Nueva piel para la vieja ceremonia

I ache in the places where I used to play (Leonard Cohen, Tower of song)

En el tiempo en que festejaban el día de mi cumpleaños,
yo era feliz y nadie había muerto (Fernando Pessoa, Aniversario)


Recuerdo las noches de angustia salvaje en mi departamento cuyo dormitorio daba a la calle. Era imposible dormir con una ventana que temblaba con cada paso de cualquier auto o colectivo. Desde mi cama escuchaba todas las conversaciones de quienes pasaban por la vereda.

Vivir en el centro era un castigo. Sólo entre las 2 y las 5 de la mañana se podía descansar realmente. El insomnio debe ser lo más parecido a la desorganización psicótica a la que un neurótico -sin intoxicarse- puede acceder.

La habitación además, era difícil de oscurecer. Tenía una persiana de madera poco funcional, y las cortinas estaban muy separadas de la ventana. Las aberturas eran  viejas y entraba viento todo el tiempo. Estoy seguro de que mis amigos todavía deben pensar que era un lindo departamento, pero a decir verdad era un engendro poco apto para ser habitado por cualquier persona.

Murió Leonard Cohen y después de decenas de canciones que se me vinieron a la mente, volvió una imagen de una noche a oscuras en esa habitación escuchando en repeat “The partisan” y “the tower of song” deshojando como un cirujano cada palabra y cada frase, sumido en un profundo trance de lenguaje.

“Oh, the wind, the wind is blowing,
through the graves the wind is blowing,
freedom soon will come;
then we'll come from the shadows.”

Quienes alguna vez nos entregamos con pasión a las palabras, sabemos de su materialidad, sus raíces y resonancias. Y no sólo quienes nos dedicamos a tratar de aliviar el sufrimiento mediante su uso, sino todos aquellos que pueden advertir que una palabra nos devuelve lo perdido y olvidado, nos contiene lo indecible, nos ayuda a hacer pensable lo impensable, hace lugar para el  espacio del futuro y nos enferma y nos cura.

Hace unos días Leonard dijo que estaba listo para morir. Y le creí. Dicen quienes han muerto que ella se siente de manera inconfundible.

Siento su muerte cercana. Leonard me ayudó a reflexionar sobre la vida y me enseñó sobre la dignidad, el vacío, el amor, la muerte y la pasión. Todo gran artista tiene esa capacidad.  

Leonard se escurre suavemente hacia la oscuridad de la última habitación, regresa a los bosques y a las flores. Esta es su manera de decir adiós.

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