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Desatormentándonos

 


Tener fe en la humanidad ha pasado de moda. Tener fe ha pasado de moda. Al menos de la manera moderna en la que los +40s tenían fe. Sin embargo la oferta de tótems y becerros de oros es vasta, personalizada y clickeable. Sobre la base de pensar la distinción original/fotocopia un artista hermético ha escrito la mitad de su obra.

Yo, que dejé de escribir porque hay mucho para leer y poco para decir, comparto la unánime soledad que los maradoneanos sentimos. Pero lejos de cualquier arrebato sentimental que lleve a pensar que todo esto servirá para algo –al igual que la pospandemia-, no creo que cambie demasiado la manera de vivir, de cuidarse, de pensar el ejercicio de la ternura y el respeto que ejerce la sociedad. Asistimos a afiebradas declaraciones –yo incluido- cuando vemos camisetas rivales abrazarse, cuando vemos a quienes no lo vieron llorar por aquello que desconocen. Pero no será.


 Las personas raramente cambian sus formas de comportarse, más bien acentúan lo que ya han hecho y es comprensible, son las estrategias de supervivencia. Lo que para un tercero puede ser el infierno, para quien lo realiza puede ser el automatismo que lo conduce hacia el final. Ni la terapia ni la religión garantizan un volantazo.


Si somos un programa que corre en el hardware de nuestro cuerpo, pero no podemos abrazar e instalar las actualizaciones, estamos condenados a quedarnos con lo implantado originariamente, dando así  lugar a la idea de una homotecia estructural que restringe toda posibilidad de cambio y reconfiguración.


¿Quién fue Diego en su deriva cósmica?  ¿Hace cuánto no estaba dentro de sí aquél que fue? ¿Por qué se fueron apagando la multitud de voces que lo habitaban hasta volverse una interjección hablante? ¿qué Diego nos privamos de ver? ¿Por qué habría de despedirse en paz y ordenadamente y no con represión, impotencia, multitudes y balas de goma?


Eeehhhhhhhhhhhhhh.



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Algún día verás

Mientras lloro desconsolada e intermitentemente, recuerdo que muchas veces pensé que estábamos asistiendo a la sobrevida de Diego. Tantas veces se mató, tantas veces lo mataron. Nos repetían que había algunos –el “entorno”- que decidían por él, que lo tutelaban cual pobre, loco y ausente. Se me hace difícil pensar tal nivel de intromisión. Sí es verosímil entrever los grupos rotativos de inescrupulosos elegidos por el, renovando las esperanzas, excesos y negocios. 


Me gusta el Diego de Fiorito, irreverente, bardero, popular, amado por el pueblo y odiado por los poderosos. Me dolía ver al Diego cyborg, lento, abúlico, perdido, tomando la bebida del narco que le estaba exprimiendo sus últimos pesos. Me gusta el Diego revolucionario en todos lados, amado por los necesitados de amor, amantes del fútbol, pero mucho más. 


Hace poco lo escuché hablar sobre su mamá, y su hermano  lo repitió esta semana: que si ella viviera, arreglaría todo con dos gritos. Hay un fenómeno muy común, explicado antropológicamente, psicológicamente, hasta biológicamente, que cuando están sonando las campanas del final, nos volvemos otra vez niños. No puedo evitar sentir un paradójico alivio por el fin de su sufrimiento, y en sus propios términos, sonreír por el reencuentro con la Tota y Chitoro. 


Pienso en Dalma y en Giannina, y en todes sus hijes que conocimos hace poco y contengo las lágrimas. 


Elizabeth Roudinesco en su gran biografía sobre Freud, citando a Borges, dice que un hombre solo está verdaderamente muerto cuando muere a su vez el último hombre que lo ha conocido. 


Tenemos garantizada su inmortalidad mientras vivamos. 



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El eco más largo del mundo



Después de horas y horas de ver programas deportivos donde lo más cercano a un argumento o a una reflexión se ve en los cortes, llegando al límite cognitivo de la absorción de palabras, pseudo ideas  y comentarios totalmente contradictorios entre sí llevados al  límite de la paradoja y el paroxismo cósmico, decido escribir para dejar de escuchar.

Desde hace unos días les vengo diciendo a mis amigos y todos aquellos con los que hablamos de fútbol, que –humildemente- lo que tiene que hacer Argentina es resignarse. Sepultar de una vez por todas la supuesta potencia mundial que alguna vez fue. Tener al mejor del mundo de clubes no le da carácter transitivo para la selección. 

El sistema del fútbol argentino está signado por una epistemología de base cero. Una tradición de transmisión -intuitiva- oral es el endeble pilar sobre el cual se organiza el ecosistema que tiene que darle a Messi el ambiente facilitador para que traiga la copa. En este, Maradona puede decir suelto de cuerpo que no hay que comerse el chamuyo de Alemania y perder por goleada, se puede ver al presidente de AFA caminar de rodillas para cumplir una promesa a la virgen, ver al actual DT inventar la etimología de una palabra sin ponerse colorado y hasta negar la planificación como método de trabajo.

El ideal del yo puede ser un gran motor para la vida, pero también un gran freno inhibitorio. La idea de tener algo mejor del mundo entre manos no es para cualquiera, ni siquiera para aquél que sea considerado como tal. Nuestro hombre es el más hermoso en otro contexto, bajo otras normas, dentro de un lenguaje que habla de proyectos, de continuidad, de previsibilidad. Alemania lleva 12 años haciendo más o menos lo mismo, España un poco menos. Acá tenemos al brujo Manuel y un par canales de deportes operándolo con mugre acerca de su vida privada. 

Perder requiere coraje. Perder atraviesa un plano de niveles psíquicos y emocionales que no todos pueden transitar y estar a la altura. Perder requiere una dignidad que la victoria desconoce.

No somos potencia, no podemos atacar todo el tiempo, no podemos salir jugando de abajo, no podemos tener la posesión de la pelota. No ahora, no sabemos, no podemos, no hablamos ese lenguaje. Ya lo dije hace mucho acá

Todo en algún momento se pierde y se desvanece, o es demolido. No es tan grave, viene desde el 86. 
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Una magia modesta

Las comparaciones son odiosas, reza un viejo refrán;  generalmente proferido por quien teme someter algo a comparación.

Este blog está lleno de entradas dedicadas a Maradona, y ninguna a Messi. Y la razón de esta ausencia tiene que ver con la negativa a aceptar de una vez por todas que el reinado de Diego ha terminado. Nada podrá modificar su extraordinaria historia como jugador, su epicidad incuestionable, sus ocurrencias, su impertinencia, su brutal honestidad, sus tantas muertes  y sus tantas “recuperaciones”. 

Podemos dividir el mundo entre aquellos que aman y aquellos que odian a Maradona. Dentro del primer grupo está Lionel Messi.
 
Diego estaba destinado al déficit alimentario, no a ser Maradona. Lionel a ser tan alto como la pulga Quintanita. Pero quién sabe en realidad. Diego es un prócer nacional, adhiriendo a él uno se puede decir patriota e inflar el pecho. Con Lionel uno tiene el encantamiento de la perfección, pero de una perfección algo prestada, ya que no se formó acá como jugador. Esta y que aun no haya ganado un mundial con la selección son las dos patas fundamentales que los idiotas detractores usan en su contra, pero sólo para joder, porque no pueden disfrutar con libertad. Además, ¿qué dudas caben que este muchacho si le ponen 4 tipos de calidad a su alrededor, nos sacará campeones en Brasil? Sabella ya hizo su parte: le preguntó cómo y con quiénes quería jugar. Lo mismo que hizo Diego, lo mismo que hizo Batista (¡que está de pretemporada en Mardel con su equipo chino!), pero distinto, algo sabe.

Thomas Kuhn entendió que un paradigma es un conjunto de ideas  aprobadas y sostenidas por una generación o un grupo coherente de científicos (digamos personas) en determinado momento histórico. Y mientras esas ideas tienen adhesión y coherencia, tienen valor de verdad.  Pero los paradigmas tienen grietas, van perdiendo consenso y entran en crisis. Pero también  los paradigmas son inconmensurables, es decir que no son comparables entre sí. Futbolísticamente es poco fructífero trazar contrapuntos entre ambos, básicamente por el hecho de no haber sido contemporáneos. ¿Quién sabe si Di Stefano podría superar en un pique hoy a Schiavi? O si Sanfilippo podría cabecear entre Echeverria y Paparatto.

Quizás lo que este fútbol argentino necesite para ganar otro mundial es hacer, aunque sea comenzar, el duelo por Diego.
 
Quien ha matado simbólicamente al padre puede ir más allá, pero sirviéndose de él y en paz. Sin tragedia, con amor y agradecimiento, porque no hay padre más habilitante que aquel que entrega sus credenciales y pasa la posta. Y es un giro grupal, social, el que también se necesita para que Lionel nos haga ganar un mundial. Quizás no sea épico ser perfecto, cordial, amable y no estar metido en escándalos, es una versión más modesta y menos magnética para aquellos que congeniamos con la locura, los excesos y  le dejamos la moral a la Iglesia.
 
Sabemos gracias a un cuento de Borges, que entre dos inmortales no se dicen adiós. No estamos preparados, no tenemos la valentía, pero podemos empezar a hacer un como sí, hasta que finalmente suceda. Y ahí  el rey depuesto será aun más grande.
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La nuestra


En el mundo del fútbol domina una lógica con enunciados de base 0, o casi 1. Apenas se pasa del nivel descriptivo, las decisiones son tomadas por razones que obedecen al orgullo, la obcecación, el revanchismo, la conveniencia, la corrupción y todo aquello que vaya en el sentido de la construcción de poder. Tanto he escrito y pataleado que sólo pensar en repetir algo me aburre. Obviamente que, como en todo, existen las excepciones, los dirigentes/técnicos preparados, puros, bien intencionados y capacitados.


En nuestra historia reciente, a excepción de Bielsa y los técnicos que ganaron los dos mundiales para el país, el resto ha hecho sapo en mayor o menor medida. Estoy tentado a pensar que aquello que se forjó sobre la base de dos conquistas muy particulares (con un gran equipo –aunque bajo dictadura- y la otra con el genio de todos los tiempos) y que luego se denominó “la nuestra”, es una mentira. Quizás esas dos conquistas mundiales fueron una discontinuidad en la línea de tiempo del fútbol argentino, quizás fueron dos meses cósmicamente alineados y “la nuestra” no tiene tanto que ver con el buen juego y la calidad de los jugadores, sino con el azar, la discontinuidad y lo imprevisible.

Ya no hay ni tan buenos ni tantos jugadores, han sido reemplazados por atletas mediáticos con un twitter en la cabeza y en el corazón. Y la culpa es de Grondona, ciertamente. El único dirigente que queda de la dictadura sangrienta. El longevo cuervo que no habla una palabra de inglés y aun así es hace décadas el vicepresidente de FIFA. Y de la AFA ni hablar, los guionistas de las películas mafiosas toman nota de sus intervenciones. Es reelegido automáticamente desde hace más de 30 años ya que nadie se presenta a elecciones, y nada parece que vaya a cambiar hasta que vea las flores crecer desde abajo, y eso parece que no sucederá pronto (su madre vivió más de 100 años).

Batista es un técnico sin méritos relevantes, una trayectoria pobre en equipos menores. No es lúcido ni declarando, ni parando a los equipos, ni sosteniendo sus decisiones. El caso paradigmático y escandaloso es el de Tévez. Batista había dicho con tino que no lo tendría en cuenta por motivos futbolísticos, y Tévez, el mal llamado “jugador del pueblo” (si ser irresponsable, poco solidario con sus compañeros, desordenado tácticamente y no acatar las decisiones del dt es algo popular, bueno, que se yo) comenzó el lobby junto a algunos periodistas amigos para su retorno que finalmente se dio con con grandes anuncios como si fuese otro 17 de Octubre. Y Tévez aunque no quieran aceptarlo, es un jugador bueno pero nada más, y en la selección sólo atropelló. Últimamente me gusta pensarlo como la izquierda argentina: irresponsable y adolescente.

Si sos técnico de Argentina y tenés a disposición al mejor del mundo y no podés sacarle un poco el jugo, tenés la culpa. Algunos partidos te lo ganará solo, él o algún otro. Pero si un día plantás un equipo, y al siguiente otro completamente distinto, eso el juego no te lo perdona y se siente. Se siente en un mediocampo quebrado, con la misma falla que tuvo el de Diego en el mundial. Tanto en un caso como en el otro se dejaron llevar por el becerro de oro. Uno siguió el modelo del Barcelona (impractible sin Xavi, Iniesta y Dani Alves), el otro pensó que haciendo muchos goles ganaría, pero se preocupó en crear “un grupo” y se olvidó del equipo. Ambos inexpertos como técnicos, pero las diferencias entre ambos son tan grandes que ni vale la penas enumerarlas, podemos resumirlas de la siguiente manera: uno es Maradona, el otro es Batista.

Sin Bielsa como posibilidad ética-estética-deportiva, todo es lo mismo. Bianchi histérico no te queremos, esto no es Boca. Sabella sería un Bilardito. Russo podría ser. O Cappa, para que nos lleve al descenso a jugar en la Concacaf, total.

Tenemos el torneo más importante de la Argentina para prestarle atención, el más federal, el más imprevisible, el más violento, el más apasionante: el de la B Nacional, donde ninguna generación de jugadores se considera perdida.


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La senda del perdedor

Perder requiere coraje. Por eso los abusones de los colegios luego son alcohólicos. Perder atraviesa un plano de niveles psíquicos, emocionales, económicos (de libido) de la vida cotidiana. Es una verdad de perogrullo y evidente para todo aquel que no haya estado muy adormecido en su vida. Pequeñas pérdidas desde que nacemos: de los dientes, de presencia, de amor, de novias, de desaprobados, de los padres, de los amigos. Todo en algún momento se pierde y se desvanece. O es demolido.

Y cuando un abusón poderoso está en las postrimerías de su ocaso, de morir un poco en vida, algo a lo que se ha negado tanto tiempo, modificando los reglamentos que ahora se le vuelven en contra, genera la sensación de justicia poética. De todas maneras nada de lo que uno piense o quiera modificará lo que va a pasar. Lo lamentaría por mis amigos gayinas (alguno más que otros, otros han abrazado otras camisetas, qbt!) y por su sufrimiento. Otra vez los hinchas son el último orejón del tarro, pero hay que tener coraje para afrentar la derrota, para ganar no se necesita mucho más que hacerlo.

Gimnasia tiene el coraje y la “suerte” del torturado, es el sujeto sartreano que todavía elige darse el ser y la vida en cada partido. El club más viejo y quizás más pobre de la primera división argentina y el segundo club con más hinchas del país están en igualdad de condiciones por un rato, es la redistribución de los derechos.
Las pequeñas muertes se dan en vida, repito. En Psicoanálisis lleva el nombre de castración. Y en ese momento único también se puede tener dignidad, no es algo menor y con el tiempo sus hijos lo valorarán.

Marcelo Bielsa, quizás el técnico más grande de la historia moderna del fútbol argentino lo sabe mejor que nadie: el también prepara a sus equipos para perder, para saber jugar mal. El otro (equipo) es un territorio que confronta y se entremezcla con el propio y al que hay que conocer para dominar, no basta lo que uno haga. Es otro paradigma, de crecer en la derrota y modificar en la victoria (es un genio, él cambia el equipo cuando gana).

Piensen en las chicas que nunca fueron rechazadas, ¡Todo lo que han y seguirán perdiendo!
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Muerto el rey, ¡viva el rey!


“Los sesentas terminaron el día que vendimos la camioneta, el 31 de diciembre de 1969” 
Uno de los hippies a Homero.

 
¿Cuándo se termina algo? ¿Cuándo cambia de estado? A veces darse cuenta es simple y no resiste mayores lecturas. Como David Carradine en Kill Bill 2 explicándole a su hijita mientras preparaba unos sanguches con criminal parsimonia la diferencia entre la vida y la muerte representada por un pez fuera del agua aleteando y un pez fuera del agua sin aletear. Otras veces las pistas se nos hacen opacas y las múltiples intersecciones de un fenómeno nos marean.

Recibí un mail de un maradoneano con esta pregunta: “¿Qué se puede hacer para que Maradona no siga siendo el técnico de la selección?” Le contesté que me era difícil responderle, ya que una de las condiciones para decirse maradoneano es la lealtad, el mismo requisito que pide el peronismo. Esa lealtad que mostró una pincelada en toda la gente que fue a recibir a la selección a Ezeiza. No voy a poder responder a esa pregunta.

Aun así, y declarándome ferviente maradoneano, en este mismo lugar habíamos advertido de que el camino de Diego como DT estaba en pañales. Nadie podría osar decir que no sabe de fútbol, porque si el no sabe de fútbol, ¿qué corno podría decir uno que ha jugado y juega como amateur y lo ve desde hace muchos años por la televisión y de vez en cuando en la cancha? Bueno, creo que algunas cosas se pueden saber y decir, quizás en distintos planos de análisis. Si yo desde mi puf puedo ver por dónde va el juego y que otra cosa se podría hacer, algo anda mal. Un buen técnico tiene que ofrecer cosas que el término medio no puede ver. No digo que Diego no lo haga, pero creo que lamentablemente el acto de bautismo como uno muy bueno todavía no lo ha alcanzado.

El fútbol es un terreno opinable si los hay, pero de todas maneras se piden algunas cuestiones legales para por ejemplo sentarse en un banco de suplentes, como el curso de técnico. Y la experiencia ejerciendo cualquier profesión es intransmisible. De la misma manera nadie puede ser juzgado por no tener experiencia, lo que directamente pone en el centro de la crítica a quien manda: Grondona. El fósil de la calle Viamonte, gran rufián que hace 30 años lleva las riendas del fútbol argentino lo puso a Diego como técnico según dicen como un gesto de agradecimiento por darle tantos años de primeros planos en las luminarias mundiales. Lo que es seguro es que la historia es oscura y difícilmente sabremos poco más. Sus maravillosos insights quizás no hayan encontrado todavía las palabras adecuadas para este otro estado. 

Pero eso ya pasó. Hace 2 décadas que Argentina no figura en lo más alto del mundo en la competencia ecuménica por excelencia. Quizás sea tiempo de repensar si somos la potencia que creemos ser. Al menos ya hemos admitido que Brasil es el padre de la criatura aunque se haya ido en la misma instancia que nosotros (¿Vieron que no hay que festejar derrotas ajenas?).

El Psicoanálisis entiende que el sujeto si de algo no es culpable es de desear, pero si -potencialmente-  responsable. Grondona es culpable y Diego responsable. Los jugadores también, claramente, pero eso abriría un debate que ahora no tengo ganas. De todas maneras, sinceramente no me importa demasiado, mi preocupación está atomizada en mi club, no soy medida. Creo que Diego no debería seguir por múltiples motivos que como feligrés  no voy a enumerar, diré que no era su momento (ni sus colaboradores habían dirigido un equipo de fútbol).

Párrafo aparte para los periodistas deportivos, esta profesión no colegiada que no pierde nunca, canjeadores de ropa por publicidad informal, viles panqueques que viven de la sanata  en pos de vaya uno a saber que cosa, sus sentencias contradictorias y veletas pasan inadvertidas. Todo es ganancia e impunidad, no deben responder ante nadie, no hay deontología  que los haga menos canallas, ni siquiera en su crapulencia saben mucho de fútbol, tanto es así que el mejor es Latorre.

En estos días acentuadamente maradoneanos vi algunos documentales y descubrí con sorpresa y tristeza que uno de los hitos de la carrera de Diego, uno que nos vendieron al infinito había sido adulterado.  En ese video de el pequeño haciendo jueguito en el potrero en blanco y negro, donde siempre escuchamos la siguiente frase: “mi primer sueño es jugar en el mundial y el segundo salir campeón”, en realidad de lo que nos privaron fue del sentido real que toma en su continuación: “…y salir campeón de OCTAVA” (minuto 7.15).

En fin, ¿cómo saber cuando algo se termina? Es complejo. Este amor no terminará. Pero ante la incertidumbre sugiero retomar la idea del duelo, la disposición a. Diego no morirá ni cuando su cuerpo lo haga. Mientras más muerto, más vivo. Su abdicación sería grandeza, su permanencia en las mismas condiciones, otro palazo al avispero.
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País para los viejos

Finalmente grité un gol. El de palermo. Un segundo y un ademán con el brazo fue el festejo. Todo lo demás queda en un segundo plano. Si no hubiese ocurrido este gol, el análisis de todos modos tendría que haber sido benigno: muchos jugadores debutando contra uno de los equipos más defensivos que jamás he visto. ¿Cómo será la infancia futbolística de estos muchachos? ¿Un picado que termina 1 a 0? ¿0 a 0? Que feo de ver, de jugar, de todo. Porque uno puede entender de limitaciones futbolísticas, pero sabiendo que te estás quedando afuera del mundial, tus chances esfumándote ¿esas son tus armas? Había uno que comía algodón, quizás tenga que ver. Los dioses nuevamente no se dicen adiós.

Como reza la frase que se cita en este blog, muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia. Durante el primer tiempo mandé tres mensajes anticipando el gol de Palermo. No necesariamente por visión futbolística, si bien el partido pedía otra cosa –como Palermo- para abrir el cerrojo griego, más bien me movía la épica, la excepcionalidad de un jugador atípico, incuestionable, que hizo un gol con la rodilla rota, que se le cayó un muro con hinchas sobre su pierna, que clasificó a Argentina bajo una lluvia torrencial, que hizo un gol en Cutral Có con la barbilla cortada por una esquirla de bomba de estruendo… y sigue la lista. Su ex mujer no quería dejarlo salir del país porque en el medio de su divorcio lo acusó de evasión fiscal, la misma mujer con la que había tenido un hijo que murió a una edad desacostumbrada –al que le dedica sus goles-.

Algunas biografías están marcadas a fuego y bala (la de Tévez por ejemplo), otras son del montón. Y eso determina en algún punto cómo son como jugadores. La épica le será esquiva a Bolatti seguramente. El jugador y el boxeador tienen muchos puntos de contacto, el famoso “hambre” –literal- que los lleva hacia delante, los motiva y hace que sea difícil que alguien les rompa el espíritu así como así. Ciertamente hay excepciones, como Verón –de lo mejor hoy- y otros en un segundo plano que tienen otros recursos y han tenido obra social toda la vida. Pero lo maravilloso del fútbol es la posibilidad de que los poderosos muerdan el polvo ante los débiles. Pero se necesita un poco de valor y de arrojo como lo hace el Chile de Bielsa por ejemplo. De todas maneras las finales además de la bandera del fair play llevan la del statu quo
Pero aun así.

Cuando se vio que Palermo iba a entrar enfocaron a su madre, su hermano y su hijo, todos lloraban de emoción porque de alguna manera lo sabían, ¿cómo negarlo?, el menos esperado lleva la marca de esos pocos. Los chicos ganan partidos, los grandes campeonatos dice el viejo adagio futbolero. Otro más enigmático reza: “Esto es fútbol”, dando entender que todo puede pasar, que en algún punto también todo puede ser sanata. Pero algo de eso hay sin dudas, cuando los viejos zorros piden cautela e ir paso a paso no tan sólo es por cábala y prudencia, sino que combaten al exitismo y a su animismo haciéndose eco sin saberlo de la llamada docta ignorancia, que es la ignorancia de la sabiduría, la sabiduría de los límites, la sabiduría instruida aunque mal no sea instrumentalmente en un hacer.

Hay una luz impensada en ese banco de suplentes y en algunos jugadores. El juego maravilloso comienza en octavos. Y si se termina rápido no pasa nada, es fútbol. 
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¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!



Siempre quise jugar a ponerle puntajes a los jugadores, esa pavada que hacen los diarios, ¿cómo cuantificar? Es imposible, como sacar a bailar a Ingrid Hammer.

Romero: (6) correcto en todas sus intervenciones, da seguridad y tiene pinta de buenudo aunque el ademán después del gol estuvo a punto de romper la armonía del grupo. Casi hace un gol de arco a arco.

Jonás: (4) sufre marcando el lateral como un testigo falso. Ni fú ni fá. Fue amonestado como un nabo por tirar la pelota lejos. Se pierde el próximo partido, pero volverá.

Demichelis: (3) Lento, falta de timing y encima tiene ese corte de cabello. Parece que los rumores sobre las continuas palizas a su mujer hacen mella en él. Cuando le dijeron que no iba a ir al mundial de 2006 dijo que se iba a matar. Para pensar.

Samuel (-) No jugó lo suficiente diría el periódico. Se le endureció el cerebro y el músculo. No saludó a Diego cuando salió. Antes se apellidaba Luján. ¿Un rompe grupos?

Heinze (5) Perdió las pocas veces que lo atacaron. Intrascendente en ofensiva, aportó mucho diente apretado y lengua a medio sacar, gesto atractivo para la transmisión sudafricana. Lo amonestaron por ser Heinze. Igual tiene banca.

Rodriguez (5.5) Correcto en su función de ir y volver por la banda, se metió poco por el medio, tiró algunos buenos centros. Ahora que Tevez tiene pelo largo se los puede diferenciar bien.

Mascherano (6.5) Lo que nos tiene acostrumbrados: quite, distribución, bien parado en la cancha. Dio una hermosa patada con la que se ganó la amarilla. No hay reemplazante natural en su puesto, aunque Garcé diga que está en las mismas condiciones que los demás y que Bolatti no tenga músculos en la cara.

Di María (5.5) Buen arranque, a él le hicieron el foul para el primer gol. Se fue desdibujando hasta desaparecer por completo en el segundo tiempo. Lagunero como Toni Kukoc. Hizo dos preciosos caños, el segundo como los que hace Riquelme.

Tévez (6) El cancerbero del equipo. Sacrificio y rocanrol. Cuando se acuerda de jugar e ir hacia delante es cuando vemos lo mejor. Su espiritu inquebrantable compensa los lugares poco habituales por donde se mueve. Pelea como el vagabundo contra el que pelea Homero en el bar de Moe, sólo mira atrás para ver si están sus cosas.

Messi (7) Desequilibra casi siempre que la toca. Estuvo más retrasado ante la ausencia de Verón, hizo un par de apiladas interesantes. Todo positivo. Casi hace un golazo. ¿Qué decir? Bueno, que deje de comprar inmuebles en Rosario.

Higuaín (8.5) Tres goles. Uno de culo, otro de chiripa y el tercero gran gesto técnico. Se mueve bien, sabe correr la cancha, ocupar los espacios, se entiende bien con Tévez y Messi. ¿El Bati de Milito?

Burdisso (5) Bien. No se notó su presencia, apenas pasaron por ahí los rivales. Influencia positiva para el grupo, dicen. El hermano será mejor que él.

Agüero. Entró picante. Gran asistencia para el cuarto gol. Demasiado afierrado para ser tan petiso.

Bolatti. Tibión, no se si le da el piné. Look sudafricano. Veremos.

Maradona: Gran taquito y continuas levantadas con la zurda mágica para que saquen el lateral los jugadores. Jamás lo van a ver usar sus manos. El traje le queda pintado y el rosario le aprieta la mano. Lo queremos.

Ahora falta jugar contra alguien que nos exija la defensa y vemos. Piano piano. Hasta los cuartos de final no voy a gritar ningún gol. Tengo testigos.





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El jugador monoteísta


Apenas pisa el césped su mano baja a tocarlo, luego se la besa, dibuja una cruz sobre su pecho y vuelve a besarla. Algunos lo hacen dos veces. Otros no se tocan primero la boca sino la frente. Con algunas diferencias, todos están haciendo algo parecido: llamándolo. Se dice que pocos tienen el número, que Bianchi fue el último y que por eso ya no trabaja, porque no se puede tener contacto tanto tiempo, que el coaxil se cae.

Solemos ver en los bancos de suplente una virgen de Luján, un Gauchito Gil o cualquier ídolo que haga las veces de representante. En el partido contra Canadá, Diego tenía un rosario en su mano (¡contra Canadá!). Algunos jugadores lo llevan tatuado en su cuerpo (y no hablo del 10, que también habita en un par de sus players), otros en sus oraciones. No está mal, todos necesitamos creer que no estamos solos, que existe algún Otro que vela por nosotros.

En los deportes individuales esta reflexión puede hacerse más rápidamente palpable: recuerdo a Bonavena diciendo que cuando se subía al cuadrilátero no le dejaban ni el banquito. Ese Otro (llámese grupo de trabajo, entrenadores, compañeros) tiene sus límites, y gracias que así sea, de otra manera no quedaría lugar al mérito individual, al rasgo característico. Mi entrenador de natación solía decir que en el momento en que uno estaba parado sobre el cubo con su malla, gorra y antiparras ya era tarde para lamentarse de todos los metros que le había robado al entrenamiento, de las agarradas al andarivel, del esfuerzo escamoteado por alguna dudosa razón, uno estaba ahí solo frente a lo que tenía que hacer. Como si hubiese sido ayer, siento la sensación de los pies helados sobre el cubo de partida en una pileta de La Pampa; un sábado a las 8 de la mañana.

Venimos escuchando sin cesar a los “periodistas” que están cubriendo la previa del mundial en Sudáfrica –tienen más de coordinadores de viaje de egresados que otra cosa- que hay un buen grupo, un excelente clima entre los jugadores, que los campeonatos de truco van bárbaros y que Tévez duerme solo porque tiene ligeras tendencias al exhibicionismo. TyC le dedica la transmisión entera a algo que todavía no es fútbol, porque hasta ahora no se pudo ver nada y eso da lugar a las más risibles conjeturas. Pura sanata diría el periodista y actor cómico Horacio Pagani. Cada conferencia de prensa empieza preguntando el peligroso Arévalo, el masajeador más importante que tiene la compañía. Sólo me interesan las noticias de fútbol, quién puede llegar a jugar y dónde, nada más. El resto es pura sanata.

El deporte colectivo tiene muchas cosas geniales, una de ellas es el compromiso y la solidaridad con el compañero, se puede hasta adquirir una dinámica y un conocimiento tal entre once personas que uno puede pasarle la pelota al compañero sin mirarlo porque sabe que va estar ahí, y en general está. Pero esas cosas se dan con el tiempo y la práctica, y este equipo todavía no ha dado pruebas de funcionamiento estrictamente futbolístico. La única medianamente aceptable fue esa victoria ante Alemania jugando de una manera bastante amarrete, que para los bielsistas como uno lo dejan con un gusto amargo.

¿Quiero que ganen? Obvio. ¿Banco a Maradona? Obviamente. Freud en su texto Tótem y Tabú –uno de los que más orgulloso estaba de haber escrito- realiza algunas consideraciones sobre el mito de la horda primordial, el lugar del padre, el tótem, bueno, varias cuestiones que inclusive la antropología le ha dado el visto bueno. El padre de la horda es asesinado, el padre que tenía a todas las mujeres, y es su muerte lo que lo eterniza al introyectarse en cada uno de los del clan que han participado en el asesinato; esa culpa y ese trabajo de redención, génesis de la religión.

Burdamente planteado, pero ahora: Maradona el indiscutido, el mejor de todos, ¿cómo funcionará para los jugadores? ¿Será el padre terrible o será el representante de la ley que pacifica, comparte y permite? Es difícil saberlo, cuando termine la participación de la selección veremos.

Me divertía pensando en que todos los jugadores deberían ser ateos, o agnósticos cuanto mucho, así tendrían que verse forzados a creer en sus compañeros y en sus propias habilidades y no tanto en la virgen de Luján, en el gauchito o en el Dios del fútbol parado del otro lado de la línea del lateral. O quizás esa línea real marque lo que no está inscripto del todo en lo simbólico, que el mejor jugador de todos los tiempos ahora es un abuelo que tiene canas y lamentablemente no le pega más a la pelotita.

Ahí sabrán que les han quitado hasta el banquito.
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La flecha del tiempo


Tengo una pequeña argucia como ayuda-memoria: los mundiales. Si me preguntan qué hice el fin de semana pasado voy a tardar un rato en responder, quizás no pueda contestar, pero si me preguntan dónde estaba en el mundial 90, en el 94, 98, 02 y 06 (para el 86 era muy niño) puedo responder rápidamente y sin dudar. Cada partido está asociado a circunstancias únicas e irrepetibles como es un mundial de fútbol, pequeños hitos. En inglés es más gráfico y tiene más fuerza: “milestone”.

Todo enfermo de fútbol podrá entender fácilmente, aquellos que no lo sean quizás puedan relacionarse a una pasión, y para aquellos que hablan mal del fútbol y como Sebreli y Borges ("El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra") y lo reducen a 22 personas corriendo detrás de una pelota -entre otras cosas-, bueno, yo les digo directamente: son burros. ¿Se imaginan a Sebreli haciendo el gesto posterior a un foul de que fue a la pelota? ¿O a Borges tirando “la boba”? Más bien me lo imagino a Borges picando al vacío, o a Sebreli haciendo tiempo.

Si bien no es necesario haber hecho algo –en este caso practicado el deporte- para poder disfrutarlo, el haberlo jugado te da la experiencia en carne propia, las sensaciones y el conocimiento del juego que de otra manera es imposible. La experiencia tiene algo de inefable e intransmisible: desde jugar un deporte, haber besado a esa mujer o hacer la experiencia del inconsciente en un análisis. Los que pasamos nuestra infancia en pequeñas ciudades sabemos de la pelota de trapo, los partidos a 20 goles o hasta que no haya más luz –y aun así-, el pan y queso, las reglas ad hoc según el barrio (recuerdo un vecino que cuando atajaba decía: “no vale con toda" -si, con a, en esa época se decía así, como dice el abuelo Simpson- y algunas jugadas. Uno puede recordar jugadas de la primaria, de la secundaria, atemporales. A mí me encanta defender, obviamente su génesis tiene que ver con la ausencia de talento para la construcción, pero encontrar a alguien que le guste defender no es común, sacrificarse por el equipo. Los goles son contados, hace poco convertí mi mejor gol: de espalda al arco, piqué la pelota y la puse por arriba del arquero. Si, no pidan explicaciones, fue así. Heroico y levantó los aplausos de los espectadores.

Pero me estoy desviando como siempre, los mundiales. Ya están llegando las propagandas que apelan al sentimentalismo barato, que aun así no son indiferentes, pero agotan y sobre excitan la chances reales que tiene la selección para que le vaya bien en el mundial. Creo que esta vez, con lo que presumo será un juego bastante amarrete, llegaremos más lejos que otras veces. El conductor del equipo, la más maravillosa música alguna vista sobre el verde césped, está comenzando su camino como dt con la selección. Maradona es Maradona en todos lados, no esperen otras cosas, esperemos un poco de Messi ahora.

El fútbol es un fenómeno complejo y un deporte cada vez más sucio, ni los jugadores se salvan, pero los mundiales tienen otra cosa, es verdad que se reparte muchísima plata entre federaciones, jugadores, etc., pero en general éstos ya son millonarios, y se apela a que se juegue por el orgullo y por la gloria que alguna vez anhelaron de pibes. Si esas dos cosas no son suficientes, ¿qué más lo es para motivarse? ¿Qué ya nadie quiere el bronce?

Con el paso del tiempo algunos nos vamos volviendo un poco más tolerantes en lo que a fútbol respecta, tolerante no significa menos apasionado, sigo siendo indiferente a todos los clubes salvo con el mío, odio un par, pero con lo que me hace sufrir el propio tengo suficiente.

No me subí a una camioneta en el 90, sabía que no tenía que hacerlo, dije “diego diego” al unísono con Caniggia en el 94, falté varias veces a Inglés en el 98 y me levanté temprano para ver cualquier partido en el 02. En el 06 admiré maravillado al más grande después de Diego: Zidane.

Todavía no me doy cuenta que casi estamos, mi indiferencia se va desvaneciendo y Junio y Julio del 2010 preparan los surcos en mi memoria, la banderita de referencia para recuperar los hechos y las sensaciones. ¿Habrá una pequeña épica al menos para inmortalizar en el almanaque?

Por las dudas voy haciendo lugar: nadie recuerda las propagandas, pero si algunos goles y a los buenos jugadores.
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Fervor de Buenos Aires


“...porque se equivoque uno no tiene por qué pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”.
D.A.Maradona


Y vaya que ha pagado. Y lo sigue y seguirá haciendo hasta el fin de sus días –que ya son todos de regalo-. Es una obviedad que ser él es muy difícil. Ha sido el muchacho díscolo desde que apareció en la primera división con tan sólo 15 años y ha estado en todos los medios del país y el mundo desde entonces. Su carrera y vida pública son muy conocidas tanto como su vida privada.

Post partido ante Uruguay: “que la chupen, que la sigan chupando”. Yo pongo el énfasis en la palabra “sigan”. Ejemplifica bien dónde está parado el 10. Si bien desde que asumió como DT de la selección -de más está decir que como DT no debería osar dirigir ninguna cosa- la cantidad empalagosa de elogios que siempre ha recibido mermó, pero los medios y sus amigos en negocios se la han estado chupando desde fines de los 70s. Es una sutileza, sólo un cambio de cualidad.

Maradona 100%. Lo que Diego puso de manera brutal en evidencia era que todos se la han estado chupando y seguirán, solo que de un modo chocante, como cuando alguien dice algo que todos piensan y nadie se anima a decir: el efecto es instantáneo y sin lugar a dudas o todos se ríen o se sienten embargados de vergüenza, lo siniestro tiene lugar, lo horrible emerge de entre lo familiar.

Niembro & Cía hace un tiempo pedían a gritos que había que darle una oportunidad a la “generación del 86”. Bueno, acá están los resultados de esta gente poco profesional. Pero así es Maradona: intratable por donde se lo miren, tiene su ley propia, ley que construyó junto al mundo periodístico que ahora se levanta las medias después de que los mandara a hacer la primera acción que hace un ser viviente. Como si no nos diéramos cuenta que Fantino y Vignolo están duros, que Veira debería estar preso y de que Closs le pegaba a la hija de Bianchi y a Luciana Aymar.

Las críticas tienen el mismo tono que le hace la oposición al Gobierno. Grondona, el ferretero de Arsenal, por alguna curiosa razón se aferra a la vida –su madre vivió más de 100 años- acomodándose y traicionando a quien sea, Grupo Clarín incluido, quien lo ayudó a construir este poder corrosivo. Grondona dirige la AFA desde hace 30 años y es vicepresidente de la FIFA hace más o menos lo mismo sin saber una gota de inglés.

Maradona, el único jugador que luchó para crear la Asociación de Jugadores a nivel mundial –es decir, crear el gremio- llevándole la contra a la FIFA, organismo que nunca lo quiso y que puso a una mujer rubia y regordeta –inocua ideológicamente- en el campo del mundial 94 para llevarlo al antidoping de la mano.

Los Simpsons lo respetan, en cambio a Pelé le ponen bolsas de dinero en sus manos por dar el puntapié inicial en un partido o por auspiciar cualquier marca.

Diego atacó a la Iglesia, cambió de partido político según el viento, tiró balinazos contra los periodistas, asumió su adicción a la cocaína mil veces, se lamentó no haber sido mejor jugador si no hubiese tomado, y así totalmente dado vuelta dio mil entrevistas donde el periodismo se regodeó deseando que explotara como un chancho.

Cuando decía cosas como que Pelé debutó con un pibe, ese reaccionario sector que va con el viento del lugar que más rédito de, se reía y comía de ese manjar, ebrios de poder y vanidad. Hoy Maradona está más cerca de ser el peor DT de la historia de la selección, aunque seguramente pasará la primera ronda del mundial e irónicamente llegará más lejos que el gran Bielsa.

Maradona siempre lo dijo, no es modelo de nadie, no se lo puede atacar por ese lado, difícil sería querer que alguien que queremos siga su ejemplo. No tiene sentido correrlo por ese lado. Ese Diego que andaba en camión por el barrio de Mirtha Legrand, tiraba fuegos artificiales a la tarde y amagó a comprar todo el vecindario cuando se le fueron a quejar es el mismo ingobernable de hoy y de siempre. Por eso no me sorprendo ni dejo de quererlo, sólo lamento que juguemos tan mal.

Papelones y vergüenza da el tipo de la foto, siervo de la FIFA, o lo que hace Bilardo - ex candidato a presidente de la Nación- y Grondona.

Lo que hace Diego es de Diego, el que le dio dignidad al sur de Italia, el que murió en Punta del Este, tiritó en Cuba, hizo tele, un jugador mediocre lo hizo abuelo y ahora junto a un cuerpo técnico de gente poco proba nos llevará a pasear a Sudáfrica donde la masa autóctona de allí sabrá valorar al que viene del y vive en el barro como ellos, el que puede sintonizar emocionalmente con casi todos, el que se supera en cada doble negación.
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