El tren hacia el sur

En La invención de la soledad, Paul Auster cuenta que su padre, quien se había negado durante muchos años a vender la enorme casa familiar que habitaba (y así no tener que entregarle la mitad a su exmujer), murió cuando le faltaban tres semanas para finalmente mudarse a otra más pequeña.

La casa de toda la vida de los Auster, la enorme casa de los Auster. Cuando Paul llegó para hacerse cargo de la escena del drama, se sorprendió al ver que su padre prácticamente no había hecho casi ningún preparativo para marcharse.

“Los únicos preparativos que encontré en toda la casa fueron unas pocas cajas de libros, todos triviales (un atlas desactualizado, una introducción a la electrónica de hacía cincuenta años, una gramática del latín del bachillerato, viejos compendios de leyes). Eso era todo, no había cajas vacías aguardando que las llenaran, ni muebles para regalar o vender, ningún acuerdo con una compañía de mudanzas. Era como si no hubiera podido enfrentarse a ello. Había decidido morir, antes que vaciar la casa. La muerte era una evasión, la única huida legítima. Sin embargo, yo no podía escapar; había que ocuparse de todo y nadie más que yo podía hacerse cargo.”


Nadie está del todo preparado para mudarse. Por más que lo haya hecho muchas veces, se sorprenderá de la cantidad de objetos y cosas que viene arrastrando desde vaya uno a saber cuánto tiempo. Y las conserva ¿por qué motivo? ¿para usarlas cuándo? Si ya ha pasado su “vida útil", si ya no se encuentran en las condiciones en las que entraron en nuestra órbita.

Entonces quizás hay otro motivo por el que las conservamos: para no olvidar. Toda mudanza es una oportunidad tangible para favorecer el olvido. Toda mudanza nos abre los cajones, el placard y nos interroga: ¿qué vas a hacer con esto? Los objetos y las cosas tienen su brillo mientras nos importan, mientras son. ¿Cuál es el ancla que impide que tiremos esa remera? ¿Qué traslademos esa caja con papeles privados de gente que no está y ya desconocemos?

El fetiche de la mercancía, puede ser. Lacan decía que el psicótico lleva el objeto a en el bolsillo, que no se ha podido separar de él, de ahí que su pérdida llegue a ser tan desastrosa. El neurótico -represión mediante- lo puede llevar simbólicamente (#LTA).

Todas las cosas que conservamos, en el fondo, son por las dudas, no vaya a ser cosa que nos olvidemos quiénes fuimos, dónde estuvimos, quién nos quiso y ya nos olvidó.

Una mudanza es una oportunidad de ser valiente y hacer algún duelo. El genio de Freud lo enseñó en su clásico Recordar, repetir, reelaborar.

Una mudanza también puede ser hacer fuerza, trasladar muebles y pagarle a un fletero por hora. Pero hay que vaciar la casa. Elija usted.

Oh mi amor, yo quiero estar liviano.


11 comentarios:

Joakkin | 3 de enero de 2013, 5:24

Llevo cuatro en cuatro meses. Lo bueno es que todo lo que tengo entra en un auto. Salut licenciado!

Lisandro | 3 de enero de 2013, 5:32

Yo participé de 5 en dos años y ahora se vienen 3 en un mes. Es un buen tamaño el auto! Salud Jkk!

Lucía | 3 de enero de 2013, 6:04

El padre de Auster "decidió" morir antes de vaciar la casa. Yo decido renovar los contratos, cíclicamente, antes de hacerlo. El desapego le cede lugar al desgano.

flor | 3 de enero de 2013, 6:54

mi último poemario, inédito, se llama "mudas" y, claro, lleva el genio del cambio, del silencio, del polvo, del olvido en la piel.

la mudanza que estoy viviendo ahora no es mía, pero me afecta. mi psicoanalista mudó su consultorio y la verdad es que odio el nuevo barrio, que no es para nada nuevo porque ahí, a una cuadra (una cuadra), viví durante 25 años.

Sabrina de Dios | 3 de enero de 2013, 7:04

Llevo 7 mudanzas y voy a por la 8va. Las he sentido como 7 muertes distintas, no por el dolor, sino porque cada nueva casa hace nacer diferentes sensaciones. A las casas que he habitado las recuerdo como si no me hubieran sucedido a mi. Salvo la casa de mis padres, claro.

Anónimo | 3 de enero de 2013, 7:12

Creo que cuando uno es un poco nómade se vuelve más liviano por necesidad, y luego disfruta de eso.

Lisandro | 3 de enero de 2013, 7:17
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo | 3 de enero de 2013, 7:35
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Lisandro | 3 de enero de 2013, 8:21

Comencé a leer el libro ayer, él comenzó a escribirlo el mismo día que murió su padre. Es un libro muy intenso y muy vívido, en la línea de sus autobiografías noveladas A salto de Mata y Diario de Invierno. Todo el que haya tenido que hacerse cargo de una situación similar se encontrará heladamente reflejado en sus páginas.

Lucía: renueva antes de que finalicen? "por las dudas"?

flor: es como sensación de sentirse engañado por algo que no es (nuevo, pero viejo).

Sabrina: durante mucho tiempo habité lugares, pero ninguna casa. Hay una novela de Mujica Láinez que se llama "La Casa" que me gustó mucho. Ella es la voz principal.

Lucía | 4 de enero de 2013, 5:25

Aclaro:prefiero renovar los contratos una y otra vez, antes que enfrentar una mudanza y vaciar la casa.

Maruja | 18 de enero de 2013, 3:35

Asi es.. las mudanza son a atravesar
(suerte que podemos contratar a "VERGA Hnos" que nos guarda algunas cosas y nos muda otras).

Publicar un comentario en la entrada