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Crónica de un niño solo

Donald Winnicott fue un psicoanalista inglés extraordinario. Trabajó y teorizó con las poblaciones más vulneradas después de ambas guerras mundiales. Pediatra de formación, dedicó su vida al trabajo con niños y realizó algunos de los aportes más importantes al corpus teórico-práctico del psicoanálisis postfreudiano. De una simpleza conceptual avasallante (tanto que uno duda de su profundidad, pero sólo es la tara de tantos años de psicoanálisis jeroglífico) y una humanidad conmovedora, logró incidir de manera determinante en la creación del sistema público de salud británico y dio pie a multiplicidad de abordajes terapéuticos comunitarios.


Winnicott entendió las conductas/tendencias “antisociales” de los adolescentes como fenómenos producidos por una temprana deprivación afectiva ocurrida en su vida infantil. Otorgó una clave no punitiva para entender las conductas que lesionan el orden social establecido, pensó que allí donde hay alguien cometiendo un daño, previamente ese alguien fue dañado, desalojado, no inscripto en (y por)el otro. Winnicott habla de afecto, de sostén, de contención, de ambiente facilitador, términos que hacen sonrojar a los puristas del lenguaje. E introduce una mirada novedosa: para Winnicott la tendencia antisocial implica una esperanza, y cito:  

“La falta de esperanza es la característica básica del niño deprivado que, por supuesto, no se comporta constantemente en forma antisocial, sino que manifiesta dicha tendencia en sus períodos esperanzados. Esto podrá ocasionar inconvenientes a la sociedad (y a usted, si la bicicleta robada es la suya...), pero quienes no se ven afectados en modo alguno por estos robos compulsivos pueden percibir la esperanza subyacente. Cabe preguntarse si nuestra propensión a encomendar a otros el tratamiento del delincuente no obedecerá, entre otras razones, a que nos desagrada ser víctimas de un robo.”

Siempre vi a Pity como un niño desesperado en un mundo de adultos, un niño viviendo en un planeta tierra siempre algo ajeno. Es mi intención esquivar análisis sociológicos y centrarme arbitraria y parcialmente en su biografía. Para Freud, el complejo de Edipo es la fuente de la ética individual, y la novela familiar de la parentela la constelación desde donde uno comienza a tejer su propia historia. Quienes nos trajeron al mundo nos marcaron a fuego, no hay tabula rasa posible y esas marcas nos acompañarán por el resto de nuestras vidas. 

Este niño herido perdió hace muchos años el Don de la canción que se había creado. No más canciones, no más recitales, pobre lazo social. Denuncias por violencia de género, incidentes viales serios, un disparo a su manager, fotos semi desnudo con un policía. 30 años de adicciones vuelven al hombre más hermoso un zombie.  Las sustancias explican tan sólo una parte de cualquier conducta. Aquél niño desapareció hace años en la total desesperanza. 

En estos días y a partir de mi trabajo, una conocida de Pity me contó que cuando eran chicos ella le hacía de seguridad para entrar a Ciudad Oculta porque era un “pan de Dios” y los pibes lo robaban. También me contó que en ocasiones Pity y sus amigos cuidaron de ella en momentos de extrema vulnerabilidad. Para cuidar a alguien hay que haber sido cuidado.

Ayer mientras miraba cómo avanza la demolición del Elefante Blanco, recordé que en el piso más alto había un graffiti enorme que decía Viejas Locas junto a su logo y lamenté no haberle sacado una foto en su momento. Un símbolo hermoso sobre un edificio que metaforiza las peores caras del estado: corrupto, ausente, vaciado, deudor, de espalda a sus ciudadanos.

Somos arrojados a la existencia con un contrato en la mano: si no lo firman del otro lado estamos al horno. Ya de grandes tenemos la enorme responsabilidad de evitar o hacer control de daños con los niñxs que osemos traer a este mundo. No es posible pensar linealmente, todo es frágil y nadie está a salvo de ser un victimario, el trabajo es reconocer esta posibilidad y asumir como imperativo categórico la posibilidad de la esperanza para reparar lo que se ha roto en nosotros y en los demás, al menos los que tenemos más cerca. Porque pasado un tiempo ya no es posible prevenirlo, hasta los juristas y sus criterios de imputabilidad lo saben.

Pity deberá pagar su deuda en lo real porque no pudo pagarla antes en lo simbólico. Daño sobre daño sobre daño. Hay que sostener la pregunta de si cualquiera puede matar. Hay que sostener la evidencia de que no todos pueden abrigar y dar asilo en su corazón. No hay que olvidarlo, aunque a nadie ya le importe.


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Viernes 3 AM

¿Por qué mata Walter a Mike, si ya lo habia doblegado, si ya lo había hecho perder lo que más quería, si ya lo había quebrado por dentro y estaba indefenso y en retirada? ¿Qué goce loco, irrefrenable, avanza y solo se silencia con la muerte?

Mike, en su dignidad última le pide que al menos lo deje morir en paz.Cuéntenme una escena reciente más griega y post freudiana que esa.

Veamos hoy: un representante del estado que estaba por denunciar a un presidente es hallado muerto en el baño de su departamento el día anterior a la –probablemente- máxima exposición de su vida. A diferencia de la ficción, no comienzan a surgir hipótesis, comienzan a surgir verdades: lo mató el Gobierno, o lo hizo suicidar. Lo demás no importa. Como en Alicia, la sentencia viene primero, el juicio viene después.

Su muerte conmociona, estremece sea como sea, y más si fue asesinado. En el lodo y todos manoseados comienzan a aparecer signos: los servicios de inteligencia, la embajada de USA, políticos, periodistas, un ministro que llegó muy rápido, carpetazos, cerrajeros, asistentes, diarieros, hasta personal trainers. Pero no sabemos. Quizás no haya profundidad y la clave sea leer todo como la carta robada. Cuando estoy cansado me gusta pensar que todo está ahí y es uno quien no lo ve.

Lacan fijó en un aforismo que la verdad tiene estructura de ficción, porque ésta bien puede ser cualquiera. En esta contemporaneidad donde todo es imagen y vértigo, donde hemos vuelto a un auge (o nunca nos fuimos) donde lo fenomenológico es el nivel de análisis cotidiano y de exigencia para el pensamiento, el verosímil se devora todo. Todo lo que más o menos parece, puede ser. Y trata de llevarte puesto.

La pregunta por el sentido puede conducir fácilmente a la desesperación. En la vida y la verdad también está dadá en grandes dosis, el vacío, las encerronas, los contrarios unidos. Hay cosas que no se pueden saber, cosas que se hacen porque si, alienados, convencidos, o movidos por la pasión de la ignorancia. Es tan posible que alguien se levante, se tome un té con cianuro y muera sosteniendo un zapato en su mano como que un tipo vaya al baño y salga con los pies hacia delante. Porque el futuro es posibilidad explica bastante.

Pienso en las luces que entrevió Mike en ese atardecer, en todo ese mar en primavera.


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Los encargados

Las imágenes sostienen lo real. Sin las imágenes no hay nada, lo sabemos por la televisión. Algo sucede en cualquier lugar y es real porque lo vimos. Si nos lo cuentan, tenemos la imagen mental de lo que escuchamos, la creamos según nuestra historia y lo que sabemos de las cosas. Así estamos a esta altura de la civilización.

Alguien mata a una adolescente, tira su cuerpo a la basura (la metáfora es precisa) y la prensa desata un vendaval de imágenes y de palabras que hacen que todo sea potencialmente real, incuestionablemente verosímil.

Ante el vacío, una opción es hablar. Es una lógica de los medios. Muchas horas en vivo, muchas páginas que llenar, una ardua tarea. La verdad, como la víctima, sufre en los callejones de los procesos. Lo que se puede probar, lo que es indicio, lo que es fáctico, lo que es lombrosiano, lo que es maquiavélico, lo que es tanático, lo que no sabemos y queremos saber, los porqués.

El móvil es siempre una trampa donde el sentido se escapa. Hay cosas que no tienen explicación, pero la gente no se lleva bien con eso. ¿Cómo alguien puede vivir toda una vida como una persona ejemplar y un buen día asesinar a alguien? Porque pudo es una respuesta. El infierno son los otros, si, pero no todo. No hace falta ser psicótico o perverso para matar a alguien, lo sabemos, pero los neuróticos tenemos un gusto por la metáfora y la represión que nos detiene cuando sentimos que podemos.

La muerte atrae, la vida busca  justicia y un relato que calme a aquellos que creen que cualquier persona los puede matar. Preocúpese antes por mirar bien al cruzar la calle, y luego si, encárguese de no soñar mil veces las mismas cosas. 

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A sangre fría

Cuenta Norman Mailer que cuando comenzó su investigación para escribir “La canción del verdugo” (la  genial novela que rivalizó con A Sangre fría de Capote) y  se topó con las cartas que el protagonista de la historia le había escrito a su amada, tomó la decisión estética de que nada de lo que él escribiera, debía superar la belleza del estilo de Gary Gilmore. Es decir, que El Gran Bocón debería adentrarse en una batalla para despojarse de su complejo uso de la gramática, sus adjetivaciones demoledoras, todo artificio aprendido en pos de un estilo de hombre-de-a-pie que encandilara por brutalidad. De más está decir que lo logró. La novela es apasionante

Llegar a dominar el lenguaje (siempre dentro de la literatura, claro) de tal manera sólo puede realizarse después, no al principio. La simplicidad, esconder los hilos del entramado, es una ardua tarea que suele encontrarse con el tiempo, por eso él dice que no da mucho valor a Los Desnudos y los Muertos porque copió el estilo de los grandes autores norteamericanos, que su propia voz tardó en hacerse presente algunas novelas.

Me siento a escribir al filo del día con un par de ideas en busca de un ritmo, como muchas veces, en apariencia sin conexión.

Algo que me hubiese gustado contarle para molestar a una persona que molestaba a otra (“con las mejores intenciones”) en el subte: el inconciente no es otro sujeto, es lo contrario al yo, las lógicas que rigen uno y otro son excluyentes entre sí.  Por eso es imposible sostener la creencia de que en el interior de cada uno de nosotros haya alguien –como se dice desde una perspectiva que degrada y vulgariza la cuestión– que quiere lo opuesto a lo que aparentemente queremos (si odiamos es porque “en realidad” amamos, si somos generosos es porque “en realidad” otro egoísta dentro nuestro quiere tenerlo todo, etc. Otorgarle una intencionalidad equivalente a la de conciencia al inconciente es una falacia que se reproduce en esa popular música que es tocar de oído. La cuestión no es transparente.

Mailer se preocupó por la existencia del inconsciente, leyó un poco a Freud pero desde un lugar de curiosidad, admiración, deber ser, literatura fantástica. Tiene sin saberlo (una de sus definiciones) muchas ideas muy potentes que son temas tratados por el psicoanálisis en su vasto abanico. Pero el psicoanálisis no lo es todo. También hay prefreudianos ( y sartreanos) que viven más o menos como cualquier otro que acepte la hipótesis del inconciente, incluso los hay algunos  como Gary Gilmore que después de asesinar sin motivo aparente a dos personas, pidió que lo mataran según cumplimiento de las leyes vigentes en Utah en 1977. Y nadie quería matarlo.








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La arrancacorazones

Para sentarme en su mesa, comenzaré diciendo que lo que el sentido común entiende por Complejo de Edipo, no es eso. La función paterna (si está presente) en una de sus vertientes, se presenta como instancia interdictora necesaria entre la madre y su hijo, garantizando la instauración de la ley. Freud en Tótem y Tabú (uno de los escritos del que estaba más orgulloso) sintetizó magistralmente dos efectos pacificadores, estructurantes que se posibilitan cuando la ley simbólica funciona y regula: “no reintegrarás tu producto”-para la madre- , “no te acostarás con tu madre” –para el hijo-.

El sentido común es el peor enemigo de una reflexión que intente complejizarse.

Retumba como un eco del infierno, en los medios y en las mentes de las progenitoras, la noticia de una representante de la creación que segó con sus propias manos la vida de su retoño de 6 años. Horror. Durante la noche de la supresión de la ley, un ser humano perdió el lazo social, se le aflojó lo que se construyó durante miles de años y reintegró su producto. Los kleinianos subrayarían el elemento acuoso donde se sucedió el drama, otros lo haríamos con los graffitis de las paredes, signo de explosión de la psiquis.

Puede ser un caso psiquiátrico, puede que no. No lo sabemos todavía. Lo que si aparentemente sabemos es que había habido un aviso: un intento de envenenamiento por parte de la madre hacia sus hijos. De ser así, alguien no pudo o no quiso escuchar ese preanuncio. Lo que probaría que estos casos -como el de Jazmín de Gracia que había tenido un episodio idéntico un año atrás- sólo son una sorpresa para los que están ajenos al círculo en cuestión.

No faltarán los pedidos de pena de muerte para aquella mujer. ¿Cuándo aprenderán algunos que la retaliación redobla la apuesta de muerte? Reitero lo de siempre: ¿cuándo se terminará de incorporar el ejemplo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que habiendo perdido todo a manos de ejecutores en nombre del Estado solo piden justicia? La justicia no es venganza, la justicia cuando sucede, tiene un efecto que resuena al efecto primero de pacificación de la ley, de establecimiento de la base de un acuerdo mínimo de la vida en sociedad. Y aunque la vida en sociedad no es pacífica, es la vida que se construye multideterminadamente, bajo complejos factores socio-históricos. Así se explica que algunos se asombren de que este caso haya sucedido en un country, entre gente “bien”. Todos somos iguales cuando Dios duerme.

¿Cuándo pondremos de rodillas al darwinismo social, combustible del sentido común? ¿Lo hará Baby Etchecopar a punta de pistola con el aval de los medios? ¿Lo hará Dios, que aún como el padre muerto, funciona?
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Los muertos se mueren de sed

Todo tiempo pasado, represión mediante, fue mejor. Toda vez que un hilo se cortó, siempre fue por lo más fino. Cada vez que el Estado parpadeó, muchos murieron.
 Cuando un servicio público está en manos privadas, se crea una tensión lógica entre el departamento contable y la calidad del servicio a prestar. En las paredes de las empresas privadas, sin demonizar, se lee: “rentabilidad”. Hay que problematizar si los servicios públicos deben estar en manos privadas o estatales. Sabemos con  sobrada evidencia, que en todas las dependencias estatales hay personas que nos defraudan –si, en un múltiple sentido de la palabra-. Pero no se trata de eso.
Los accidentes existen, los “olvidos” por parte del Estado son imperdonables.  Suele suceder en una lógica de hacer las cosas, que hasta que los hechos no se agravan, nadie realmente se preocupa. Correr detrás de los desastres es un síntoma  de no haber estado. Cuando pasan cosas como las del tren de Once, el Estado/Gobierno siempre es el responsable, no importa que esté tercerizado.  De donde el Estado se retira, alguien sufrirá.
Así como no se puede respetar a nadie que nunca sintió vergüenza de sí mismo, tampoco se puede respetar a aquél que solamente se queja. Es una gran complejidad. El Estado se retiró de los trenes en los 90, pero este gobierno los sigue subsidiando. Los que viajamos todos los días en el trasporte público capitalino (porque recordemos eso, oh porteñocentrismo miope, esto es algo que pasó en una ciudad, no en el país) en hora pico sabemos que es una odisea.
El hecho de haber abandonado el medio de transporte masivo más eficaz, barato, ecológico y puntual que existe ha redundado en el crecimiento y beneficio (interesado  o no, cada uno tendrá su opinión) del transporte terrestre. ¿Y qué campera asoma detrás de ese medio? La de Hugo. Cuando un sector de la industria, del país, de lo que sea, se vuelve demasiado poderoso, se comienza a preguntar por qué no podría seguir avanzando en sus potestades, si ya que está...
En los meses pasados asistimos a esa tensión de estos gremios con el Gobierno. Y sea como sea, valga un subrayado: nadie rebaje a lágrima o reproche nunca a estos actores, son ellos los que le pararon al riojano, son ellos los que, cuando usted trabajador se sienta más solo que Felipe Solá en el día de la Lealtad, pedirá la ayuda de un gremio.
Buá (diría Magdalena RG), preguntas: ¿Qué hace Sobrero en los programas de chimentos de la mañana? ¿Qué hacen los hijos de puta de siempre causando disturbios en Once cuando la familia del chico que buscaban pedía calma? ¿Qué hace TBA culpando al motorman? ¿Qué hace el gobierno que no sale raudamente a abrazarlos a todos? Porque recordemos que el sistema presidencialista es un sistema paternalista, inconscientemente son un eco de mamá y papá que protegen, y cuando pasa una tragedia, la culpa es de ellos, no de nosotros que aun somos jóvenes de la democracia. Esa es una manera de ver las cosas. En esa línea, si nadie se hace cargo inmediatamente se genera el espacio para que, de manera vil, el sentido común diga presente y lance la idea de que puede pasar cualquier cosa, que nadie nos protege, que todo vale. ¡Y no es verdad! no pasan estas cosas todos los días, aunque si suele pasarle más seguido a quienes ocupan los lugares del olvido. Y eso sin dudas no es producto del azar: pregúntenle al barrio de Once.
Quiero y no quiero seguir escribiendo sobre este tema, me contradigo mientras pienso, lo dejaría en borrador, hago algo que jamás hago: releo y edito, suavizo opiniones, maldigo. Preferiría hablarlo para el intercambio, para el diálogo como método de conocimiento, para tener otras voces en vivo. El pensamiento se fortalece en su ejercicio, y el pensamiento también es acción. Pero también hay que ponerle el cuerpo, estoy harto de aquellos que nunca pisaron una calle para reclamar por derechos y mientras toman y comen cosas light sentados frente a sus computadoras se indignan, estoy harto de aquellos que nunca sintieron el terror del olvido del Estado y señalan con el dedo sin proponer una idea que construya, mientras se deprimen por no poder comprarse algo. 

No se debería respetar a nadie que no se haya creído equivocado y haya tratado de remediarlo. El mundo es tan bello como horroroso, sépanlo.




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La fuga hacia el futuro

Hay en el campo argentino una antigua ley contra el cuatrerismo que dice que se puede matar un cordero por hambre pero que el cuero debe dejarse colgado en el alambrado.

Acaricio la hipótesis de que el asesino decidido siempre deja huellas. En cambio los imprudentes, los vacilantes suelen, debido a su vacilación, generar escenarios más complejos, menos probables, más enigmáticos.

Gracias a la historia, hay que probar la culpabilidad de alguien, y no su inocencia. Entonces, a pesar de las herramientas criminológicas, periciales y similares, puede que dos personas estén en la misma habitación, una reciba un tiro en la cara y la otra quede libre (en la libertad que otorgan los hombres). Puede que alguien salga diciendo que otra se cayó, se golpeó en la cabeza y se murió. Pero puede que alguien se quiebre y dé otra información y ¡oh sorpresa!, tenía 5 tiros en la cabeza. Luego de un tiempo, se los encuentra culpables por la mitad.

Del nuevo barredicio platense poco se sabe: parece que el karateca, aunque todo así lo indicara y todos lo quisieran, no hay pruebas suficientes para colgarlo de la antorcha de Ypf.

Pero todo asesinato, como buen relato pasible de ser (re)construido, tiene sus vértices legibles, sus zonas de neblinas y sus detonantes. Por ejemplo: si uno fue capo de la SIDE de la mano Duhalde, obviamente tiene –al menos- un arma. Y como dice el dicho popular, a las armas las carga el Diablo. Puede ser, pero las usan los hombres. Como semi patagónico sé que en toda chacra hay armas. pero ¿Qué es lo desencadena –triggers, en inglés tiene más fuerza- que dos personas en medio de una discusión, una deba sacar como intermediario a un arma? Eso mis estimados, nunca lo sabremos. Sólo lo sabe quien quedó vivo, y por culpa de su inexperiente forma de asesinar, nos privará de eso tan deseado (y no necesario para la ley) para los humanos que son los motivos. Quizás su aparato psíquico ya haya echado el barro del olvido sobre lo que pasó, quizás la teoría traumática entre a los medios de comunicación en breve (teoría que por otra parte Freud desechó como causal de la neurosis a principios de 1900. Pero eso no viene tan al caso) y tengamos que fumarnosla. O no. Esta vez parece que ya tienen construidos los hechos “como realmente sucedieron”. El poder es performativo, el poder puede impone una verdad, luego esa verdad serán los hechos (aunque no hayan sucedido).

“Sabemos” que Heyn se ahorcó en un juego masturbatorio letal, duro como la cara de Corach, en medio de un viaje oficial junto a la presidenta. El sentido común, que tiene la forma de un círculo deseoso de cerrarse, pide respuestas a por qué lo hizo, ¡justo ahí, en viaje oficial! Bueno, no lo sabremos. O si, el goce desregulado tiene a Tánatos tatuado en el brazo.

El que mata por (algún) hambre, deja su señal en el alambrado, el que se mata se fuga hacia el futuro, el nóvel asesino hunde a los espectadores en las conjeturas y espera vacilante las voces de la Justicia. 
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Las mejores intenciones


Bajo este apotegma se pueden cometer los peores atropellos. Alguien puede joderte la existencia por un tiempo indeterminado (en general siempre demasiado largo) hasta que te das cuenta. Porque el hábito que lo recubre goza de cristiana popularidad. ¿Qué clase de persona podría enojarse porque un otro hizo algo “con las mejores intenciones” pero aun así le rompió mucho las pelotas? Uno queda a un paso de sonar desagradecido, poco samaritano. Y nadie está a salvo, cualquiera de nosotros puede cometer injusticias, tropelías, tiros por la culata “involuntarios” y así ganarse rencores y decepciones habiendo obrado desde ese punto titulado (por supuesto que son necesarias para la vida en sociedad bla bla blá, éste no es el quid, todo lector holgazán detengase aquí).

Cada uno tendrá varios ejemplos para ilustrar esta situación. El más sencillo y estructural es (por supuesto, adivinó) aquél que se ha desarrollado con nuestros progenitores, y especialmente con la madre o quien haya cumplido su función. Recordemos que el aparato psíquico si bien viene preparado para funcionar en el hardware que es nuestro cuerpo, no arranca hasta que le ponen el software, y de eso se encarga el (los) Otro(s).

Ilustremos: supongamos que una madre nunca deja que su hijo haga nada por su cuenta, oh madre bondadosa que quiere prevenirlo de todas las miserias del mundo, de todos los males, y le está encima y lo habla y le dice hasta qué chica le conviene y cuál no. El chico cumple 40 y sigue virgen y viviendo con ella. Todo el barrio se pregunta qué le pasa a ese chico, ¡si su madre le dio todo!

(El sentido común arrasa, es casi impenetrable, como el recuerdo que somos en la memoria de quien ya no vemos más).

Pero un día ese alguien hace click y se anima a interesarse en una mujer/hombre. Entonces quien estaba ejecutando sus significantes (software) sobre el “mamero” ve su lugar conmovido, su letra perder eficacia. Cosa similar sucede cuando alguien comienza un análisis, y si tiene suerte algunas cosas se pondrán en duda (la vara para saberlo es porque los demás se molestan, se corren los lugares asignados en el sistema) y se abrirá una nueva posibilidad. Recurro a lo caricaturesco para exponer un modo de funcionamiento. Nada es tan lineal ni tan sencillo, es difícil bajarse del caballo a mitad del río. Hamlet a pesar de haber descargado todo su odio contra su madre (que usó el catering aun tibio del entierro de su marido para celebrar la boda con su hermano) siguió siendo el “dulce Hamlet”.

La pregunta  que se impone no es cómoda: ¿Para quién es el beneficio? ¿Quién necesita ofrecerse como oráculo y benefactor del otro? ¿Para quién eso es lo mejor? (También se aplica a medios de comunicación)

A pensar estas cosas, a molestar, a subvertir al sujeto y ayudarlos a encontrar sus letras y sus significantes propios se dedica en parte el psicoanálisis, ya que como entendió Lacan, el inconsciente está en la superficie.
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La pena máxima

Una invitación que no se puede rechazar es una trampa. Esa nota la tomé luego de que la Gendarmería me parara en la calle y me invitara a dar fe en un allanamiento que duró 13 hs. Al principio me divirtió un poco ver esa fauna de personas de la Afip, Aduana, Gendermaría, etc. hasta que me di cuenta que no podía irme aunque quisiera. Afuera llovía, estaba mal abrigado, adentro uno hablaba de que estaba orinando sangre, otro verdugueaba a los allanados, y así. Pero la ley así lo indicaba, aunque sufriera.

La metáfora de la baraja o de los dados ilustra bastante bien el lugar que el azar tiene en nuestras vidas. Un buen día salís de tu casa, vas pensando en un amor, en una canción y un auto en la esquina al que se le cortaron los frenos, te embiste y te pone en el mute total. Rápidamente nos damos cuenta que es azar de un lado y determinismo del otro. O lo que es lo mismo: hay cosas que no podemos evitar/controlar.

Nos enteramos con pesar y dolor que apareció muerta la chiquita que estaba desaparecida desde hacía unos días y que de alguna manera su caso había logrado posicionarse en todos los noticieros como tema central desde hace varios días (y ahora es un irónico tag en tuiter). Hoy mi colectivo hizo una parada en Bell Ville, y en un parador de mala muerte vi su foto junto a la de Maria Cash. Lamentablemente sabemos que cuando alguien desaparece por tanto tiempo, los finales se parecen.

Veo en los noticieros y en las redes sociales que la gente se indigna, pide pena de muerte, salen nuevamente los discursos de mano dura a pedir lo de siempre, cuando la hipótesis fuerte parece que fue un ajuste de cuentas contra el padre de la chica. Entonces no sería un caso de inseguridad o algún tipo de variable estrictamente social (aunque el padre está preso) sino un caso particular donde los sujetos han decidido a sabiendas lo que hacían. Sobre todo si se confirma lo que parece acerca de los “mensajes” dejados en el cuerpo de la víctima.

Que esto “no vuelva a ocurrir” es imposible. Volverá a pasar, desde hace miles de años las personas se vienen asesinando unas a otras, cometiendo las peores atrocidades imaginables, a veces no se trata de desigualdad, de falta de oportunidades (recordemos el caso Bragagnolo), también existen otros motivos bien pueriles como el dinero, la traición, y los prejuicios potenciando el azar (recordar el caso del chico que se escapo de sus captores y los vecinos se lo entregaron de vuelta). Y está avalado con estadísticas, ya lo dijo Zaffaroni acerca de las causas de muerte en el país: primero tenga cuidado al cruzar la calle y andar en auto, luego de uno mismo de no deprimirse y matarse, luego de su gente cercana, que no lo maten sus allegados y en cuarto lugar el asesinato por desconocidos.

Y para estos casos las sociedades democráticas han encontrado a través del sistema de Justicia una respuesta ( tag “tinta roja” del blog). No se debe recurrir a los discursos que deslegitiman a la Justicia, es comprensible la sensación de salir a dar talionazos por todos lados, pero si algo hemos aprendido como sociedad (y nos han enseñado las Madres y Abuelas) es que la Justicia no debe ser vindicativa, la Justicia humana es imperfecta, funciona no en un el tiempo deseable, pero la mayoría de las veces llega. Ya tenemos experiencias de abolición de instituciones y conocemos sus consecuencias. Obviamente que es sencillo hablar sin estar viviendo en carne propia lo que otros están, pero ese no es argumento, si para todo se necesitara experiencia nunca se podría hablar o hacer.

Por lo pronto y hasta que haya un poco más de luz sobre este caso, los medios deberían tener mesura y no abalanzarse como cuervos sobre los cuerpos aun calientes, recordemos el caso del falso ingeniero y su carpetita, recordemos cada becerro de oro que ha aparecido y ha formado columnas que luego resultaron oprobiosas. Recordemos que cada vez que se ataca a las instituciones democráticas, un mensaje es enviado al telégrafo del museo militar más cercano a su domicilio.


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En busca de una deontología periodística


Tengo una pequeña obsesión con los medios y con algunas maneras de hacer periodismo. Algún antepasado fue editor del diario más importante de Rosario sin haber terminado el secundario. Pero lo fue gracias a su preparación no sólo en las deshoras del día sino también de la calle. La teoría separada de la praxis es como la Coca Cola light: parece, pero no es.

No me dan los años para haber vivido grandes etapas del periodismo. Pero si algo ha sucedido desde la intentona destituyente de la entelequia llamada “Campo”, ha sido la visibilización de los hilos que cada sector periodístico defiende. Supongo que en la primera clase de la facultad de periodismo se les debe decir a los alumnos que, por ejemplo, la objetividad no existe, que la realidad no es una, que las interpretaciones la moldean y le dan forma. Luego en la segunda que la verdad es la verdad de quien tiene el poder, y si hay una verdad que impone el poder, en esa tensión hay otras verdades que sufren. Ergo, hay muchas verdades y los fenómenos son múltiples y complejos. ¿No?
 
Otra digresión para otra entrada: la metáfora no debe ser la de luz acerca de los hilos que cobraron mayor protagonismo, es mejor que no sea adjetivada de esa manera. Pero eso que sucedió quizás no haya sido de la dimensión que creímos y sólo se esparció sobre un sector acotado de la sociedad. Es una tesis de miedo para pensar con prudencia parte del predominio macrista en la Capital. La luz es un privilegio, lo saben los habitantes de las zonas más pobres y todos aquellos que se hayan encontrado en cuerpo y alma con el discurso de Carrió.

Vuelvo: el caso de Zaffaroni, una acción de un tercero (que no constituye un delito: la prostitución no es un delito, todos lo saben) es manipulada por un medio y reiterada hasta la náusea por sus satélites de radios, televisión y diarios. La repetición genera una sensación, el rumor y su estructura gestáltica se esparce como reguero de pólvora y logra su cometido: toca la imagen. Las imágenes sostienen lo real, y en esta sociedad cada vez más atrapada en el laberinto imaginario, ellas pueden tomarse por verdaderas sin necesidad de comprobación.

Mucha sangre se derramó para que se invierta el peso de la prueba: ahora se asume la inocencia, lo que hay que probar es la culpabilidad. Pensar que antes esto no era así, hiela la sangre. Estar a salvo de las arbitrariedades del poder es una lucha constante, el Estado también (y lo hace) comete injusticias. Pero desatar campañas de este tipo, como advierte el propio damnificado, es el caldo de cultivo para que los censuradores salgan nuevamente a la escena y su discurso represivo cobre protagonismo. Es decir, que una acción con “las mejores intenciones” (desconfíen siempre de esa frase, me recordaré hacer una entrada al respecto) para defender al Juez de la Corte podría tener el efecto contrario, y éste, garantista, tendría que salir a defender los derechos de quienes lo atacan y que como personal individual, seguro pocas ganas tendría.

Los periodistas necesitan un Colegio de Periodistas. Necesitan rendir cuentas. No da lo mismo mentir que no, hablar a boca de jarro que con certezas. La mayoría prueba que son peces que no mueren por la boca. Da la sensación de que no tienen nada para perder, que cualquiera sea la situación, algo se puede decir y nadie los juzgará. Por eso la agitación con 678, programa que está agotado (no en su lógica, pero si en sus protagonistas) y que se erige erróneamente como vara/dedo acusador de sus pares. Estoy de acuerdo en que alguien debe hacerlo, pero no ellos sino un organismo supra. La irritación que provoca el programa no es sino la vieja y estructural condición que hemos hablado: estar sometido al capricho del Otro.Y la ley pacifica.

Por otro lado, no existe equivalencia de fuerzas entre 678 y Clarín, por eso siempre la balanza la inclinaré ante el más débil, a contramano del susurrante Tenembaum y el nabo de Lanata. Por eso Zaffaroni (nuestro Morrissey de las leyes) como representante de la doctrina Jus-Humanista dice lo que dice sin demagogia: la protección es para el más débil, es para el vulnerable, y en el caso de los periodistas es la verdad.

Leyes, colegiaturas, no son censura, el periodismo no es narrativa poética ni ficcional, hay que responder, así como todo adolescente sabe que si se pasa de vivo hay una mano indefinida que lo puede sancionar, bueno, hay que construir y establecer los mecanismos para que haya que dar cuenta llegado el caso. Otras profesiones como la de quien suscribe, tiene en su conciencia que juró por varias leyes, la Constitución nacional, los DDHH y otros, instancias que hay que defender para hacer un país menos injusto. El disciplinamiento no es sólo teórico, acá te vienen a buscar si sos Rímolo.
 
Quizás el periodismo cooptado por la lógica empresarial nunca permita esto. Si no sucede ahora en esta coyuntura, nunca lo hará. Mis amigos periodistas tienen la suerte de no pertenecer a esta lógica y gozan de mi cariño y respeto por la profesión que ilustres hombres supieron moldear sin preparación académica, pero si con ética y deontología del oficio. Yo no la propongo.
 
Lo moral nunca debería meterse en una discusión de este tipo, porque todos tenemos debilidades (y algunos se las verán con su Dios) como escribir y atraer hacia nosotros los ojos de usted, paciente lector que cerrará esta página quizás para no regresar jamás.
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Obama ha muerto


"What if Al Qaeda blew up the levees
Would New Orleans have been safer that way?"
Let´s impeach the president, Neil Young.

En la entrada anterior, citaba a Lacan diciendo que la muerte se inscribe en el dominio de la fe. La misma oración pero en un sentido otro sirve para pensar la supuesta muerte del supuesto terrorista Osama Bin Laden. Osama, quien fuera entrenado por los servicios de inteligencia de la Cía (¡cómo lo necesitaríamos a Mailer para que echara luz sobre estos asuntos! Quien tiene un libro de mil páginas sobre Oswald y otro de mil sobre la Cía). Obama, premio Nobel de la Paz hace un par de años, salió a comunicar con felicidad la noticia de que habían dado muerte a su enemigo interno, Osama.

Una preciosa coincidencia poética hace que entre ellos dos sólo haya una letra de separación. Durante algún tiempo, dada mis limitaciones me los confundía. Y pensar que nos comimos el buzón de que Obama sería una suerte de left wing construyendo poder a lo Kirchner entre los monstruos, sin ser uno. Pero no fue así, rápidamente la crisis financiera y algunas medidas con intención  progresistas (como la reforma del sistema de salud) lo pusieron en jaque. El imperio es el imperio y ningún poder se suicida así como así.

El Amo no pide permiso, lo sabemos. Por más que los organismos internacionales se hayan proclamado en reiteradas veces en contra de las guerras que iniciaron (“preventivas”, es decir, en el horizonte por un “bien” futuro), el Amo mientras lo sea trata a los otros como a sus objetos. Falló el vaticinio de Freud de que si existiera algo así como un ente regulador supra, las guerras encontrarían su fin, el viejo se pasó de optimista. Si bien la ONU es de 1945 y la declaración de los Derechos Humanos de 1948, estos no pierden su carácter de “invención”, por ende también pueden ser desatendidos en la práctica.

Obama elogió a la gente que se juntó a celebrar el asesinato de Bin Laden. También dijo que desde ese día el mundo sería un lugar más seguro (aunque las medidas de seguridad de los aeropuertos así lo contradigan) y que los americanos deberían estar contentos. A veces la línea del tiempo de la historia se suspende y encontramos hoy lo que antes era la regla: la justicia como venganza (para una genealogía de la justicia, ver Foucault: la verdad y las formas jurídicas).

Quizás los estadounidenses sean más brutalmente honestos, ya sabemos que son bestias en más de un sentido de la palabra. Pienso en el pedido de justicia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, un pedido eterno sin un golpe (aunque Hebe lleve las bombas atadas a su cuerpo) y pienso también en todos los estadounidenses que deben sentir vergüenza por semejantes atrocidades. No olvidemos lo espurio del segundo mandato de Bush.

Y del mismo modo, nunca por conquistas internas, probablemente Obama haya conseguido en este acto su reelección, pero hay que avisarle que aunque no lo sepa, él ya está muerto.

Para cerrar, la canción más valiente de los últimos 20 años, obviamente de Neil Young, de su disco Living with war.




Let's impeach the President for lying
And misleading our country into war
Abusing all the power that we gave him
And shipping all our money out the door

Who's the man who hired all the criminals
The White House shadows who hide behind closed doors
They bend the facts to fit with their new stories
Of why we have to send our men to war

Let's impeach the President for spying
On citizens inside their own homes
Breaking every law in the country
By tapping our computers and telephones

What if Al Qaeda blew up the levees
Would New Orleans have been safer that way
Sheltered by our government's protection
Or was someone just not home that day?

Flip - Flop
Flip - Flop
Flip - Flop
Flip - Flop

Let's impeach the president for hijacking
Our religion and using it to get elected
Dividing our country into colors
And still leaving black people neglected

Thank god he's cracking down on steroids
Since he sold his old baseball team
There's lots of people looking at big trouble
But of course our president is clean.

Thank God
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Discurso del método


La frase que adornó este blog durante mucho tiempo fue la siguiente de Scott Fitzgerald: “muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia”. Vemos los noticieros y allí está el policía que frenó a sangre y fuego al tirador de la escuela de Brasil. Mientras comienzan las asociaciones  Columbine y Junior de Patagones  (y debería venir la de Tropa de Elite), cabe decir que a veces, la determinación social coyuntural pasa a un segundo lugar. Es una discusión larga y compleja, restarle importancia sesga la discusión, pero bue, siempre es así y esto es un blog.

En este lado del continente estos crímenes son muy esporádicos, en cambio por ejemplo en Estados Unidos (donde se acuñó el término psicópata, mientras los franceses se refieren a lo mismo como sociópatas, siempre más delicados) con la posibilidad de comprar armas en los supermercados, siempre tendrán sus escopeteros.  Este caso es de manual, se ha visto cincuenta veces, probablemente una esquizofrenia o un brote psicótico, la diferencia no es de grado: una cabeza que late a un ritmo menos popular y un buen día (o muchos días) en la novela individual de un hombre, ésta pierde los bordes y un empuje bestial  de fiebre, biología y noches de antigüedad dan el espectáculo prohibido que tanto excita a los medios de comunicación, los voceros de Doña Rosa.

Me pregunto cuánto falta para que este suceso brasilero se asocie a la noticia de la decisión de Garré  de cambiar de funciones a los policías federales y mandarlos a la calle. Una sombra de miedo es proyectada desde los medios, la historia repetida. En los hospitales públicos debería quedarse la Federal, ya que las guardias son bravas y necesitan proporcional fuerza y daementia para contrarrestarla.

Este muchacho, que entró a la escuela diciendo que iba a ser uno de los conferenciantes, logró su cometido: Freud ya decía que los esquizofrénicos trataban a las palabras como cosas, misma lógica del proceso primario de pensamiento, y bueno, los actos también son palabras, y este muchacho de alguna manera logró dar su conferencia y suscitar muchos discursos. 
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A la hora señalada


Como la familia se negó a la difusión del parte médico los medios tuvieron que contentarse con el ágil taxista que sólo se dio cuenta después de que le cayera un cuerpo sobre su auto y habiendo salvado su vida por un pelito, que si no hubiese sucedido eso, el no estaría abrazando a su hija esa tarde. Y no lo decía porque podría haber muerto, sino porque antes no lo hacía, no la abrazaba. Hay que ver cuánto le dura. Y también hay que esperar y ver cuánto le dura la vida a la mujer que se tiró del piso 23 del hotel de una de las “canciones” del verano.

Es curioso leer los titulares diciendo que la mujer se salvó de milagro, cuando su intención fue todo lo contrario. Imagínense su vida con esto a cuestas. Se dice en algunos foros que todo suicidio es en verdad un asesinato, Lacan lo concibió alguna vez algo así como el arquetipo de un verdadero acto, el único quizás, ya que es con total independencia de los demás y ciertamente sin miramientos. Hay suicidios en todas las estructuras que entiende el psicoanálisis. El neurótico se suicida por un error de cálculo, el verdadero suicida no encuentra obstáculos en su acto, lo hace sin más. Y nadie detiene a un suicida. Aun sabiendo esto es imposible no sentir culpa si quien lo comete es un amigo o familiar.

Los motivos y significados podrán existir pero sólo los conoce el actor, los datos que dan color al hecho son conjeturas, ¿Por qué un hotel?, ¿Por qué ese piso y no otro? Sólo ella lo sabrá. La pregunta es al borde, al abismo al que se lanza una persona en esos segundos de transición -de la manera que sean-. La casuística dice que en general los suicidios femeninos son más dóciles, los cuerpos no suelen sufren evisceraciones, es decir: pastillas a montones. En cambio los hombres suelen tomar el escenario por las astas y explotar: ahorcados, tiros, saltos (dejarse caer). Este caso entra en los percentiles alejados, pero cerca de las multitudes.

Los libros cuentan los sufrimientos inabordables de aquellos que encontraron una salida -¿malograda?- suicidándose. Desde la inmersión al océano de Alfonsina, el gas de Plath, el tiro de Kurt, de Allende, Hemingway, y la lista sigue y no es la idea enumerar.

Mirar nietzscheamente al abismo un tiempo está bien, se lo recomiendo a todo el mundo, pero hay que retirarse antes de quedar atrapado ante esa mirada sin ojos, no se trata de valentía y su contrario, tampoco de moral porque ya nadie se mata por la castidad (por suerte) de su hermana. Pero como dijo Ricardo Mollo en su manifiesto –sin saberlo- anti posmodernista, “no es poesía ver la carne transpirar”, asi que respeto por los caídos y lo dejo a usted lector arreglándoselas con sus y las imágenes y todo lo que no sé y no he dicho en este puñetazo.

Pero lo que si se es que para los neuróticos con tener algo por qué vivir los mantiene un poco más  a resguardo de las pistolas, las sogas y los campanarios.
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Carrió, la Cappa de la oposición


Ayer me quedé despierto hasta tarde viendo la sesión de diputados donde se intentaba tratar el presupuesto 2011. No quisiera detenerme en las bajezas y oportunismos de los sectores contrarios al Gobierno que intentan decirles cómo administrar, con qué números, partidas y tiempos podrán hacerlo el año que viene, cuando deberían constituirse básicamente en un mecanismo de contralor. Estuvo bien Rossi al decirles que parecía que actuaban como si no creyeran en que podrían ser gobierno el año siguiente.

Pero voy al punto: la irresponsabilidad, la ligereza, la liviandad con la que Angelito Carrió se expresa es –justamente- de proporciones bíblicas. La mirada fija sin parpadear, los movimientos de su cabeza hacia los costados, un pensamiento basado en axiomas (que sabemos que no se demuestran) con el que ha podido construir una carrera política básicamente a fuerza de epítetos y un jarabe léxico si bien bien articulado, vacío de toda aplicación en la realidad. Carrió nunca ha gestionado, nunca ha gobernado nada, ha desmembrado todos sus partidos y vuelto a fundar otros, ha visto “cosas terribles” y ha callado. Hasta ha visto el futuro. Como bien la denominó Mario Wainfeld, la "pitonisa chaqueña" se sostiene –quizás, por qué no- en base a un gran delirio construido alrededor de la política. Un mundo que existe en su cabeza y los miles que la votan. Ayer decía que el gobierno tiene que cambiar, que la Argentina de la prepotencia terminó (¡ja!) y que gracias a que ella impulsó que no hubiera derrota en Diputados, las cosas podían seguir funcionando. Denunció sin pruebas –obviamente- que ayer hubo Banelco (en referencia a las coimas del gobierno de DLR) y que la pagó Cristina. Ay ay ay alma bella


A alguien así, en el fútbol se le dice vende humo. La imagen es muy gráfica. Y el principal productor de humo junto a Caruso Lombardi es Angel Cappa. Durante algún tiempo no podía tomar partido si me caía bien o mal, no podía estar en desacuerdo con algunas ideas futbolísticas (de la boca para adentro) que profesaba, pero su materialización en la realidad nunca se han visto. Quizás el Huracán que perdió con Vélez el campeonato haya sido un buen equipo, pero después le fue bastante en mal en casi todos los clubes de dirigió. Para mí es un poco enigmático por qué lo tienen tan en alza no habiendo conseguido títulos (sólo de ayudante), sobre todo en un mundo tan básico, podrido y cabeza como es el del fútbol.  Porque tampoco  es que habla tan florido, defiende algunos puntos de manera vehemente pero eso no es un mérito (como tampoco Alfaro tirándose contra el Checho, que dicho sea de paso el primero hizo la peor campaña en la historia de Central, gracias).

Con el tiempo, esa gran distancia entre el señor correcto ante la prensa y el desaforado, incitador a la violencia y sobre todo mal perdedor (nunca la falla es propia) hizo que el personaje se me haga impresentable. 

Un Carrió del fútbol y Lilita una Cappa de la política. Quizás deberían intercambiar roles y Lilita ponerse los cortos y hacerles hacer a jugadores ejercicios con pelota (¡la novedad de Cappa!),  adelantarle las visiones de las jugadas y Angelito usar los sintagmas inamovibles de ella vociferando desde la cámara baja, ¿Por qué no? Dicen que habría negociaciones en un lado, entre un señor y una señora,  según una fuente que habría recibido un mensaje de texto de la ex compañía donde importante actual funcionario habría tenido o tendrá amigos para beneficiar.
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Se muere el padre


Hacia el final de su vida Freud se declaró incapaz de responder con la precisión y luminosidad que lo caracterizaba dos preguntas estructurales,  una de ellas era qué es un padre. Mucho se ha escrito y trabajado sobre este punto. Me interesa pensar sustitutos y no quisiera caer en interpretaciones desmedidas, no quiero poner la etiqueta de hipótesis demenciales.

La figura presidencial tiene mitad de la batalla ganada, es un lugar que bien ocupado puede calar hondo en la psiquis de las personas. No cualquiera se convierte o es convertido en líder, en este caso alguien designado como el ciudadano máximo inspira muchas cosas, al estilo de un padre. Recordemos que no por nada se lo conoce a San Martín como el “padre de la Patria" y con él su frase kantiana que sabemos todos: “serás lo que debas ser o no serás nada”. Una más cercana podría ser “al que madruga Dios lo ayuda” y luego uno sufre un domingo por levantarse tarde. Bueno, esa es una veta de un padre.

También está el padre de la ley, el que pacifica, dona y permite. Ayer en la Plaza de Mayo si bien había gente muy acongojada, el clima no era de tristeza general, era más bien de melancolía y de una clara convicción de por qué se estaba ahí. Mayoritariamente estaba poblada de clase media, gremios pequeños  y partidos no alineados orgánicamente con el Gobierno. Algunos aplausos, algunos cantos contra Cobos y Clarín, pero los menos. Era estar ahí, acompañarse y acompañar a Cristina. El cantito más lindo terminaba en “compañero Néstor entre los trabajadores te la vamos a cuidar”. Recordé las palabras de Dante Gullo: “la defenderemos como leones”.

Reacciones que poco tienen que ver con lo político y más con una fibra íntima familiar, no me toquen al que está haciendo el duelo porque se arma. Hoy se verán las escenas de dolor y la continuación de la mística que se respiraba ayer. Volveré a la calle y a la plaza, pasaré nuevamente como ciudadano a mover con el pie las piedritas de ladrillo y me saludaré con algunos que jamás volveré a ver.

Uno deja de pelearse con su (un) padre cuando lo ha matado simbólicamente, es decir, toma lo que le sirve, no lo sigue en lo que no le parece, se desmarca y aun así hay paz, quizás hasta amor. Otras culturas tienen ritos de pasaje quizás más largos pero menos lacrimógenos que nosotros, pero eso ya es otra cosa. 

Néstor, el millonario menos ostentoso que he visto pidió ser enterrado en su ciudad natal, en el cementerio municipal, junto a su padre. Si eso no es consenso…
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Todos los muertos tienen la misma piel

Estaba en un parque, un parque moderno planeado centímetro a centímetro, largas rectas para la gente en rollers, skates, bicicletas y algunos otros medios que no conozco sus nombres, como esos zancos metálicos con suspensión asistida a lo Robocop (pero el modelo malo de la 1). Tan bien planeado que un desnivel geográfico separa ese parque –y un par más- de la Costanera donde pasan su domingo The Others.

Niños hábiles como chimpancés, adolescentes tardíos con buenos modales, perros socializados, un césped súper resistente a los pisotones, jardines con flora en una depresión inalcanzable que no necesita ser regada, un símil risco donde los enamorados calientan motores mientras por la calle una manifestación de ciclistas encabezadas por payamédicos se extiende por 4 cuadras levantando pocos bocinazos. Su cantito es “bici si, auto no”. Y después dicen que estamos aislados del mundo.

El sol entibia las pieles dormidas por el invierno, la temperatura es justa: tibieza sin transpirar. Una niña salta cerca, su abuela le sonríe. Estamos en una esquina, el grupo está por dividirse, amablemente nos saludamos mientras delante mío pasa en skate alguien que hace mínimo 10 años que no veo y nació antes del golpe de Estado.

Entre besos de despedida nos damos cuenta que algo sucede, nos damos vuelta y en la esquina de enfrente a la nuestra un hombre yacía sobre la rampa de sillas de ruedas. Había caído hacía unos segundos, mientras hablábamos, porque un minuto antes yo había mirado y ahí no había nadie. Todo entre infantes, skaters y cariños a tu familiar. Le ahorraron la vista a un par de niños que estaban por ahí. De lejos ésta parecía la situación: una señora grande se lamentaba, otras dos lo atendían al señor, unos curiosos se acercaban, al menos 4 personas llamando al 911 y otra corriendo a buscar a Prefectura. 

Hay una especie de fascinación en esos espectáculos. Yo quería quedarme a ver que pasaba, un ratito como vidriera, pero no hubo pacto, rondaba en el aire que allí estaba. Comenzaron a hacerle masajes cardíacos, parecía que se los hacían bien. Traté de recordar lo que me había enseñado mi amigo cirujano pero no recordé todo el procedimiento, eso me intranquilizó, es algo que debería saber, como poner de nuevo la cadena de la bici.

Teníamos que cruzar por ahí, el lento paso del voyeur: un hombre en sus mediados sesenta, bien vestido, una gran panza y toda la ropa en su lugar. La boca demasiado grande, abierta. Su expresión era neutra. Llamativamente no había gritos ni alarma excesiva, mientras cruzaba escuché a la señora decir: “Acababa de salir del hospital”.

Nos enteramos que murió en la calle y que estuvo mucho tiempo allí porque la ambulancia no traslada muertos así que tuvo que esperar al de la morgue. Ya en San Telmo, mientras la imagen todavía reverberaba en mí y me burlaba internamente de los brasileros y sus tambores fuera de contexto, recordé este pedazo de un poema del gran Boris Vian:

“…No quisiera morir
no señor no señora
antes de haber palpado
el sabor que me atormenta
el sabor que es más fuerte
no quisiera morir
antes de haber probado
el sabor de la muerte.”


La única que busca y encuentra.

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Matar a un ruiseñor


La primera aparición fulminante la tuvo luego del incidente en el cual Colombia so pretexto de tener la posibilidad única de matar a un capo de las FARC, invadió territorio ecuatoriano violando la autonomía y las fronteras de su país vecino. Siendo hablado por el imperialismo yanki, el entonces presidente Uribe adujo que era una oportunidad única para deshacerse de ese eje del mal. Se tuvieron que juntar los presidentes de la región para desactivar una posible escalada bélica entre ambos, de la cual Chávez hubiese participado gustoso contra la Israel latinoamericana.

Grandes horas de tensión y debate, un Correa viril vestido con los ecos de sus pueblos originarios, graduado universitario con máster en Europa y un doctorado en Economía en EEUU, hacía el ferviente intento por no trompearlo a Uribe y mantenía con firmeza la distinción que posibilita un buen funcionamiento de lo simbólico: el representante y lo representado. Hacia el final del encuentro se llegó a un acuerdo de paz, se dieron la mano –no un abrazo- pero Correa dijo que como presidente de Ecuador daba por zanjada la cuestión pero que “soy un hombre de carne y hueso y moriré indignado con los que agredieron a mi patria”. Por un lado el estandarte, por otro el hombre.

Hace unos días no sólo lo quisieron derrocar sino que lo quisieron matar. Y él fue a meterse al centro mismo del lugar donde olía a magnicidio, a poner el cuerpo tras la envestidura. Y allí, frente a los centenares que lo querían voltear, salió al balcón y pronunció una de las frases de la década sin dudas: “Si quieren matar al presidente, aquí está, mátenlo si quieren pues, mátenlo si tienen valor, en vez de estar en la muchedumbre cobardemente escondidos […] si quieren destruir la patria, aquí esta, destrúyanla, pero este presidente no dará ni un paso atrás. Viva la patria”.

Su lenguaje no verbal acompañándolo, aflojando su corbata para mostrar el cuello, ancestral lugar para dar fin a una vida ante la postura imperturbable de sus escoltas. Y aquí lo interesante es este arrojo donde a Correa no le importaba ser asesinado, el pedía que mataran al presidente, no tanto a el. He escuchado en algunos medios una acusación de que Correa estaba haciendo una telenovela. Dios mío, eso es o bien ser un ignorante o un hijo de puta. Es mentira que no existen los ideales ni las ideologías, me he cansado de ponerlo en relieve desde este panfleto virtual, hay causas por las que morir, además, si uno es presidente: ¿Qué lugar más cercano a la épico puede haber? Es verdad que se puede obviar ese honor, ya sea yéndose en helicóptero o vendiéndole armas a países hermanos para guerrear contra otro de la patria grande.

Correa fue al lugar, dio la cara, puso el cuerpo y finalmente intentaron matarlo sin suerte por haber dudado en el momento preciso, quizás esa figura demasiado potente que los incitaba a cometer el acto los inhibió de momento, compró tiempo y dejó todo muy en evidencia. Hay un momento para todo y aunque parecía un escenario similar al que asesinaron a Allende, no, no podía ser, porque Allende murió con dignidad y en un espacio cívico, hubiese sido una injusticia poética si Correa hubiese muerto en tierras policiales.

Entre varias cosas me quedé pensando en las frases dichas en los momentos de máxima tensión y en el posterior a su liberación. Esta hipótesis: en los momentos de extrema tensión, de vulnerabilidad y encerrona, la chispa creadora toma el timón del habla, surgen las frases célebres (“la más maravillosa música”), frases que surgen de la combinatoria de lo único, ya que como no se sabe bien que decir, hay que decir cosas nuevas o de otra manera, en cambio en el alivio, la distensión, la homeostásis y la alegría uno hace más uso de las frases hechas, de las frases ya probadas. Ejemplo: “Salgo como presidente o como cadáver” versus “no habrá olvido ni perdón” una vez ya liberado. Una digresión.

A la distancia y sin conocer mucho de la realidad ecuatoriana, yo me sentiría reconfortado por un tipo así. Qué sabrán Kissinger, De la Rúa, Menem y la CIA sobre el honor. 


Su discurso en la ventana


La balacera


Un análisis interesante de la tv yanki sobre la CIA y su responsabilidad
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