder, que cualquiera sea la situación, algo se puede decir y nadie los juzgará. Por eso la agitación con 678, programa que está agotado (no en su lógica, pero si en sus protagonistas) y que se erige erróneamente como vara/dedo acusador de sus pares. Estoy de acuerdo en que alguien debe hacerlo, pero no ellos sino un organismo supra. La irritación que provoca el programa no es sino la vieja y estructural condición que hemos hablado: estar sometido al capricho del Otro.Y la ley pacifica.

Por otro lado, no existe equivalencia de fuerzas entre 678 y Clarín, por eso siempre la balanza la inclinaré ante el más débil, a contramano del susurrante Tenembaum y el nabo de Lanata. Por eso Zaffaroni (nuestro Morrissey de las leyes) como representante de la doctrina Jus-Humanista dice lo que dice sin demagogia: la protección es para el más débil, es para el vulnerable, y en el caso de los periodistas es la verdad.

Leyes, colegiaturas, no son censura, el periodismo no es narrativa poética ni ficcional, hay que responder, así como todo adolescente sabe que si se pasa de vivo hay una mano indefinida que lo puede sancionar, bueno, hay que construir y establecer los mecanismos para que haya que dar cuenta llegado el caso. Otras profesiones como la de quien suscribe, tiene en su conciencia que juró por varias leyes, la Constitución nacional, los DDHH y otros, instancias que hay que defender para hacer un país menos injusto. El disciplinamiento no es sólo teórico, acá te vienen a buscar si sos Rímolo.
 
Quizás el periodismo cooptado por la lógica empresarial nunca permita esto. Si no sucede ahora en esta coyuntura, nunca lo hará. Mis amigos periodistas tienen la suerte de no pertenecer a esta lógica y gozan de mi cariño y respeto por la profesión que ilustres hombres supieron moldear sin preparación académica, pero si con ética y deontología del oficio. Yo no la propongo.
 
Lo moral nunca debería meterse en una discusión de este tipo, porque todos tenemos debilidades (y algunos se las verán con su Dios) como escribir y atraer hacia nosotros los ojos de usted, paciente lector que cerrará esta página quizás para no regresar jamás.
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Recrudece

Ayer llegué de madrugada a casa, caminé como 15 cuadras a las 3 de la mañana con muchas cosas de valor en mi bolso -que encima no eran mías- sin poder conseguir un taxi, simplemente no pasaban. No tenía miedo, pero las calles desiertas a esa hora son todo o nada. Llegué bien como siempre, los motoqueros que asolan la ciudad los jueves y domingos me gritaron algo pero nada más. Seguro dijeron “capo” o “varón”.

Mientras me desvestía miré los mails y encontré bajo el título de “ASCO” este video:




Conmoción, y efecto contrario al buscado. Todos estarán al tanto de lo ocurrido con la mujer embarazada baleada en La Plata, que la siguieron después de que retiró 20 mil dólares que con m"ucho sacrificio había juntado junto a su esposo para comprarse una casa". A la madre le hicieron una cesárea y el bebé no resistió el trauma y murió. No me interesa tanto señalar el hecho en sí que es horrendo y rompe corazones sin lugar a dudas, una pareja que sin comerla ni beberla es marcada a fuego por otras personas para toda la vida, jodidas para toda la vida. Tampoco decir que estos casos se cuentan los dedos de una mano en el país.

Otra vez la prensa, el papel de la prensa, de cierta prensa, hijos de puta que nunca pierden y repiten hasta la nausea una y otra vez un hecho aislado y ayudan a crear la sensación de multiplicidad, de desolación en las calles, infunden miedo en proporciones bíblicas, luego se apaga la cámara y van al cajero a ver que la caja de ahorro esté bien.  
La violencia la genera la desigualdad, no la pobreza, pero también estos mensajes. Este video es la cima de la banalización del periodismo, mensajes de sentido común licuados, berretas, que lo que dicen es que hay que matarlos a todos los delincuentes, negros, “ellos”, las hordas que cercan la ciudad para quitarnos nuestras vidas, nuestro sexo, nuestras instituciones (esos homosexuales burgueses pedigüeños)  y vaya a saber uno cuánta mierda más. Estoy indignado, este video y pedir que salgan los tanques a la calle como Grondona y "no me vengan con eso de los derechos humanos" es lo mismo. Alguien hablando en castellano neutro, la ficcionalización de la realidad al extremo, los subtítulos al familiar de la víctima, si uno no supiera de qué va, pensaría que es un sketch de Capusotto. Voy a copiar el texto de C5N tal cual para que su obscenidad (al menos para mi) quede en evidencia:

“Isidro sos vos, Isidro es tu hijo, es tu hermano,es papá y es mamá, Isidro nació y no lo dejaron vivir, Isidro somos todos, que su muerte no sea en vano, que sepan que estamos mirando, que sepan, que entiendan que así no se puede seguir.”

Recuerdo cómo la “gente” se conmovió hasta las lágrimas cuando un viejito canoso y de ojos claros lloraba en la puerta de su casa el asesinato post secuestro de su hijo, cómo los medios lo convirtieron en el mártir y adalid de la mano dura, sancionando una ley que va en ese sentido y que lleva su apellido. Luego supimos que no era ingeniero y otras cosas, pero otra vez los medios siempre jugando para la contra y desestimando finalmente el genuido dolor de ese padre. Y digo contra y quiero decir para su beneficio, porque no son noticia los chicos muertos por gatillo fácil, en “enfrentamientos” o por la violencia de la exclusión, no. También existe el rating de la muerte.

Estos hechos tremendos y repudiables (aclaro una vez más para los lectores perezosos) ponen a prueba cada vez lo que la sociedad ha conseguido en madurez, estabilidad y civismo. Estará quien diga que si eso le pasa a uno la reacción natural sería ir a matar a quien haya cometido el crimen, es probable, me veo en ese lugar los primeros minutos, pero sería peor, a la larga siempre será peor, la justicia no es venganza, al menos los que sólo creemos en la de los hombres. O no debería ser. Hay unas conferencias de Foucault que se llaman “La verdad y las formas jurídicas” que son muy esclarecedoras y no tienen desperdicio.

Hay muertes en vano y muertes absurdas, ¿qué sentido puede tener morir en esas condiciones? Que me lo explique Longobardi.

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Flores robadas en los jardines de Quilmes


Para hablar sobre un tema no hace falta que sea de actualidad, su cercanía tan sólo puede darnos más o menos detalles, más o menos variables para entrecruzarle, más o menos planos para ser leído. ¿Cómo sopesar su importancia? Podría ser la segunda cuestión una vez delimitado el tema a pensar.

Hace unos días la modelo Nicole Neumann denunció que había sido robada en la ciudad de Quilmes, camino a un evento en un boliche adonde iba a trabajar. Iba con su representante y un custodio –ex policía- del club donde juega su marido, el limitado futbolista Fabián Cubero. Según su relato, unos chicos se acercaron a la camioneta para robarles y su custodio, al ver que la horda estaba a punto de robarles, le pidió como buen psicópata al que manejaba que agachara la cabeza, para que él pudiera efectuar su disparo. Disparo que según la ex lolita hizo que los chicos huyeran de regreso a sus madrigueras.

La cito para mayor densidad:

“Argentina es tierra de nadie. Hay una impunidad total". "Si lo llegan a agarrar, lo meten dos semanas adentro nomás. Por más que haya un policía por persona, el delincuente entra y sale, y no nos sirve de nada"

tomando carrera continuó:

"Me da pánico vivir en la Argentina, mucho más desde ayer. No podés salir tranquila. La verdad me encantaría irme del país"

No conforme con su perorata, arremetió:

"¿Cómo puede ser que no hagan nada? El sistema y las medidas que toman no funcionan para una mierda". "Todo bien con los derechos humanos, pero todo tiene su límite - continuó, para luego volver a interrogar- ¿Hay que esperar que nos maten a todos para que alguien reaccione?"


Unas palabritas del amigo Zaffaroni, en el ya citado “En busca de las penas perdidas”:

“La "solución" del conflicto mediante la supresión del "malo" es el modelo que se hace introyectar en planos psíquicos profundos, pues son receptados en etapas muy tempranas de la vida psíquica de las personas. El sentimiento de falta de seguridad que experimenta la población por la simple duda acerca de la ineficacia tutelar de todo este aparato es enorme, puesto que conmueve un plano muy profundo de su equipo psicológico...

[] ...La gran falacia de la civilización industrial (''Desde las alturas bajará un héroe a protegerte y a resolver tu conflicto, eliminando a tu contra-parte mala") es creada y sostenida en forma de mitología negativa por los medios masivos de comunicación social y la tecnología de la manipulación que los mismos han adquirido es cada día mayor. El desprecio que muestran las "series" de los últimos años por la vida humana, la dignidad de las personas y las garantías individuales no es un simple producto de la casualidad, sino una programada propaganda en favor del reforzamiento del poder, del control social verticalizado-militarizado de toda la sociedad.

[]… En América Latina el estereotipo siempre se nutre con los caracteres de hombres jóvenes de las clases más carenciadas, salvo en los momentos de violencia política o abierto terrorismo de estado, en que el estereotipo se desvía hacia varones jóvenes de las clases medias (el "joven subversivo" al que se le opone el "joven deportista"). La capacidad reproductora de violencia de los medios masivos es enorme: cuando se requiere una criminalidad más cruel para poder excitar mejor la indignación moral, basta que la televisión publicite exageradamente varios casos de violencia o crueldad gratuita para que inmediatamente los requerimientos de rol vinculados al estereotipo asuman contenidos de mayor crueldad y, consiguientemente, ajusten a ellos su conducta quienes asumen el rol correspondiente al estereotipo.”



Las declaraciones de Nicole fueron republicadas, reproducidas hasta la nausea por todos los medios audiovisuales del país, pero rápidamente surgieron dudas acerca de que haya acontecido realmente o no. La gente del boliche salió a negarlo –estaban siendo guiados por una camioneta del lugar-, aparecieron testigos que dijeron que nada de eso había sucedido, apareció uno diciendo que si, hasta que hizo irrupción el ex intendente de Quilmes Anibal Fernández –y actual jefe de Gabinete- para decir que la chica lisa y llanamente mentía. Algo así como “con Quilmes no”. Dio algunas precisiones para desmentir el hecho, como que si hubiese disparado dentro del vehiculo todos deberían estar sordos por una semana, la ausencia del impacto de bala, etc etc.

Uno podría pensar que es chiquitaje con el que se está metiendo. Pero no, porque en estos días más que nunca hay cosas que no hay que dejar pasar. Esas declaraciones no son inofensivas, sirven a un propósito, y aunque Nicole no lo sepa, son parte de una ideología que con ese tipo de razonamientos ha cometido algún que otro delito de lesa humanidad. De más está decir que hechos delictivos ocurren, pero no con la frecuencia que se supone. Mirar el futuro, no el pasado. Meter la cabeza bajo la tierra –o tras el polarizado-, así se siente cómodo el discurso del olvido y la seguridad nacional.

Dejemos de lado si el hecho ocurrió facticamente o no, lo que si existe es el relato. El relato y su portador: ¿Cómo Nicole podría mentir? ¿Cómo una chica rubia, exitosa, madre devota, amante de los animales en desgracia, trabajadora, casada con uno que no es de su parroquia podría mentir sobre algo asi? ¿Con qué necesidad? Bueno sentido común, es muy sencillo, esas preguntas van para el mismo lado de: “Si es un empresario multimillonario, ¿por qué robaría? Si se mete en política es porque quiere hacer el bien y no va a robar, porque plata no necesita”. Eso es no saber nada. El poder para mantenerse necesita cada vez más poder. El aforismo clásico sentencia que donde hay poder hay resistencia. ¿Acaso las personas no mienten? ¿Acaso no traicionan a sus seres queridos? ¿Acaso no se puede construir una relación basada en una mentira? Claro que si, hay un exceso que no va por el lado de la consciencia y del que nada querríamos saber o confesar.

Otra cosa es el malentendido, el malentendido hace mucho mejor las cosas. Pero siendo más gráfico: ¿Cuánta gente creyó que la supuesta hija de Perón lo era sólo porque se parecía? ¿Cuánta gente se come el buzón de cualquier cosa sólo porque lo dice la ciencia, o peor, una publicidad en la tele con el “cientificamente comprobado”, mientras que la letra chica dice: “en 15 casos en Laboulaye”? O más cerca: el caso de TN durante la inundación en Almagro que pensó que dos chicos de gorrita estaban robando una peluquería cuando eran los hijos de la dueña.

Ahora Macri quiere mandar a los trapitos y todos los “contraventores” a un lugar de detención en ¡la cancha de Atlanta! –para los que no lo sepan, Atlanta está asociado como el club de la comunidad judía-. La ideología –repito, aunque se crea no tener una, no hace falta la teoría- funciona en nuestras narices, los discursos vaciadores antipolíticos y desligitimantes intentan invisibilizar estos nudos.

Se ve que es mucho más que el atávico miedo a perder algo, ¿no?
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Campañas de ley y orden



Esta entrada será una gran cita, ya que si yo quisiera comentarla la haría redundante y le quitaría la fuerza y claridad que tiene. Las citas son de un libro llamado “En busca de las penas perdidas” (1998) de Eugenio Zaffaroni, actual ministro de la Corte Suprema de la Nación, cuya lectura es una herramienta muy útil para pensar la realidad del sistema penal latinoamericano –su inutilidad-, la inutilidad de las penas, la justicia como venganza y el papel que juegan los medios de comunicación en todo esto. Ayuda a no caer en la trampa de tocar de oído.

Antes del gran Eugenio –que pagó su enciclopedismo con una decena de tics- leamos un par de declaraciones de nuestros alunados representantes de la farándula, tremendos hijos de puta:

"La Su": "Estoy harta de escuchar 'no repriman'. Si no se reprime, es un caos. Andá a cortar la 5ta Avenida en Nueva York o Le Champs Elisée en París, viene un camión de agua y te barre".

"No se puede tomar un país, no se pueden cortar las calles. El derecho de los demás termina cuando empieza el del otro. La gente llega tarde al laburo, se pone nerviosa, todo aumenta, no les alcanza la guita, es un caos, esto es un caos y hay que terminarlo".

"No sé lo que pasa, no sé cómo se puede solucionar pero hay que ser más sensible, más patriota, necesitamos patriotas, necesitamos 'Favaloros'".


Marcelo Hugo:

"Que haga alguien algo para que no tengamos que tener un muerto por día, dos, tres, diez y nos acostumbremos".

"La Argentina está muy violenta. Ayer veía un noticiero en los Estados Unidos donde nos trataban como la nueva Colombia y la verdad que uno empieza a darse cuenta que estando metido acá adentro no lo vive de esa manera, más allá de que está viendo las cosas que están pasando, porque realmente es impresionante".

Esto no es nuevo, sólo es mucho más transparente. Quizás en otra entrada complete algunas citas de Zaffaroni, ahora no porque se haría muy largo.


Dice Zaffaroni:

"3. El poder configurador de los sistemas penales latinoamericanos.

Hemos visto que el verdadero ejercicio de poder de un sistema penal no es el negativo o represivo, sino el positivo o configurador. Este ejercicio de poder en nuestro margen es enorme. Las agencias no judiciales de nuestros sistemas penales se hallan militarizadas y la burocratización de las agencias judiciales permite que operen con entera discrecionalidad.

Por regla general, las agencias judiciales prefieren no tener conflictos con las no judiciales, dado que las reconocen más poderosas. Además, esos conflictos implican, por regla general, enfrentamientos con otros sectores –particularmente con el político- que las agencias judiciales prefieren evitar. En consecuencia, las agencias no judiciales de los sistemas penales latinoamericanos tienen poderes para imponer penas, violar domicilios y secretos de comunicaciones, requerir documentación identificatoria los habitantes, expedir esa documentación (y marcarla cuando les conviene o negarla), privar de libertad a cualquier persona sin cargo ni sospecha alguna, realizar actos instructorios que la burocracia judicial le deja por menor esfuerzo, hacer "redadas", clausurar locales públicos, censurar espectáculos, fichar a la población, etc. No hay control militarizado más poderoso y formidable que el ejercido por estas agencias, al margen de cualquier control de la agencia judicial e incluso con su beneplácito.

En cuanto las agencias no judiciales ven que su poder va menguando o perciben esta amenaza al mismo, por alguna reforma o tentativa de reforma legal o jurisprudencial, inmediatamente
el aparato de propaganda del sistema penal –los medíos masivos- desatan una campaña de "ley y orden". Cuyo objetivo no es otro que el de atemorizar a la población y provocar un reclamo público que ponga sitio a las agencias política o judicial y detenga la amenaza para su poder (entiéndase siempre por tal la capacidad para obtener ingresos ilícitos).

La agencia no judicial contribuye a esto con una suerte de "trabajo a reglamento" en cuanto a la protección de la propiedad y con un mayor número de muertos por su violencia, cuyos cadáveres muestra a través de los medios masivos, como prueba de su eficacia (estas muertes generan una espiral violenta. cuando el infractor sabe que ser sorprendido por las agencias ejecutivas no significa la pérdida de la libeitad, sino de la vida).

La burocracia judicial suele responder plegándose a la campaña, imponiendo penas "ejemplarizantes", usando expresiones moralizadoras en las sentencias que dan a publicidad
e incluso procurando notoriedad pública con declaraciones autoritarias que frecuentemente contradicen las más elementales reglas del discurso jurídico convencional, a lo que contribuye
su bajo nivel técnico e informativo. Las agencias aprovechan estas oportunidades para requerir más vehículos, medios, personal y armas, todo lo cual suele ser concedido por las amedrentadas agencias políticas, que se ven amenazadas en su clientela electoral por la campaña de ley y orden, a la que no saben cómo responder; casi todos los políticos latinoamericanos han estado presos, exiliados o han sido torturados, pero sin embargo no demuestran la menor comprensión del poder y del peligro que representan estas agencias y de la urgente necesidad de controlarlo. Prefieren evadirse del problema mediante la falsa ilusión de la posibilidad de manejar ese poder y de ponerlo a su servicio: esta ilusión perdura hasta que otra alternativa les devuelve el carácter de víctimas de ese poder.

En otros casos se deciden a enfrentarlo sin medir adecuadamente sus fuerzas y se precipitan produciendo reacciones defensivas del poder de los sistemas penales que luego no saben cómo enfrentar. Estas tentativas carentes de tácticas
suelen ser políticamente suicidas y su lamentable resultado final puede ser una mayor represivización y la generalización de una sensación de impotencia, en tanto que el poder de las agencias no judiciales sale reforzado y la actitud burocrática judicial premiada."


Y para cerrar, en brutal oposición a tamaña lucidez, veremos un sentido reclamo de recién llegada al país del tótem que trae "suerte".

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