Y que los eunucos bufen

Por Roberto Arlt
"Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana. Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene qué decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.
Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones le produce surmenage.
Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de sus familias. Para hacer estilo, son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en salones de sociedad. (...)
El futuro es nuestro por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad, libros que encierren la violencia de un “cross” a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y “que los eunucos bufen”.
El porvenir es triunfalmente nuestro.
Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la “Underwood”, que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero... Mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará El amor brujo y aparecerá en Agosto del año 1932.
Y que el futuro diga."
Estos extractos pertenecen al prólogo del genial Roberto Arlt a su libro Los Lanzallamas. Creo encontrar ahí, una preciosa síntesis de algunas ideas de la modernidad. Recuerdo que cuando leí la frase “El futuro es nuestro por prepotencia de trabajo” tuve que poner el libro sobre mi pecho y sonreír. No podía estar más de acuerdo.
Esta introducción viene como prólogo de algunas ideas que ahora se me aparecen inconexas y que trataré de ver si pueden relacionarse sin forzarlas mucho. Me gusta esa idea de texto a descubrir.
El viernes pasado salió en nota de tapa del Suple Si de Clarín a Banda de Turistas, los prematuramente llamados a ser “la nueva gran cosa” del rock argentino. Si bien el disco debut tiene algunas canciones interesantes, el foco fue hecho en que se los mezcló un productor internacional con cierto renombre. Su nuevo disco –llamado “el retorno”- fue mezclado por un ingeniero de los estudios Abbey Road.
¿Se puede usar un poco de marxismo para leer algunas cuestiones ligadas al rock y a estos niños bien aunque pueda parecer excesivo? Si. Sólo –aquellos que hayan leído- piensen en las condiciones materiales de existencia. Copio partes de la cronista y declaraciones de ellos:
Viernes, 11 horas.
La cita es en la puerta del Sheraton frente a la Estación. Están los cinco + un amigo grandote que se ocupa de monitorear el recorrido hasta Maquinista Savio, donde está la casa de Bruno.
La idea de la nota era hacer una parte en tren hacia Maquinista Salvio. Amigo grandote = seguridad.
Viernes, 14 horas.
“…Llama la atención la dinámica de grupo entre los cinco. ¡Hasta completan las frases unos de otros! Lo cierto es que ellos dicen que ninguno quiere sobresalir. Y a las pruebas se remiten.”
Si, hasta que haya que firmar en Sadaic.
–¿Qué hacen para contrarrestar el efecto "Victoria Mil", que tienen consenso de banda- que-está-buena y nunca son masivos?
Pato: –Tratamos de que haya una bajada popular en las letras.
Tucán: –Y ser accesibles para todo el mundo.
Luis: –Hay niveles en los que la gente puede ir accediendo a nuestra música, pero la idea es que haya un primer nivel.
Primer nivel. Más transparente imposible. La gente es idiota, para ser masivos hay que darles basura, según entienden sus pares.
– ¿Cómo se despegan del cliché de la imagen de rockero?
Bruno: –Es un verso de una generación de hace cuarenta años. Así como no tenemos frontman, menos compramos esas boludeces.
Pato: –Ni los delirios del rock'n'roll. Estamos viviendo en una época post Pomelo.
Tucán: –Es un hecho cultural. Llega la parodia y se destruye.
Y esta declaración la saqué de otra nota, mucho más importante en Página 12:
¿Niños prodigio? “Niño prodigio se cree Charly García, y así le va.”
Y esta de otra menor:
“No tenemos ideología: ni antisistema ni prosistema, no hay ideales que podemos defraudar"
Oh juventud divino tesoro. Vayan al colegio.
La ideología no es una abstracción filosófica, está ahí circulando y más fuerte que nunca. A contramano de lo que se piensa o se hace pensar, ésta es una época de fuertes ideologías. Algunos utilizan -sin saberlo- la así llamada posmodernidad y se ponen bajo ese paraguas-bolsa-de-gatos con el que se trata de racionalizar –que es una razón a medias- un momento en el estado de cosas del mundo del rock.
Están muy bien las nuevas tecnologías, el avance –no progreso- es inevitable y ciertamente no democrático. El medio periodístico está en tensión entre las bandas históricas y masivas de la escena y un afán por lo nuevo, muchas veces desmesurado tratando de encontrar el diamante en el barro. Una opción también es resignarse y esperar.
Durante estos días hemos estado hablando con los ogros amigos y nos hemos dado cuenta que lisa y llanamente estamos de un lado de la vereda, más cercano al de la vieja escuela, métodos viejos, romanticismos cuasi reaccionarios. No nos caen simpáticas las hipérboles a bandas sin recorrido, con un puñado de shows, algunas sin discos, pero bueno, la vieja escuela tiene esa parte de viejo cascarrabia y la acepto. Me gustan las bandas que antes de interesarles dar entrevistas se preocupan por grabar un disco y tocar y tocar y tocar.
De todas maneras, creo que la situación es insoluble, al menos para mí o por ahora, el negocio de la música enfatiza más la primera palabra. Banda de Turistas acaba de firmar con Popart, la gran compañía nacional, incluso algunas de La Plata están por firmar o han firmado recientemente con multinacionales y todas sus etiquetas y poses encuentran su otoño. No estoy hablando de talento, estoy más cerca de hablar de poder respaldarse en vivo en sus shows, algo básico.
Todas las palabras pensadas, los maniqueísmos aprendidos, las imágenes con photoshop, los myspace muy lindos; dicen en apariencia. La era del vacío, si, algunas veces. La prepotencia del trabajo, pocas.
Para los que resistieron esta perorata hasta acá, cito al amigo Zizek en una entrevista en la tv:
“Digamos que tenés un buen padre chapado a la antigua, es domingo a la tarde, tenés que visitar a la abuela, el viejo padre autoritario te diría: escuchame, no me importa cómo te sentís –si sos un chico pequeño, claro- vas a ir y te vas a portar bien.
Está bien, no te podes resistir, no se rompe nada.
Pero digamos que tenemos al así llamado padre posmoderno tolerante, lo que el te dirá es lo siguiente: sabés cuánto te ama tu abuela, pero aun así, solo tenes que visitarla si realmente querés. Ahora, todo chico que no sea idiota –y no lo son- sabe que esta aparente libertad de elección secretamente contiene una orden aun más fuerte, no solo tenes que visitar a tu abuela, sino que te tiene que gustar.
Este es un ejemplo de cómo la aparente tolerancia, las decisiones, conllevan una orden mucho más fuerte.
-¿entonces que? ¿Hay que volver al papá que dice: “porque yo lo digo”?
-absolutamente, es más honesto."
Café descafeinado, azúcar sin azúcar, sexo seguro –sexo sin sexo-, guerra sin muertos, chocolates laxantes, un escenario en apariencia despolitizado, la ideología funcionando a toda máquina y las bandas en la encerrona de las contradicciones de la (des)honestidad intelectual y del corazón.







