Y las cosas

Si nada hay por fuera del lenguaje, entonces nuestro sistema de representación  podría ser finito. Pero afortunadamente no lo es, existen quiebres, interrupciones, deslices, discontinuidades en su ser por donde la creación y lo informulable se filtran. 

La metáfora y la poesía son recursos con los que podemos nombrar lo innombrable. La más inmensa pérdida puede ser más que la mera contraposición a una presencia. Entre el cero y el uno hay civilizaciones.

La mayoría habrá tenido la sensación de ser hablado por otro, de decir cosas que no quería decir, de percatarse que está “sonando como” fulano mientras habla. Y si el lenguaje nos habita y nos fue implantado como algo externo y ajeno, esta parasitación tiene múltiples variantes, se ordena de manera compleja. Fue Freud quien entendió que las histéricas “sufrían de reminiscencias”, inaugurando una etapa fértil  que entendió que entre otras cosas, el lenguaje enferma.

Pero también sana. Y el lenguaje ciertamente no es sólo el oral o el escrito, los hay múltiples. El sueño es un lenguaje que se rige bajo las reglas de la combinación y la sustitución. El sueño es el territorio donde el inconciente determina las escenas. Los restos del día dan letra, carne para ser moldeada, y tienen la densidad delo reciente. 

El sonido es materia, la voz es un objeto. La voz es un significante. Lacan lo supo y lo dijo muy bien, las voces de la alucinación son significantes sueltos de una cadena rota.
En el inconciente no hay tiempo, es lo contrario a la vigilia, por eso en el sueño hablamos con los muertos que recordamos de día y escuchamos de noche. La tormenta de ayer se infiltró en mi sueño, “predijo” el fin de los árboles del patio  y epilogó a pura metáfora.

La voz y el olor dicen es lo primero que se pierde con el tiempo, pero también hay palabras que al evocarlas, las traen de regreso.


2 comentarios:

flor | 30 de octubre de 2012, 9:45

hermoso.

Jimena | 11 de noviembre de 2012, 18:59

hermoso, también digo

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