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Recordar, repetir, reelaborar



Hace exactamente 100 años, el genio de Freud escribió un texto fundamental para el psicoanálisis llamado Recordar, repetir, reelaborar donde reescribe su teoría del síntoma bajo la premisa de hacer conciente lo inconsciente. Un Freud clásico pre más allá del principio del placer donde despliega su majestuosa hermenéutica. 

Pero no quiero detenerme en lo puramente teórico más que en esto: para Freud, había que traer al aquí y ahora la peste neurótica ordinaria (por eso uno se siente peor cuando empieza a tomarse en serio), transformarla en una de transferencia para finalmente disolverla y hacerla un padecer más amable. Pero obviamente estas resistencias no se dejan vencer así como así y es ahí donde el psicoanálisis por su método se diferencia de todo trabajo sugestivo. 

Pero lo que quiero destacar es la lógica temporal de los términos: recordar, repetir, reelaborar. Una después de la otra.

¿Cómo podemos entender que una persona, a sus treinta y largos años se atreva a llevar adelante un acto que quizás viene demorando hace tanto? ¿De dónde brota la intuición como verdad que lleva a alguien a hacerse un ADN y cotejarlo con el banco nacional de datos? 

Existe un territorio muy fértil para leer en el mundo psi acerca de las primeras inscripciones en el psiquismo previo a la conciencia. Basta pensar en Piera Aulagnier y la maravillosa Silvia Bleichmar por citar dos. Dicen que el nieto de Estela de Carlotto estuvo tan sólo 5 horas en contacto con su madre. Es casi imposible suponer que este contacto tuviera un efecto de huella. Nada sabemos todavíade  su historia. Pero lo que si sabemos y podemos hipotetizar es que hubo otro cuerpo, social, que hizo de Otro y brindó las coordenadas históricas, la letra para que una persona piense en sus huellas, tome lo que circula y recuerde. Porque eso que hicieron de nosotros antes de que tengamos memoria sigue funcionando: dónde nos gusta que nos toquen, un aroma preferido, un sonido que es mamá, una ausencia inmaterial que vuelve y pide un significado. Y las huellas colectivas. La verdad insiste desde múltiples planos.

Recordar, repetir, reelaborar. Memoria, verdad, justicia. Sientan la afinidad cósmica.

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La altura del acto




Ganar o perder son términos más o menos vacíos según el contexto donde se apliquen. En un juego reglado, como estadío final de las cosas su significado es pleno, contundente y excluyente: se gana o se pierde. Son los análisis reduccionistas que gustan algunos fríos corazones bidonistas

Para el psicoanálisis esos términos no tienen demasiado sentido. Si se tardó 24 años en llegar al mismo lugar debe ser o que no es tan sencillo o que no se es tan bueno como se supone. Entonces lo importante debe ser otra cosa. Ganar o perder implica una dimensión ética y el centro está en el cómo.

Durante este mundial se puso en cuestión la identidad de juego de Argentina. ¿Somos un equipo vertical, con gran poderío ofensivo que ataca asumiendo riesgos? ¿O somos un equipo pragmático, que ocupa espacios de manera inteligente y contragolpea en la medida en que puede? Bueno, depende. La estrategia es el Otro. 

La  “personalidad” en la historia de las ideas de la psicología tiene su raíz y desarrollo en USA, pero nosotros (digo nosotros a los deudores del vienés y del francés) aceptamos la hipótesis del inconsciente y de todo aquello más allá de la razón del yo que nos determina. Nuestros jugadores son muy freudianos y recurren seguido al Otro: se persignan antes, durante y a veces después de cada juego, se tatúan nombres de seres queridos en el cuerpo e incluso armas. Algunos quedan solos frente al arquero en la final del mundo y la tiran “incomprensiblemente” afuera. Quien es considerado el mejor jugador, sin motivo aparente vomita durante los partidos, como si quisiera decir algo y no tuviese la letra.

Quienes apostamos a los procesos, miramos el cómo más allá del resultado y rescatamos que siempre lo que importa es la construcción del camino, porque la vida está llena de pequeñas derrotas, de resultados por la mitad, de pequeños autoboicots, de no estar a la altura de lo que el acto pide. Por eso la única la derrota verdadera es la de aquél que sabiendo cuál es su deseo, lo ignora. Y estos jugadores como dijo Mascherano, se “vaciaron” intentando cruzar el Rubicón de sus carreras.

 Muchos no necesitarán revancha porque no pueden desear lo que ya han conseguido. 

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Lo que es del César

No me enfermé en todo el año, ahora que me estoy por tomar unos días de vacaciones  lucho mano a mano contra una incipiente gripe. ¡Que lo parió a la clase media y el miedo atávico de no tener trabajo!  Corre por  las venas del lenguaje ese deber ser hijo de la inmigración, eco de la clase baja de las grandes ciudades que tuvieron un par de hijos universitarios que se forjaron un futuro que no estaba destinado para ellos.

Todo es memoria y repetición del gesto. Una vez le pregunté a mi mamá por qué cada vez que yo le decía que necesitaba algo –una lapicera, por ejemplo- me lo traía por duplicado. Me contestó que porque para ella era muy importante que nunca me faltara nada, que yo nunca llegue a sentir eso que ella había vivido alguna vez en una ya mítica Rosario.

Tengo una relación desapasionada con el dinero. Históricamente siempre fue todo más o menos. Mucho trabajo familiar y vacaciones excepcionales, en el sentido de la eventualidad. No ir a la escuela y poder ir al río, esas eran mis vacaciones patagónicas. No conozco Europa, pero tampoco conozco ni Salta ni Tandil y a Mar del Plata fui por primera vez en el 94 antes de los Panamericanos y recién el año pasado, y a trabajar. No pasa nada.

Me gustan mucho y tientan las novelas biográficas de Auster, pero no seguiré su enseñanza. Nunca viví nada de esto como una frustración. Uno puede ser medio feliz sin salir de su barrio, es el síntoma de los platenses. 

La relación con los objetos, con el dinero , con el mundo en general  está tan multideterminada que a veces nos sorprendemos haciendo, diciendo cosas en las que no nos reconocemos, especialmente  en el primer momento de un sufrimiento. 

Esta enfermedad que me está agarrando no es mía: soy trabajador, pero tampoco tanto,  hay otros mucho más enjundiosos y capaces, mi magia es modesta y sufre de constantes interrupciones. ¿Se puede trabajar menos de 10 horas en Capital?

Ya me siento mejor, mi nariz está liberada, veo al gato agotado a mi lado, bañandose con lentitud. Es bueno advertir qué cosa le corresponde a cada quién, hay que aprender a dejar de ser gozado y ser un poco más libre, si para todo hay término y hay tasa, si finalmente todo es más o menos.

Tome conciencia de clase y pare de sufrir. 

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Una causa

Lacan subraya que el inconsciente de Freud no es en absoluto el inconsciente romántico de la creación imaginativa, “No es el lugar de las divinidades de la noche”, aquél en que Jung hizo hincapié y Freud repudió. 

Cuando los surrealistas franceses se acercaron al Herr Doktor para rendirle homenaje y buscar su anuencia, él les agradeció pero les dijo que no veía relación entre el surrealismo y el psicoanálisis. No tanto porque eso haya sido así, porque de hecho hay puntos de contacto entre la la lógica primaria del inconsciente y el mecanmismo de formación de los sueños con el collage surrealista, sino porque Freud estaba librando una batalla por la legitimación del psicoanalisis, y también porque un cartesiano prefiere los clásicos en materia artística.

Reducir la historia de la psicología a los aportes hechos por Freud es desconocer el vastísimo terreno que ésta ha recorrido y los complejos temas que ha abordado. Pero es tal la fuerza del corpus conceptual que Freud inicióque es ineludible. Para Lacan más allá de la maestría del descubrimiento del inconsciente freudiano (que no quiere decir que no existía, sólo que estaba conceptualizado de maneras diversas) la mano de knock out a sus detractores fue su conceptualización de la sexualidad infantil.

Con todo, siempre pienso en la maravilla de la hipótesis del inconsciente, su eficacia, la práctica que determina, la ética que supone sostener, la potencia de la batería de conceptos-herramientas que la orbitan para pensar las cosas.

Desde el inconsciente descriptivo, pasando por una profundiad incognoscible, por el topológico, por la posibilidad junto a M.Klein y Bleichmar de que el inconsciente se puede fundar mediante intervenciones análiticas, a la idea lacaniana que el inconsciente está estructurado como un lenguaje y está en la superficie. Alguna vez lo apuraron públicamente a Lacan y le preguntaron por la ontologia del inconsciente, contestó que es del orden de lo no realizado. El inconsciente acecha, irrumpe, está ahi siempre, se manifiesta a veces. El problema de la causa es siempre problemático.

Pasa algo interesante con la idea del inconsciente que se puede ver en lo que despiertan los sueños: es la fascinación fetichista del “contenido” supuestamente oculto tras la forma, el “secreto” a develar mediante el análisis no es el contenido que oculta la forma, sino, en cambio, el “secreto” de esta forma. No hay nada “inconsciente” en el pensamiento latente del sueño: este pensamiento es un pensamiento totalmente “normal” que se puede articular en la sintaxis cotidiana, en el lenguaje de todos los días. Ciertamente la lógica del proceso primario que reina en el inconsciente es opuesta a la de la conciencia, pero no estamos hablando de eso. El camino de la interpretación va en la búsqueda y construcción del sentido, la verdad se construye, su eficacia se ve con los efectos. 

Me gusta mucho esta anécdota: en 1909, Freud fue invitado por la Universidad de Clarke de Estados Unidos a presentar sus ideas “revolucionarias” del psicoanálisis junto a sus discípulos Ferenczi y Jung. Fue recibido con todos los honores y el reconocimiento que no le brindaban en Europa. Cuenta Lacan que Jung le contó que Freud le susurró al oído la siguiente frase: “no saben que les hemos traído la peste”. No salió del todo bien porque los americanos hicieron una interpretación diametralmente opuesta de la propuesta freudiana, y luego el giro de los 20 fue leído de manera adaptacionista.

Un psicólogo que abrace la hipótesis del inconsciente (o un psicoanalista) debe pugnar por la subversión del sujeto, la confrontación con las pestes de quien no realiza su deseo, no retroceder ante el inconsciente, ayudar a los otros y a sí mismo a encontrar sus marcas, a distinguir las voces del coro que nos habita. 

No hay que tener miedo a decirlo llanamente: ayudar a otros a encontrarse con su verdad y ser un poco más felices, ajusticiar a la peste in situ. Alguien que abrace al inconsciente no debería ser muy pacato.
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Fuego

Los cínicos son longevos. Es una idea que bordea la máxima.  Videla, Massera, Franco, Stroessner, Pinochet, Martinez de Hoz, Menem, todos viejos escindidos a los que nunca les rozaron las balas. Correr el cuerpo y supervivir, ser un instrumento divorciado de las mayorías.

La metáfora del fuego es transparente: te consume. El costado mortífero de la pulsión. Hace unos días Cristina dijo que Néstor no descansaba nunca. Ardió.

Lula, Dilma, Lugo, Chávez con cáncer. A Correa intentaron asesinarlo hace unos años. Néstor muerto, Cristina entre algodones. Parece que algo pasó en esta década en Latinoamérica que le bajó la esperanza de vida a los gobernantes. Otro buen uso del fuego.

Hay algo –no católico- en entregar la vida que todavía en estas sociedades contemporáneas conmueve, sobre todo a los más jóvenes. Estos líderes políticos llegaron a la juventud por entender el código rockero (que no es colgarse una guitarra) de la intensidad, la transgresión, la búsqueda de sociedades más justas, -en fin- utopías.

Los jóvenes no tienen miedo, el futuro­ es un concepto, para los adultos el futuro es asesino. Mejor arder que apagarse lentamente, citó Kurt Cobain a Neil Young en su nota de suicidio. La síntesis perfecta.  

Gobernar con mesura, con diálogo, con consenso. Suena todo tan muerto, tan algodón en la boca, tan receta fallida para que nada cambie, o en realidad si, para que se desande el camino construido.

Mi adolescencia patagónica-dadaísta me inculcó el pesimismo, la derrota geográfica y la obscenidad menemista, pero también me enseñó el poder de la organización, la resistencia  a la ley federal de educación, la toma de colegios y la Zanón tan cerca de mi casa.

No lo sabía entonces, pero también me estaban enseñando el amor y  la esperanza, que nunca es vana.


E­­­s mejor arder. 


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Paredón y después

Dejé pasar cuatro subtes hasta que finalmente pude subirme en el quinto, contra la puerta. Arrancar así el día es como besar un cenicero. Levanté la mirada y vi el titular de Clarín que decía que el kirchnerismo había perdido 4 millones de votos en dos años. Me dije que eso no era así ya que la comparación no era acertada, que había que comparar los resultados con la anterior elección legislativa, no con las presidenciales. Me di cuenta que los resultados de las PASO no sólo me habían dejado preocupado sino algo triste. Triste por darme cuenta de que los poderes fácticos en estas sociedades contemporáneas (y quizás desde siempre, en formas menos sutiles) duran más que los gobiernos, y que la democracia es una máscara-plataforma de la que se sirven para desplegar la crapulencia de la acumulación por desposesión.

Temí por la posible desmemoria del pueblo, por el avance del marketing político vacío, por la desideologización del espacio público, por el sinsentido, por las generaciones que se volvieron a ilusionar, por los nuevos  ilusionados, por el posible retroceso de algunas conquistas.

Los cambios culturales necesitan largos años y que lo implemente alguien en mayoría, de otra manera queda en gestos voluntariosos aislados. Quebrar el asistencialismo argentino será casi imposible, pero revertir la pregunta de “¿qué me van a dar?” a “¿Cómo puedo hacer yo?” ya es mucho.

Cuando alguien obtiene un nuevo derecho difícilmente se resigne a perderlo sin pelear. De algunas cosas ya no se vuelve. Me gusta pensar la diferencia entre lo real y la realidad, lo primero como aquello que solamente es, “que no le falta nada” (a decir de Lacan), que se impone, y la realidad más del lado de lo ficcional, de lo simbólico y de las imágenes, con la potencia de ser cualquier cosa.

Quien ahora tiene una ayuda del Estado no necesita que un diario le cuente cómo es. Si un hijo va a la escuela probablemente haya una netbook en el hogar y tenga la nueva preocupación de cómo pagar un servicio de Internet. Y quizás se de cuenta de que hay un mundo más ancho de lo que pensaba, y quizás le parezca que no tener trabajo o tenerlo en negro no es un destino inexorable.  Lo real complejiza la realidad y viceversa.

La vida también está hecha de palabras y de su discurrir. El psicoanálisis ha develado y teorizado acerca de los efectos traumáticos de lo no dicho, de lo coagulado, del filo mortal del silencio, de los imposibles del lenguaje. Pero el lenguaje se aborda desde el lenguaje, y no hay un detrimento de la conciencia ni de las reglas de la comunicación. Si no le decís a tu mujer de vez en cuando que la amas, pronto vas a ver que que vos lo sientas no le es suficiente. 

El psicoanálisis con Lacan -por decirlo rápidamente- entiende que al final de un análisis queda un sujeto advertido de su deseo. Ha reconocido y transitado sus marcas y ha ido más allá de ellas. No sólo las conoce sino que las nombra, las ve venir,  sufre algo menos y hace sufrir menos a quienes lo quieren, hace algo con eso.


Es hora de que el kirchnerismo  tome nota de las nuevas marcas, esté advertido  y se relance hacia el futuro renovado, para que estos años no terminen siendo sólo un campanazo en el dudoso péndulo de la historia.  
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Acerca de Don Draper

Está muerto. Lo sabemos no porque Dick Whitman haya tomado su nombre y sus rasgos de héroe, lo sabemos porque Don Draper realmente anda muerto por ahí: no está, no desea nada, no puede. Es un cuerpo que toma y coge, es pura pulsión parcial. Ahí no hay nadie, hay un abismo. Y el abismo chupa.

Si el hombre se da el ser en cada elección, Don Draper elige darse y dar muerte -en sus múltiples formas- a todo lo que lo rodea. Y nada tiene que ver con la moral, nadie es más feliz estando cerca de él. Y si lo es, es breve y tiene consecuencias dramáticas.

Don Draper no quiere a nadie, no necesita a nadie. No sabe qué hacer con sus hijos, no supo qué hacer cuando Betty empezó a desear algo por fuera de él, no sabe tampoco que hacer ahora que Megan eligió otra cosa. Cuando ellas se mueven un poco, Don Draper tambalea. Pero antes de caer se coge a otra, y a otra, y a otra. Es la manera en la que sostiene.

Don Draper odia a las mujeres. Son objetos  con agujeros que usan vestidos y adornan bien una mesa.  Es un perverso que utiliza al otro como instrumento para su goce: todas le dan lo mismo, lo importante es hacer el circuito.

Haber crecido en un burdel ni lo explica ni lo exonera. El punto de partida no lo es todo.

Para algunas mujeres Don Draper es irresistible. Y si, es que es un fantasma femenino, es el Don Juan que las tiene a todas, que sabe sobre el sexo y sobre ellas. Parafraseando a Sylvia Plath, es el fascista que toda mujer adora.

A Don Draper su pasado no lo perturba, vive en el puro presente de los cobardes.

Espero como el soldado en el arado espera, que Don Draper pronto mate a alguien y sienta alivio por un instante. Este es el poema debería escribir y nunca podrá, pero que si pudo Bukowski:



For Jane

225 days under grass
and you know more than I.
they have long taken your blood,
you are a dry stick in a basket.
is this how it works?
in this room
the hours of love
still make shadows.

when you left
you took almost
everything.
I kneel in the nights
before tigers
that will not let me be.

what you were
will not happen again.
the tigers have found me
and I do not care. 
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