Las mejores intenciones


Bajo este apotegma se pueden cometer los peores atropellos. Alguien puede joderte la existencia por un tiempo indeterminado (en general siempre demasiado largo) hasta que te das cuenta. Porque el hábito que lo recubre goza de cristiana popularidad. ¿Qué clase de persona podría enojarse porque un otro hizo algo “con las mejores intenciones” pero aun así le rompió mucho las pelotas? Uno queda a un paso de sonar desagradecido, poco samaritano. Y nadie está a salvo, cualquiera de nosotros puede cometer injusticias, tropelías, tiros por la culata “involuntarios” y así ganarse rencores y decepciones habiendo obrado desde ese punto titulado (por supuesto que son necesarias para la vida en sociedad bla bla blá, éste no es el quid, todo lector holgazán detengase aquí).

Cada uno tendrá varios ejemplos para ilustrar esta situación. El más sencillo y estructural es (por supuesto, adivinó) aquél que se ha desarrollado con nuestros progenitores, y especialmente con la madre o quien haya cumplido su función. Recordemos que el aparato psíquico si bien viene preparado para funcionar en el hardware que es nuestro cuerpo, no arranca hasta que le ponen el software, y de eso se encarga el (los) Otro(s).

Ilustremos: supongamos que una madre nunca deja que su hijo haga nada por su cuenta, oh madre bondadosa que quiere prevenirlo de todas las miserias del mundo, de todos los males, y le está encima y lo habla y le dice hasta qué chica le conviene y cuál no. El chico cumple 40 y sigue virgen y viviendo con ella. Todo el barrio se pregunta qué le pasa a ese chico, ¡si su madre le dio todo!

(El sentido común arrasa, es casi impenetrable, como el recuerdo que somos en la memoria de quien ya no vemos más).

Pero un día ese alguien hace click y se anima a interesarse en una mujer/hombre. Entonces quien estaba ejecutando sus significantes (software) sobre el “mamero” ve su lugar conmovido, su letra perder eficacia. Cosa similar sucede cuando alguien comienza un análisis, y si tiene suerte algunas cosas se pondrán en duda (la vara para saberlo es porque los demás se molestan, se corren los lugares asignados en el sistema) y se abrirá una nueva posibilidad. Recurro a lo caricaturesco para exponer un modo de funcionamiento. Nada es tan lineal ni tan sencillo, es difícil bajarse del caballo a mitad del río. Hamlet a pesar de haber descargado todo su odio contra su madre (que usó el catering aun tibio del entierro de su marido para celebrar la boda con su hermano) siguió siendo el “dulce Hamlet”.

La pregunta  que se impone no es cómoda: ¿Para quién es el beneficio? ¿Quién necesita ofrecerse como oráculo y benefactor del otro? ¿Para quién eso es lo mejor? (También se aplica a medios de comunicación)

A pensar estas cosas, a molestar, a subvertir al sujeto y ayudarlos a encontrar sus letras y sus significantes propios se dedica en parte el psicoanálisis, ya que como entendió Lacan, el inconsciente está en la superficie.

11 comentarios:

Juan Antonio | 8 de septiembre de 2011, 9:02

casi un prefacio a los desnudos. "Lo hago por tu bien", o "Esto me duele más a mí que a vos" van en el mismo sentido. También el "Nos cortaron las piernas", pero ése es otro cantar.

Joakkin | 8 de septiembre de 2011, 23:13

De chico siempre me pregunté si será cierto, si no vendrá el destino a vengarse de las buenas intenciones, uno se encuentra desafiando al tiempo y eso tiene sabor a fracaso. Después el olvido hace su trabajo, pero lo que vino atrás del mejor pensamiento determina gran parte de lo que somos más adelante. Si suprimimos el modificador basta, hasta qué punto pone en jaque al azar y cuán duro es si vuelve en forma de rencor.
Alienarse a veces es un buen plan para no germinar the tyranny of the evil men.

Anónimo | 9 de septiembre de 2011, 7:01

Ezekiel 25:17

Anónimo | 9 de septiembre de 2011, 13:06

hermético para mi. Igual siempre lo leo dos veces. Saludines desde el sur

Anónimo | 10 de septiembre de 2011, 8:28

cómo sabés apagar los comentarios eh :)

Anónimo | 10 de septiembre de 2011, 13:38

igual si no me engaño esta pieza contiene una especie de respuesta a "lucho"

flor | 13 de septiembre de 2011, 6:10

qué lindo texto. grandes preguntas incómodas.
y sobre los párrafos dos y tres, una serie o un libro hecho película y serie: mildred pierce.

Lisandro | 13 de septiembre de 2011, 19:45

Es verdad, un poco hermético, pero no es ninguna respuesta, es algo que había "prometido".
No vi ni leí Mildred Pierce, seguro me pierdo algo.

saludos!

Lisandro Capdevila | 13 de septiembre de 2011, 19:50

que onda estos enlaces abajo? hay manera de frenarlos? alguien sabe? que alguien piense en los niños!

Ivnmks | 14 de septiembre de 2011, 21:18

Posteo reparador. Se me viene a la cabeza una larga noche en la que hablamos de esto con unos amigos, y tocamos casi los mismos puntos. Lamentablemente recuerdo solo algunas ideas fuertes(por ejemplo las buenas intenciones en lo que respecta al derecho, puntualmente en lo penal). Imagínese que si en el derecho, donde hay tanto escrito y legislado al respecto, queda bastante margen para la discusión, que decir sobre los infinitos aspectos de la vida en sociedad y del ser. Bueno, lo suyo es un aporte.

Sobre los enlaces de abajo, googlee con comillas! Van dos resultados de onda:

http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=2553a22b395463de&hl=es

http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=56771cfa87c74001&hl=es

Ricardo | 15 de septiembre de 2011, 18:22

¿Una cuestión de histéricos/as y obsesivo-compulsivos/as?

- ¡Me estás obturando el deseo!
- Pero si lo hago por tu bien, chuchi...

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