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Aquel baúl que atesorabas



No se puede dialogar con el dolor físico decía Ciorán en uno de sus aforismos de “Ese maldito yo”. Voy a intentar contradecirlo a pesar de mi fiebre. No quiero imaginarme lo que debe ser tener algo realmente grave, algo donde ese barco con un solo tripulante amenace con venir a segar lo que otros sembraron.

Hay canciones y discos que quedan asociados a momentos de la vida de uno por los motivos que sean. Luego, cada vez que suenen los primeros acordes o reconozcamos la melodía, ese recuerdo estará mucho más cerca que otros, no tanto por su fuerza sino por el lugar que ocupa.

A veces no sabemos por qué nos acordamos de algunas cosas y necesitamos una pequeña reconstrucción, una limpieza del camino de asociaciones, otras no lo sabremos jamás. Ayer mientras volvía en el micro de capital y trataba de mantener una charla animada con un par de colegas (me da impresión la palabra, pero es la que más justicia le hace a la relación que tengo con ellos) recordé dos canciones de una ignota banda argentina que pasó casi desapercibida cuando estaba en vida. La lluvia golpeaba el vidrio, mi garganta ardía y apenas podía tragar, el olor a baño nos buscaba desde atrás.

Fue en el año 2003 si mal no recuerdo, en un outlet en el Malvinas cuando los vimos por primera vez a los Subsole, cerca de las 4 de la tarde. Había muy poca gente a esa hora y sus desesperadas y lúgubres letras nos encandilaron y compramos su disco. Luego caminando de regreso por 51, sin saberlo detrás de ellos, escuchamos que comentaban incrédulos que habían vendido un disco.

Pero las dos canciones que recordé no estaban en su disco debut, sino en un ep que sacaron después llamado “pasatiempo” (click para descargar) que tiene un par de reversiones de canciones y estas dos maravillas que adjuntaré. Un vuelo poético quizás nunca alcanzado por ninguna otra banda que pueda llegar a ser puesta bajo la cada vez menos representativa etiqueta del “indie”. Oscuridad, gritos y soledad, como Don Cornelio sin pero sin cocaína y sin amplificación. No supe más nada de ellos, seguro implosionaron por el propio peso de lo que tenían entre manos.


NO QUIERO

No quiero saber de tu antiguos amores / nombres que ya son del tiempo / espejos retrovisores.
No quiero saber quién te robó la risa / no tengo prisa en conocer /al inventor de la ceniza.
Tantas veces juramos un último encuentro / y nunca pasa mucho tiempo / hasta volvernos a encontrar.
No quiero explicar / ni quiero hablar de lo que siento/ quiero que mientas y me digas
que me crees cuando te miento.
Suele ocurrir / inoportuno son los años /no se por que empeñamos /en esta procesión de daño.
Y cada vez / Es más triste este cuento /Es más oscuro nuestro invierno / Y queda menos que decir.


Y la fílmica:

DISTANCIA

Yo vigilé aquel baúl que atesorabas / vacilé con timidez ante tu diario
me rendí maravillado a tu anorexia / al desorden voraz de tus horarios.
Me desperté una mañana entre tus vicios /me abracé a tus caprichos insolentes
cuando quise volver a ser el que había sido /algo se había perdido para siempre.
Ahora queres saber cuanto queda entre nosotros / distancia es todo lo que hay
entre nosotros.
En la ventana se insinúa la mañana / Los vecinos se despiertan
afuera aclara / entonces te preguntas / ¿acaso es demasiado tarde?
no siempre es recomendable / Darle tiempo al tiempo.
ahora querés saber cuanto queda entre nosotros
distancia es todo lo que hay / entre nosotros.



La belleza puede manifestarse de muchas formas, es sabido. Mi recuerdo de estas canciones fue feliz, nada melancólico, quizás porque mientras intentaba dialogar con mi cuerpo no podía, la fiebre piqueteando los hilos. Como sea, ¿cómo no conmoverse ante una declaración de rendirse maravillado a su anorexia, al desorden voraz de sus horarios?

Las transformaciones de la angustia. Si alguien se angustió le dejo una sugerencia gratis sin pagar la consulta, aunque llevarlo a la práctica sea difícil: la mejor vacuna es desear. Contra la angustia, deseo.

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El jugador monoteísta


Apenas pisa el césped su mano baja a tocarlo, luego se la besa, dibuja una cruz sobre su pecho y vuelve a besarla. Algunos lo hacen dos veces. Otros no se tocan primero la boca sino la frente. Con algunas diferencias, todos están haciendo algo parecido: llamándolo. Se dice que pocos tienen el número, que Bianchi fue el último y que por eso ya no trabaja, porque no se puede tener contacto tanto tiempo, que el coaxil se cae.

Solemos ver en los bancos de suplente una virgen de Luján, un Gauchito Gil o cualquier ídolo que haga las veces de representante. En el partido contra Canadá, Diego tenía un rosario en su mano (¡contra Canadá!). Algunos jugadores lo llevan tatuado en su cuerpo (y no hablo del 10, que también habita en un par de sus players), otros en sus oraciones. No está mal, todos necesitamos creer que no estamos solos, que existe algún Otro que vela por nosotros.

En los deportes individuales esta reflexión puede hacerse más rápidamente palpable: recuerdo a Bonavena diciendo que cuando se subía al cuadrilátero no le dejaban ni el banquito. Ese Otro (llámese grupo de trabajo, entrenadores, compañeros) tiene sus límites, y gracias que así sea, de otra manera no quedaría lugar al mérito individual, al rasgo característico. Mi entrenador de natación solía decir que en el momento en que uno estaba parado sobre el cubo con su malla, gorra y antiparras ya era tarde para lamentarse de todos los metros que le había robado al entrenamiento, de las agarradas al andarivel, del esfuerzo escamoteado por alguna dudosa razón, uno estaba ahí solo frente a lo que tenía que hacer. Como si hubiese sido ayer, siento la sensación de los pies helados sobre el cubo de partida en una pileta de La Pampa; un sábado a las 8 de la mañana.

Venimos escuchando sin cesar a los “periodistas” que están cubriendo la previa del mundial en Sudáfrica –tienen más de coordinadores de viaje de egresados que otra cosa- que hay un buen grupo, un excelente clima entre los jugadores, que los campeonatos de truco van bárbaros y que Tévez duerme solo porque tiene ligeras tendencias al exhibicionismo. TyC le dedica la transmisión entera a algo que todavía no es fútbol, porque hasta ahora no se pudo ver nada y eso da lugar a las más risibles conjeturas. Pura sanata diría el periodista y actor cómico Horacio Pagani. Cada conferencia de prensa empieza preguntando el peligroso Arévalo, el masajeador más importante que tiene la compañía. Sólo me interesan las noticias de fútbol, quién puede llegar a jugar y dónde, nada más. El resto es pura sanata.

El deporte colectivo tiene muchas cosas geniales, una de ellas es el compromiso y la solidaridad con el compañero, se puede hasta adquirir una dinámica y un conocimiento tal entre once personas que uno puede pasarle la pelota al compañero sin mirarlo porque sabe que va estar ahí, y en general está. Pero esas cosas se dan con el tiempo y la práctica, y este equipo todavía no ha dado pruebas de funcionamiento estrictamente futbolístico. La única medianamente aceptable fue esa victoria ante Alemania jugando de una manera bastante amarrete, que para los bielsistas como uno lo dejan con un gusto amargo.

¿Quiero que ganen? Obvio. ¿Banco a Maradona? Obviamente. Freud en su texto Tótem y Tabú –uno de los que más orgulloso estaba de haber escrito- realiza algunas consideraciones sobre el mito de la horda primordial, el lugar del padre, el tótem, bueno, varias cuestiones que inclusive la antropología le ha dado el visto bueno. El padre de la horda es asesinado, el padre que tenía a todas las mujeres, y es su muerte lo que lo eterniza al introyectarse en cada uno de los del clan que han participado en el asesinato; esa culpa y ese trabajo de redención, génesis de la religión.

Burdamente planteado, pero ahora: Maradona el indiscutido, el mejor de todos, ¿cómo funcionará para los jugadores? ¿Será el padre terrible o será el representante de la ley que pacifica, comparte y permite? Es difícil saberlo, cuando termine la participación de la selección veremos.

Me divertía pensando en que todos los jugadores deberían ser ateos, o agnósticos cuanto mucho, así tendrían que verse forzados a creer en sus compañeros y en sus propias habilidades y no tanto en la virgen de Luján, en el gauchito o en el Dios del fútbol parado del otro lado de la línea del lateral. O quizás esa línea real marque lo que no está inscripto del todo en lo simbólico, que el mejor jugador de todos los tiempos ahora es un abuelo que tiene canas y lamentablemente no le pega más a la pelotita.

Ahí sabrán que les han quitado hasta el banquito.
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La pelea


Este blog debe su nombre a la primera novela de Norman Mailer, a la cual le debo una entrada aquí mismo. Estos últimos tres años le he dedicado al menos la mitad de mi tiempo de lectura a sus obras, y es tan vasta y soy tan inconstante que aun me queda bastante por leer. Con Norman compartimos el gusto por el boxeo y las letras. Hay una larga tradición de escritores amantes del boxeo, tanto en su práctica como en su contemplación. Alguna vez dije que no existe mucha diferencia entre escribir y golpear.

Cuentan que Hemingway escribía para vivir y peleaba por diversión. Uno de sus oponentes frecuentes era el novelista canadiense Morley Callaghan, quien una vez le rompió la cara después de que Scott Fitzgerald, el cronometrador, dejara que el asalto durara demasiado. Si bien parece haber sido un accidente, Hemingway nunca olvidó el percance y jamás perdonó a Fitzgerald. Hemingway también peleó con el poeta Ezra Pound y con Tom Heeney, quien a su vez combatió contra Gana Tunney por el título mundial en 1928. Cortázar al llegar a Paris trabajó como relator de peleas para una cadena de México pero duró poco porque su erre le jugaba trampas cuando se emocionaba relatando y hacía inentendibles las transmisiones.

Pero otra vez se trata de Mailer. En 1975 publicó “The fight”, pequeña obra que ilustra e ilumina lo que se conoce como la pelea más importante de la historia del boxeo entre George Foreman y Muhammad Ali. Decir que solamente se trata de boxeo sería simplificarlo al extremo. La pelea fue llevada a Zaire por el incipiente promotor Don King, quien les había prometido 5 millones de dólares –que no tenía- a cada boxeador. El dinero salió de los bolsillos del dictador Mobutu, quien utilizó la pelea como intento de blanquear su imagen ante el mundo.

Norman cuenta al detalle y de manera maravillosa su periplo como enviado a cubrir la pelea. La noche anterior al evento habían asesinado gente en ese mismo estadio, se podía oler la sangre debajo del aserrín. Una madrugada Norman salió a trotar junto al campeón, Ali lo respetaba porque sabía que el petiso era grande, testarudo, apasionado y no le rendía pleitesía cara a cara.

Busqué ese libro por todas librerías de calle Corrientes y no tuve suerte, tampoco en internet, estaba agotado desde hacía años y nunca se había vuelto a editar. Le comenté esto a una amiga que estaba viviendo en Miami y una vez que vino de visita me lo trajo de regalo. Fui muy feliz. Me lo devoré en su idioma original y la sensación fue agridulce: la potencia del original es difícil de reproducir en la traducción.

De todas maneras, y siendo un amateur en esa profesión, pensé en traducir yo mismo el libro, sé que hay un público que lo leería más que agradecido. Y así como así, pensé en Anagrama y les escribí un mail contándoles lo que quería hacer. Me contestaron al día siguiente de muy buena manera, conocían el libro, habían editado algunos capítulos en América, uno que recopila artículos de Mailer y varias cosas más muy amables pero diciendo que por el momento tenían la agenda cerrada. Un rechazo inglés que me dejó conforme. Luego escribí a algunas editoriales argentinas y nada, ni las supuestamente interesadas en el deporte, ni las más pequeñas y rascas. Nada. No reply.

Decidí comenzar para que al menos pudieran leerla mis amigos. No hice ni un capítulo entero, pero la voy a terminar algún día tan sólo por placer.

Es muy difícil hacerle justicia a algunas construcciones de Mailer.

Así comienza:

“Siempre es un shock volverlo a ver. No en vivo como en la televisión sino parado frente a ti, luciendo en su mejor forma. Luego el Atleta más Grande del Mundo corre el peligro de ser nuestro hombre más hermoso, y el vocabulario del Campamento está condenado a aparecer. Las mujeres dibujan una respiración audible. Los hombres miran hacia abajo. Se les recuerda nuevamente su falta de valor. Si Ali nunca hubiese abierto su boca para hacer temblar la gelatina de la opinión pública, aún así inspiraría amor y odio. Porque él es el príncipe del cielo, así lo dice el silencio alrededor de su cuerpo cuando él es luminoso.

Sin embargo, cuando está deprimido, su piel se vuelve de color café con leche aguada, pero sin crema. Un verde mórbido como el de una mañana depresiva. No se lo ve bien. Esta sería una justa descripción de cómo apareció en el gimnasio de Deer Lake, Pennysylvania, una tarde de Septiembre siete semanas antes de su pelea en Kinshasa con George Foreman…”


En una hermosa nota que escribió Tomas Eloy Martinez cuando murió Mailer, recordaba sus dos encuentros con él, separado por doce años. El primero en 1979. Yo recorto este pedazo:

"Como a las nueve, después de haber sudado todas las intoxicaciones de la noche, se dispone a boxear dos rounds de tres minutos con José Torres. En el ring, el ex campeón fintea, esquiva los golpes del escritor con displicencia y cada vez que los brazos cansados de Mailer se desorientan, dejando al descubierto la cara, Torres lo toca con suavidad. Los tres minutos parecen un día. "Aguanta un poco más, Norman", trata de alentarlo el campeón. "A mí también me duelen los brazos." "No me mientas", replica Mailer. "A un peleador de tu clase nunca se le acaba el aire."

El intervalo entre un round y otro tarda otra eternidad. Antes de empezar el segundo, Mailer me pide que lleve la cuenta y haga sonar el timbre con puntualidad. Avanza hacia el centro del ring, trata de acertar un jab, pero Torres le adivina la intención antes de que haya movido los brazos. A los dos minutos, las piernas del escritor se quedan rígidas, en la frontera del calambre. Alarmado, toco el timbre y anticipo el fin del round. Mailer se inclina, enfurecido: "Nunca le hagas eso a un boxeador", reclama. "Nunca lo humilles."


El jugo brota de los párrafos. Lo difícil parece ser saber cuándo detener (se).


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Canción desesperada


Ayer mientras miraba uno de los documentales que trae el DVD Gouge - que cuenta algo de la historia de Pixies- tuve de nuevo esa certeza de que son una de las bandas más geniales de la historia, de mi historia. Siempre le presté mucha atención a las letras. En este caso es una combinación perfecta entre la música, lo que se dice y cómo se dice. O cómo se grita. Charles Thompson (a.k.a Frank Black) es uno de los compositores americanos más originales que se pueda conocer, antes de Pixies es difícil encontrar una banda a la que relacionarlos directamente. Cuando aparecieron, los charts estaban dominados por bandas como Poison y ese pseudo metal berreta, y así como les sucedió a los Ramones, primero fueron reconocidos/entendidos en Europa. Beatles, Buddy Holly y las canciones de dos minutos.

Charles cuenta que cuando conoció al genial guitarrista Joey Santiago y decidieron formar una banda, supieron que no lo harían para divertirse y perder el tiempo, sino para que sucediera algo. Y la primera vez que tocaron supieron por el feedback con la gente que realmente iba a suceder algo.

Grabaron su primer demo de 18 canciones, la pequeña compañía con la que firmaron le dijo a la banda que no necesitaban grabar un disco, seleccionaron 8 y de esa manera editaron “Come on pilgrim” (1987). Charles tenía 22 años.

Su singular forma de escribir está atravesada por algunos recursos que habían sido poco usados hasta ese momento, una suerte de collage surrealista donde las referencias al Antiguo Testamento se mezclaban con las motocicletas, el desierto, el incesto, le asesinato, el amor y desesperación. Angustia en su fondo y en su forma, pero como sabemos, cuando esto lo presenciamos en clave de arte podemos disfrutarlo y no sólo sufrirlo. Los Beatles psicóticos los llama Bowie en el documental.

Como fan de ellos y de las letras estoy llegando al lugar que quería, citar algunas de sus canciones. Y como creo que la mayor traición al traducir se produce con la poesía, lo lamento por quienes no sepan inglés, trataré de no caer en esa tentación.

De este primer disco, recorto dos canciones maravillosas, la primera es Caribou:

"I live cement / I hate this street / Give dirt to me
I bite lament / This human form / Where I was born
I now repent / Caribou
..."

Y Nimrod´s son

"...In my motorcycle mirror I think about the life I've led /
And how my soul's been aking all the holes where I have bled /
My image spoke to me, yes to me and often said /
'You are the son of incestuous union'..."


Luego llega el segundo disco, con la producción de Steve Albini y es el que para muchos es su punto máximo, el groundbreaking, llamado “Surfer Rosa” (1988). “It´s a horror record, it´s really really really fucking violent” dice Thom Yorke. Bowie resalta la dinámica –que no era obvia en aquel momento- de tranquilidad de los versos y la erupción hacia el coro. Bono adhiere y dice que eso lo inventó Pixies (si, Bono, lo banco).

También hay humor, el humor que permite una aguda observación; quizás demasiado consciente.

Leamos algo del segundo disco, la sobrecogedora Cactus, probablemente mi favorita:

"Sitting here wishing on a cement floor
Just wishing that I had just something you wore
I put it on when I grow lonely
Will you take off your dress and send it to me?

I miss your kissin' and I miss your head
And a letter in your writing doesn't mean you're not dead
Run outside in the desert heat
Make your dress all wet and send it to me

I miss your soup and I miss your bread
And a letter in your writing doesn't mean you're not dead
So spill your breakfast and drip your wine
Just wear that dress when you dine

Bloody your hands on a cactus tree
Wipe it on your dress and send it to me
."

En Break my body

"I'm the hard looser

You'll find me crashing through my mother's door
I am the ugly lover
You'll find us rolling on the dirty floor
Break my body, hold my bones, hold my bones
..."


Al año siguiente llega Doolittle (1989), el álbum más pop donde alcanzan su cima y por ende comienza el tobogán (¡El tenía 24 años!). Hey se lleva el podio:

"Hey /Been trying to meet you
Hey / Must be a devil between us
Or whores in my head
Whores at my door
Whores in my bed
But hey /Where
Have you /Been
if you go I will surely die
We're chained..."


En Wave of mutilation

"...I've kissed mermaids, rode the el nino
Walked the sand with the crustaceans
Could find my way to mariana
On a wave of mutilation,
Wave of mutilation..."



O en Gouge away

"Gouge away /you can gouge away
stay all day /if you want to
sleeping on your belly /you break my arms
you spoon my eyes / been rubbing a bad charm
with holy fingers
..."

Cuatro personas vestidas de entrecasa haciendo musica extraordinaria.

Al año siguiente llegó Bossanova (1990). Ya se ven signos de agotamiento de la maravilla. Y en sus propios términos está bien, porque algo tan candente y excitante no puede durar mucho. Tampoco lo hicieron los Clash. Signos de libertad y de que cada uno estaba por empezar otro camino. Aparecen los ovnis y las peliculas clase b americanas. “Parece música de los cincuentas hecho por psicópatas” dice Graham Coxon.

Leamos:

Velouria

"Hold my head /We'll trampoline
Finally through the roof /On to somewhere near
And far in time / Velouria
Her covering /Travelling career
She can really move /Oh velveteen!
My velouria/ my velouria
Even I'll adore you /My velouria
..."


Is she weird

"Is she weird
Is she weird / is she white
Is she promised to the night
And her head has no room
And her head has no room
Your heart is ripshit
Your mouth is everywhere
I'm lyin' in it
..."

Finalmente en 1991 sacaron “Trompe le monde” un disco irregular que delataba que el volcán estaba quedándose sin lava. Quizás dijeron todo lo que tenían para decir. Sin ellos ni Nirvana ni Radiohead hubiesen existido.

Dejo en la mesa de sus ojos lo que yo creo que es evidente: la belleza y la fuerza de sus canciones. Y como esto ya se hizo demasiado largo me gustaría dejar planteada la pregunta acerca de si un artista puede alcanzar su cima compositiva a una temprana edad y luego no poder igualarla nunca, gérmen de los reproches de los fans que no entienden nada.
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El porvenir es largo


"My father was a great literature teacher; he taught me the meaning of pain. Pain without reason"



Eso dice Bukowski en una entrevista. Su padre fue un gran maestro de literatura porque le enseñó el significado del dolor.

Esa frase también podríamos atribuírsela a Jack, el personaje que a pesar de no ser el favorito de la mayoría, terminó comiéndose la serie Lost.

Tan difícil de abarcar e inconexa es en muchos puntos de su trama que no caeré en la trampa de intentar cerrar las preguntas y los sentidos que dejó abiertos. De hecho creo que ese es su gran logro, haber mantenido en vilo durante seis años a millones de personas y finalmente dejarlos expuestos ante la sensación de estafa. Pero quienes sientan eso yo los digo que no entendieron el espíritu de la serie. La serie los dejó en la posición que me gusta llamar de “horror ante un círculo abierto”. Algunos no tenemos problemas con eso.

Vamos a la escena final donde Jack se tira a morir en el lugar donde había aparecido la segunda vez que llegó a la isla. Con dificultades por su herida mortal, logra acostarse y rápidamente comienzan los estertores que hacen de prólogo al apagón. Nos dejan un instante para la tristeza pero inmediatamente aparece Vincent, el perro de Walt (que para mí se convertirá en el nuevo Jacob y los enterrará a todos los que quieran atacar la isla. El perro digo eh.) y Jack sonríe un poco aliviado. Se sabe que cualquier cosa donde haya un perro es mejor. Ya la muerte está suavizada, es más amigable. Segundos después cuando ve pasar el avión que lleva a algunos de sus amigos, aparece la sonrisa americana del deber cumplido.

Se dice que el ojo es la ventana al alma. Pero ¿Que tal si no hay alma detrás del ojo? ¿Que tal si el ojo es un agujero a una fundamental nada? ¿Que tal si del otro lado hay un olvido completo, inasible y descomunal? Siguiendo la lógica planteada por la serie: ¿cual es el mecanismo por el cual uno al morir olvida eso que sucedió allí y no otra cosa? ¿Por qué al tocarse entre sí comienzan a acordarse? ¿De qué se trata esa materialidad? No hacen falta las respuestas, es tan sólo una serie. Las respuestas de este lado son menos alentadoras. Una de las funciones de la memoria es olvidar, pregúntenle a Funes el memorioso a ver que dice, si no le vendría bien un poco de olvido.

Finalmente, la cámara con ellos en la Iglesia se funde en blanco (y no en negro, esta elección no es para nada casual) y aparece sobre el ojo de Jack, ojo que está a punto de cerrarse. Recordé la escena de Psicosis de Hitchcock cuando la cámara después del asesinato en la baño se pierde junto a la sangre y al agua por el agujero de la bañadera y se metamorfosea hacia el ojo de la muerta, con la ligera diferencia que ese ojo ha quedado abierto, lo que lo hace mucho más terrible, porque ¿quién aguanta mucho tiempo la mirada de un muerto?

El ojo de Jack, el ojo de alguien mucho más amable tiene la cortesía de cerrarse.

Escribe Pavese en Vendrá la muerte y tendrá tus ojos:

“Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.”
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Triste, solitario y final


“It´s alright ma (I’m only bleeding)”
Bob Dylan


Este es un posteo autista.
Ha quedado advertido.

Lacan plantea para el ser humano la existencia de una segunda vida y una segunda muerte. La segunda vida la relaciona al hecho de que el hombre ha perdido su ser natural por estar atravesado y determinado por el significante. Ha perdido la vida de la naturaleza pero tiene la segunda vida que le da el significante, lo simbólico. Esta segunda vida está afectada por la palabra y el deseo, lo hace disfrutar y sufrir encuentros, desencuentros, el futuro, la derrota. Es la vida que vivimos.

En relación a la muerte, sólo a través del significante el ser humano se puede relacionar con su propia muerte, es decir pensándola, la única manera de acercarse a ella. Gracias al significante podemos anticipar la muerte y a la vez eternizarnos. Está la muerte natural, del cuerpo, y la segunda necesaria, la que inscribe un nombre y un legado simbólico que habitará en los otros: en la memoria, en los recuerdos, en su obra y algo muy humano: su lápida.

Entre ambas muertes es que existe el lugar para la tragedia, lo épico y lo mundano.

Hoy descendió de categoría mi equipo de fútbol. Y es una muerte. Anunciada y previsible, pero una al fin. Sentado en un puf, creía y no creía lo que sucedía. Es que lo real tiene esas dos cualidades de imponerse y de negarse a ser asimilado. Siempre algo se nos escapa. Cuando juguemos contra Patronato de Paraná será un poquito más real. Y el efecto sobre las subjetividades de los canayas será insospechable. Las prácticas atraviesan a las personas, y en el Nacional B no pueden ir los hinchas visitantes (una genialidad para combatir la violencia) por lo que perder esa posibilidad de presencia es una doble mutilación.

3 temporadas consecutivas peleando ahí abajo, desaguisados dirigenciales que probaron no saber de fútbol, manchan al equipo más popular del interior del país. Es verdad que lo hicieron crecer patrimonialmente y que se yo, pero el fútbol manda y ahora no sólo se perderán millones en lo que la televisión no dará sino que los buitres comprarán a un tercio del valor nuestras jóvenes promesas (dos o tres, no más, el resto es o muy flojo o muy verde). El burro no tiene culpa de ser burro. Para atacar se necesita del talento, para defender bastante menos y correr, pero el fútbol necesita goles. Bla bla blá. Escribo por inercia.

Suelo decirles a mis novias, o futuras novias, o lo que sea, que nunca se comparen con Central o me hagan elegir porque la respuesta es muy fácil. El amor que entabla un hincha con su club es el amor del tiempo, un amor lleno de faltas, alegrías y sus muchas tristezas, con el particular detalle que nada de eso mina el amor, al contrario. Esa es la causa del amor, cuanto más débil y necesitado, uno lo ama más. Y al mismo tiempo causa de la perdición.

Sobre el final del partido algunos incidentes de los barras, más una protesta gremial por ver amenazada su fuente de ingreso que otra cosa. La mayoría de la gente aplaudió con hidalguía al equipo contrario que fue superior y a los pibes de las inferiores a los que de paso, se les ha hecho un gran daño. Ahora viene el duro momento de la valentía del duelo y el de mantener alejados a los buitres que quieran sacar tajada. Ojalá sea una refundación, pero mi experiencia me dice que no será sencillo, a pesar de que las otras 3 veces que el equipo bajó de categoría volvió en la siguiente temporada.

A esta altura creo que escribí todo esto como pedido/advertencia para mis amigos: no me hablen del tema, gracias.

No es todo lo que tengo para decir sobre esto, pero suficiente. Siento el llanto en mis dedos de quienes lloran en este momento.

Y la puta que lo re mil parió, hay más de dos muertes.

Te doy vida en la muerte que me das y no tomo, no hay una lápida sobre el club que fue fundado por los trabajadores del ferrocarril.
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Boquitas pintadas


Imaginemos la siguiente situación: tres amigos de entre 25 y 35 años se juntan una tardecita a pasar el rato y deciden llamar a una chica de 14 años envalentonados por lo que se dice de ella. Ella accede y como accedió tanto, deciden bajarse los pantalones a ver que pasa y festejarsela. La chica es solícita y comienza a practicarles sexo oral a los tres, metiendo en su boca de a más de un órgano entre otras prácticas. Uno de los tres adultos no contento con el momento, filma la situación y se encarga de que queden bien registradas sus caras de festejo, sus comentarios y sus acciones. La presencia de la cámara evitará detalles del relato y les proporcionará lo que sea -morbo, regocijo- en su reproducción. Sucede que a veces cuando la fantasía se hace realidad –supongamos el caso- el espacio para el horror está a la vuelta de la esquina. Y sobre todo si el cumplimiento atraviesa algo de ley. Y si no es la ley simbólica y es la de los hombres, bueno, la entelequia llamada Estado y al menos uno de sus poderes con suerte se meterá en el medio.

Pero sigamos suponiendo. Supongamos que el hermano de uno tiene el video, porque digamos, ¿Para qué tenerlo si no es para mostrarlo en algún momento? Bueno, el hermano está copado con el video y empieza a moverlo por internet, también gracias a la tecnología bluetooth, que ni necesitamos cables (y que, ojo incautos: si no lo tienen apagado, cualquier hijo de vecino a tu lado te puede sacar fotos o lo que sea) se expande como reguero de pólvora en una secundaria y un tiempo después llega a los medios, o mejor dicho: toma estado público.

¿Cuál sería la reacción esperable de una comunidad? Dificil predecir.

Pero supongamos que hay un sector de la población que organiza una marcha a favor de los 3 adultos acusados de violación, bajo el lema "Si para vos también es injusticia, apoyemos a los tres acusados de violación. Gran cacerolazo, domingo 16, a las 15, en la plaza principal”, y luego se lo escucha decir al intendente –aunque luego tratara de negarlo-: “"Si la chica tuvo sexo con tres hombres a la vez es porque algún problema tiene", "es una chica enferma que requiere de auxilio y tratamiento". Vamos intendente, no es la primera ni será la última que se hacen cosas así.

Pero dejemos de suponer y vamos a General Villegas de una vez. Continuó el intendente:

"Es incomprensible que la Justicia se esté manejando tan lento. La menor tiene una familia que es plenamente responsable, si ellos no nos piden protección o contención nosotros como municipio no podemos actuar". Que alguien la avise al intendente que la doctrina de los Derechos Humanos (y más de los niños, que es el caso) es intervencionista, es decir, ahí donde se está vulnerando un derecho, interviene, no necesita que lo llamen. Y está claro quién es la víctima.

Curioso ver cómo eran mujeres las que defendían a estos 3 hombres, mujeres seguramente criadas en el –cuando funciona aceitadamente- terrible sistema patriarcal, por eso no es llamativo ver las mayores expresiones de machismo justamente encarnadas en las mujeres. Bueno, algunas mujeres del pueblo los defendían -claro que no todas- incluso sus parejas, no molestas por lo que podría llegar a ser una infidelidad, ni tampoco por un delito.

¿Qué decir sobre la chica de 14 años? Dificil saber, ¿Si aceptó gustosa? ¿Si sintió placer? Puede ser, pero no viene al caso, porque el marco es más amplio y deja en un segundo plano la cuestión, simplemente porque lo es. Así como un asesinato se colorea con su trama. Cara les salió la homo-joda a estos tres amigos.

¿Pero por qué tanto escándalo? ¿Por qué tanta tinta, tanto copy & paste y repetición en la televisión? Porque toca algo de la estructura. Y es en ese sentido que el revuelo provocado por Freud no fue tanto por su inconmesurable descubrimiento del inconsciente y las leyes de su funcionamiento, sino por poner de relieve la sexualidad en los niños (y adolescentes, claro). La sexualidad con sus particularidades, momentos y tiempos de constitución. Nadie –a quien le haya operado la repesión más o menos bien- podrá negar que un infante de 5 años es un individuo sexuado, ya sea tocándose la “cosita” o el nombre para aliviar la connotacion sexual con que cada familia designe los aparatos reproductores. ¿Acaso qué hace la madre cuando acaricia el cuerpo del bebé, además de cuidarlo y limpiarlo sino erotizarlo? ¿Dónde creen que se gesta ese lugar en el que les gusta que los toquen? "Perverso polimorfo" lo llamó Freud al niño, porque si, todo lugar es posible. Piensen de nuevo en las madres parasitando un cuerpo de sexualidad, claro que no es sentido de esa manera por ellas, eso ya sería muy otro tema, ¿Y las madres que besan en la boca a sus hijos durante toda la vida? Las hay, creánme.

En fin, tengo que ponerme a pensar en la promoción, esto no es el vacío “con los chicos no” de canal 13, tampoco es Lolita, que merecería –pobre Vlad- una entrada entera para hablar sobre su novela. Acá no hay Humbert Humbert, sino orden de detención para Mario Magallanes, José María Narpe y Mariano Piñero, ojo muchachos que las frases de Francella son delicadas, no son joda: vuelven.


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La flecha del tiempo


Tengo una pequeña argucia como ayuda-memoria: los mundiales. Si me preguntan qué hice el fin de semana pasado voy a tardar un rato en responder, quizás no pueda contestar, pero si me preguntan dónde estaba en el mundial 90, en el 94, 98, 02 y 06 (para el 86 era muy niño) puedo responder rápidamente y sin dudar. Cada partido está asociado a circunstancias únicas e irrepetibles como es un mundial de fútbol, pequeños hitos. En inglés es más gráfico y tiene más fuerza: “milestone”.

Todo enfermo de fútbol podrá entender fácilmente, aquellos que no lo sean quizás puedan relacionarse a una pasión, y para aquellos que hablan mal del fútbol y como Sebreli y Borges ("El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra") y lo reducen a 22 personas corriendo detrás de una pelota -entre otras cosas-, bueno, yo les digo directamente: son burros. ¿Se imaginan a Sebreli haciendo el gesto posterior a un foul de que fue a la pelota? ¿O a Borges tirando “la boba”? Más bien me lo imagino a Borges picando al vacío, o a Sebreli haciendo tiempo.

Si bien no es necesario haber hecho algo –en este caso practicado el deporte- para poder disfrutarlo, el haberlo jugado te da la experiencia en carne propia, las sensaciones y el conocimiento del juego que de otra manera es imposible. La experiencia tiene algo de inefable e intransmisible: desde jugar un deporte, haber besado a esa mujer o hacer la experiencia del inconsciente en un análisis. Los que pasamos nuestra infancia en pequeñas ciudades sabemos de la pelota de trapo, los partidos a 20 goles o hasta que no haya más luz –y aun así-, el pan y queso, las reglas ad hoc según el barrio (recuerdo un vecino que cuando atajaba decía: “no vale con toda" -si, con a, en esa época se decía así, como dice el abuelo Simpson- y algunas jugadas. Uno puede recordar jugadas de la primaria, de la secundaria, atemporales. A mí me encanta defender, obviamente su génesis tiene que ver con la ausencia de talento para la construcción, pero encontrar a alguien que le guste defender no es común, sacrificarse por el equipo. Los goles son contados, hace poco convertí mi mejor gol: de espalda al arco, piqué la pelota y la puse por arriba del arquero. Si, no pidan explicaciones, fue así. Heroico y levantó los aplausos de los espectadores.

Pero me estoy desviando como siempre, los mundiales. Ya están llegando las propagandas que apelan al sentimentalismo barato, que aun así no son indiferentes, pero agotan y sobre excitan la chances reales que tiene la selección para que le vaya bien en el mundial. Creo que esta vez, con lo que presumo será un juego bastante amarrete, llegaremos más lejos que otras veces. El conductor del equipo, la más maravillosa música alguna vista sobre el verde césped, está comenzando su camino como dt con la selección. Maradona es Maradona en todos lados, no esperen otras cosas, esperemos un poco de Messi ahora.

El fútbol es un fenómeno complejo y un deporte cada vez más sucio, ni los jugadores se salvan, pero los mundiales tienen otra cosa, es verdad que se reparte muchísima plata entre federaciones, jugadores, etc., pero en general éstos ya son millonarios, y se apela a que se juegue por el orgullo y por la gloria que alguna vez anhelaron de pibes. Si esas dos cosas no son suficientes, ¿qué más lo es para motivarse? ¿Qué ya nadie quiere el bronce?

Con el paso del tiempo algunos nos vamos volviendo un poco más tolerantes en lo que a fútbol respecta, tolerante no significa menos apasionado, sigo siendo indiferente a todos los clubes salvo con el mío, odio un par, pero con lo que me hace sufrir el propio tengo suficiente.

No me subí a una camioneta en el 90, sabía que no tenía que hacerlo, dije “diego diego” al unísono con Caniggia en el 94, falté varias veces a Inglés en el 98 y me levanté temprano para ver cualquier partido en el 02. En el 06 admiré maravillado al más grande después de Diego: Zidane.

Todavía no me doy cuenta que casi estamos, mi indiferencia se va desvaneciendo y Junio y Julio del 2010 preparan los surcos en mi memoria, la banderita de referencia para recuperar los hechos y las sensaciones. ¿Habrá una pequeña épica al menos para inmortalizar en el almanaque?

Por las dudas voy haciendo lugar: nadie recuerda las propagandas, pero si algunos goles y a los buenos jugadores.
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Te busca y te nombra


“A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras…”
O.Girondo.


Ovidio, en su Arte de Amar, se pone en el lugar de maestro en el amor para hombres y mujeres y da todas sus recetas, consejos, y dice que al amor se va como a la guerra: con los atuendos adecuados y con las armas que mejor se dominan. Leamos algunos fragmentos entre divertidos y actuales (tiene 2000 mil años el libro) antes de dar paso a otra hipótesis –demencial-.

Nos dice Ovidio en cuanto acercarnos al objeto de nuestro presunto amor (entre muchas cosas, léanlo si pueden):

“Quiero darte la medida a que te atengas en el beber: es aquella que no impide al seso ni a los pies cumplir con su oficio. Evita, en primer término, las reyertas que provoca el vino, y los puños demasiado prontos a repartir golpes. Euritión murió por haber bebido desatinadamente. Entre el vino y los manjares sólo ha de reinar la alegría. Si tienes buena voz, canta; si tus brazos son flexibles, baila, y no descuides, si las tienes, revelar aquellas dotes que favorecen la seducción. La embriaguez verdadera perjudica, y cuando es fingida puede ser útil. Estropee tu lengua solapada la pronunciación de las voces; así, lo que hagas o digas fuera de lo regular, creerán todos que lo ocasiona el exceso de la bebida. Desea mil felicidades a la señora de tus pensamientos y al que tiene la dicha de compartir su tálamo; mas en lo recóndito el alma profiere contra este último cien maldiciones. Cuando las mesas se levantan y los convidados se retiran, aprovecha las circunstancias del lugar y la confusión de la multitud para aproximarte a ella; mézclate entre la turba, colócate sin sentir a su lado, pásale el brazo por el talle y toca su pie con el tuyo. Esta es la ocasión de abordarla; lejos de ti el agreste pudor; Venus y la Fortuna alientan siempre a los audaces.”

Instrucciones para amar en su versión actitudinal. Ahora nos acercaremos más a lo que quiero decir. Sigue Ovidio:

"No esperes que yo te dicte los preceptos de la elocuencia; rompe atrevido el silencio, y las frases espontáneas y felices acudirán a tus labios. Tienes que representar el papel de un amante y tus palabras han de quemar como el fuego que te devora; te serán lícitos todos los argumentos para persuadirla de tu pasión y serás creído sin dificultad. Cualquiera se juzga digna de ser amada y aun la más fea da gran valor a sus atractivos; mil veces el que simula el amor acaba por sentirlo de veras y termina por ser lo que al principio fingía. ¡Oh jóvenes!, tened tolerancia con los que se aprestan a engañaros; muchas veces un falso amor se convierte en verdadero. Esfuérzate por apoderarte de su albedrío con discretas lisonjas, como el arroyo filtra sus claras ondas en las riberas que lo dominan. Prodiga sin vacilación tus alabanzas a la belleza de su rostro, a la profusión de sus cabellos, a sus finos dedos y su pie diminuto; la mujer más casta se deleita cuando oye el elogio de su hermosura, y aun las vírgenes inocentes dedican largas horas a realzar sus encantos. ¿Por qué Juno y Palas se avergüenzan hoy todavía de no haber obtenido el premio en el certamen de los montes de Frigia? El ave de Juno despliega orgullosa su plumaje, viéndolo alabado; si lo contemplas en silencio, recoge sus tesoros. En el certamen de la veloz carrera, los corceles se encienden con los aplausos que se tributan a sus cuellos arrogantes y bien peinadas crines. No seas tímido en prometer; las jóvenes claudican por las promesas, y pon a los dioses que quieras como testigos de tu sinceridad. Júpiter desde lo alto se ríe de los perjurios de los amantes y dispone que los vientos de Eolia los sepulten en las olas; por las aguas de Estigia solía jurar con engaño ser fiel a Juno, y su mal ejemplo alienta hoy a todos los perjuros.”


En realidad no se cuánto va tener que ver, eso lo descubriré mientras escriba esta monserga. Ovidio maestro del amor. Pero yo quiero detenerme en los prolegómenos al amor, sobre qué es el amor y su ontología no quiero hablar, pero si decir algo sobre los movimientos de apertura. Ya Freud decía que en un análisis, como en la guerra o en el ajedrez se podían conocer los movimientos primeros y los de cierre, pero durante su existencia hay que echar mano a múltiples astucias.

Un gran porcentaje de la entrada al amor depende de la presencia o no de esta materialidad esquiva: las palabras. Luego de un tiempo de acercamiento, el encuentro no es suficiente. Los hechos dejan de tener peso una vez consumados, de nada importa los gestos de anuencia, los permisos dados para compartir la vida y el mundo interno si no están presentes las palabras que el otro desea escuchar. Y esto es una gran trampa. El flechazo no es amor, es un atajo que finalmente pedirá las palabras que ordenen lo que sentir y decir.

Y casi todo se juega en ese plano, inclusive las palabras tienen su fuerza de actos, lo sabemos. “No bajó para decir adiós que mal, y la vida empieza a terminar otra vez” canta Calamaro en All you need is pop. Ni siquiera dijo eso final, “me dejó la ropa en el portal”. Recuerdo que alguna vez me pedían palabras para generar un “círculo de confianza”, y cuando respondía con las pedidas, tampoco eran. No funciona así, eso no se pide, se da. No dar como algo de tener, es algo que escapa hacia el otro, dar lo que uno tiene es beneficencia. Ya en otra entrada hipoteticé sobre el amor como la imposición de un relato sobre un otro sobre qué es el amor y cómo son sus reglas (fijas) y cómo se lo hace encajar. Un afortunado error en el fundamento lo hace funcionar.

Recuerdo haber ganado la entrada a su cuerpo preguntándole sobre la amiga (sirve con las histéricas). Su cuerpo y su deseo, pero no su amor. También recuerdo alguien que me contaba que cuando su enamorado le decía que la amaba; ella le decía gracias. Ahí alguien escuchó a Ovidio, porque siguió y supongo que ahora ella responde en espejo, lo cual nos da el espacio terrible para preguntarnos por su realidad. Una respuesta podría ser: es una ficción, como otras de tantas, aunque un poco más importante y popular. Nadie puede sostenerse vivo sin ser amado por al menos una persona. La creencia popular sostiene que mejor hacer que decir, mejor hacer que pensar, que a las palabras se las lleva el viento. Pero si es así, ¿Cómo soportar el tiempo sin el ser amado? ¿Cómo alguien puede apoyarse en gestos vacios? Porque se tienen las palabras del otro, al que hemos completado dando un salto de fe desde el campanario y sabemos que su mirada y sus palabras están sobre nosotros cuando no miramos.

¿Puede ser el amor un buen decir? No comienza el amor si no están algunas palabras, de las que nada sabemos. Preguntémosle a los chamuyeros cuántas veces han provocado la apertura hacia el amor en los demás sabiendo que era todo una mentira. Hay que estar un poco incauto para el amor, inclusive aquellos que engañan sistemáticamente a sus amadas/os no dudan de su amor. El amor también es malvado, ¿acaso no hay amores que matan? Existen algunas personas que podríamos llamar “enamorados del amor”, que tras esa lanza siempre rígida se pierden de bastante. Nada más violento que alguien que te quiere amar desde el día uno y no tiene las palabras adecuadas.

No pude cumplir con eso de no meterme a hablar del amor y en trayecto pensé que mejor sería borrar todo, pero siempre es así: imposible de asir y de decir lo que uno quiere.

Por eso siempre habrá canciones, poesía y personas que errantes en las sombras nos amen, no nos amen y peor: no nos amen más.



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Las ideas de la noche


"Life is a tragedy when seen in close-up, but a comedy in long-shot."
C.Chaplin

Recuerdo que cuando tenía unos 12 años –un poco más, un poco menos- estaba enamorado –es la palabra, lisa y llana- de Virginia, una chica que jugaba al básquet en el mismo club que yo. Conocía su nombre, su edad, el colegio al que iba y dónde vivía. No teníamos amigos en común ni posibilidad de cruzarnos. Vivía muy lejos de su casa y mis actividades no se tocaban nunca con las de ellas, no había chance. Así viví malamente algunos meses en los que sólo podía verla si tenía suerte en el club (entrenaban los días que nosotros no) o de pasada en el auto.

Por ese entonces el destino me hizo un guiño: un familiar de ella compró la casa de junto a la mía. Nos habíamos mudado hacía poco y todavía no estaban hechos los paredones que dividían los terrenos, así que una tarde la vi a través de unas maderas grises, era Tom Sawyer pero sin valentía. Recuerdo su pálida piel, sus pecas, sus mil dientes y la verdad que no mucho más. Hoy no podría reconocerla fuera de contexto –y no justamente la cancha de básquet-.

Ese amor cortés, el amor distante, no realizado, se nutría de pequeños gestos y tímidas conversaciones, todas ocasionales y banales. No recuerdo cómo se deshizo el amor nunca confesado, pero un día no la vi más a Virginia –el inconsciente escribe bien, nada mejor que buscarse una virgen para no acercarse- y seguí como si nada. Tiempo después tuve una novia muy parecida.

Por aquel entonces, ese pelilargo pre adolescente que era, acuñó en la soledad del barrio entre ciudades, una categoría que denominó: “las impracticables ideas de la noche”. Su nombre es transparente. Me recuerdo pensando estratagemas para acercarme a ella, encontrando las palabras precisas para declararle mi amor a esa desconocida (las primerísimas novelas de amor me hacían efecto, junto a la negación de la homeopatía: las tormentosas flores del mal del loco francés) en un momento determinado, palabras en hojas Rivadavia, esas a las que no me importaba no ponerles ojalillos.

A la noche era posible, después de algunos pensamientos encontrados –el campo donde todo sucedía- uno podía encontrarse con la respuesta mágica a esa situación, ¡claro! ¡Eso era! Buscarla a la salida del colegio por ejemplo. Pero no, vivía muy lejos para eso. Impracticable. Posible, pero la luz día minaba todo impulso de valentía, las cartas escritas. La luz del día hacía polvo lo pensado la noche anterior.

Hace unos días, en la habitación a la que voy una vez por semana, recordé una perlita asociada a este recuerdo, y fue este sueño –que luego sería fantasía-: en una calle que yo transitaba casi todos los días, una calle larga y poco concurrida, a ella le sucedía algo malo, un robo, un forcejeo, algo contra su voluntad, y yo, único presente podía ayudarla y de esa manera conquistar la mirada de su corazón. La fantasía ciertamente tiene una pata en la realidad, pero no las dos. El fin anhelado era para mí, mi deseo, para que sucediera, ella debía sufrir una pequeña tragedia, algo desagradable que nos terminaría uniendo.

El inconsciente escribe bien.

Afortunadamente para todos, no tengo más recuerdos sobre esa época de aquel amor nonato, no supe más nada de ella durante mi adolescencia, ni nada después. En este preciso momento como experimento puse su nombre en facebook y ahí está esperando: sigue linda y al menos no tiene una foto de un bebé en su perfil.

Todo este largo prólogo innecesariamente personal –luego se lo puede hacer con los propios pacientes- fue para comentar esta idea que fue discutida en otra habitación a la que voy más espaciadamente: ¿Por qué aunque estemos felices, lloramos en un nacimiento, en un casamiento, en el primer día del hijo en la primaria? La respuesta que dio Isidoro fue: porque “si todo va bien, ha nacido el que llevará tu cajón”.

Todos son momentos, actos, donde se deja de ser algo y se pasa a ser otra cosa, ya no se es más el mismo, hay una pérdida que no es necesariamente déficit, la flecha del tiempo de Bios va para un solo lado, se angosta y al final una buena tragedia no está tan mal, se transforma en un clásico.

Y los clásicos duran más que el tiempo que conocemos.
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