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Viernes 3 AM

¿Por qué mata Walter a Mike, si ya lo habia doblegado, si ya lo había hecho perder lo que más quería, si ya lo había quebrado por dentro y estaba indefenso y en retirada? ¿Qué goce loco, irrefrenable, avanza y solo se silencia con la muerte?

Mike, en su dignidad última le pide que al menos lo deje morir en paz.Cuéntenme una escena reciente más griega y post freudiana que esa.

Veamos hoy: un representante del estado que estaba por denunciar a un presidente es hallado muerto en el baño de su departamento el día anterior a la –probablemente- máxima exposición de su vida. A diferencia de la ficción, no comienzan a surgir hipótesis, comienzan a surgir verdades: lo mató el Gobierno, o lo hizo suicidar. Lo demás no importa. Como en Alicia, la sentencia viene primero, el juicio viene después.

Su muerte conmociona, estremece sea como sea, y más si fue asesinado. En el lodo y todos manoseados comienzan a aparecer signos: los servicios de inteligencia, la embajada de USA, políticos, periodistas, un ministro que llegó muy rápido, carpetazos, cerrajeros, asistentes, diarieros, hasta personal trainers. Pero no sabemos. Quizás no haya profundidad y la clave sea leer todo como la carta robada. Cuando estoy cansado me gusta pensar que todo está ahí y es uno quien no lo ve.

Lacan fijó en un aforismo que la verdad tiene estructura de ficción, porque ésta bien puede ser cualquiera. En esta contemporaneidad donde todo es imagen y vértigo, donde hemos vuelto a un auge (o nunca nos fuimos) donde lo fenomenológico es el nivel de análisis cotidiano y de exigencia para el pensamiento, el verosímil se devora todo. Todo lo que más o menos parece, puede ser. Y trata de llevarte puesto.

La pregunta por el sentido puede conducir fácilmente a la desesperación. En la vida y la verdad también está dadá en grandes dosis, el vacío, las encerronas, los contrarios unidos. Hay cosas que no se pueden saber, cosas que se hacen porque si, alienados, convencidos, o movidos por la pasión de la ignorancia. Es tan posible que alguien se levante, se tome un té con cianuro y muera sosteniendo un zapato en su mano como que un tipo vaya al baño y salga con los pies hacia delante. Porque el futuro es posibilidad explica bastante.

Pienso en las luces que entrevió Mike en ese atardecer, en todo ese mar en primavera.


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Fui al río



Pienso en ríos. Me gustan, siempre me gustaron.  

Tienen algo de sartreanos con eso de estar dándose la existencia todo el tiempo lanzados hacia el futuro. 

Un rio está siendo. Nunca es  igual ni a sí mismo ni a otros.

Todavía no entiendo de dónde vienen. Lo sé como información pero no lo creo. Lo reniego. No pueden formarse por el deshielo, debe ser un mito. Y digo este origen  porque esos fueron mis primeros ríos, los patagónicos.

Recuerdo momentos de terror nadando por los brazos equivocados del Neuquén a pesar de ser -en aquel entonces- un avezado nadador. En los remolinos se siente el animal que es y que te tira hacia abajo y busca ahogarte. Los que saben dicen que hay que esperar a que te escupa  y nunca luchar para zafarse porque es inútil y te ahogas por la desproporción bíblica de fuerzas.  

¿Cómo habla un río? ¿Por qué no le gusta la lluvia? ¿Preferiría ser otra cosa? Silencio, el idioma de Dios.

Pensé en la canción de Suárez, la de los hermanos Berbel, el cuento de Cortázar, el poema de Ortiz, la canción de Ramón Ayala, el libro de Saer,  en los dementes cantos de Maldoror, en algo que escribí hace un tiempo.

Pero ahora al borde de la noche vislumbro un río de Santa Fe en un íntimo contacto con el  polvo y recuerdo  las horas que abracé las aguas para llegar a esta habitación. 

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Recordar, repetir, reelaborar



Hace exactamente 100 años, el genio de Freud escribió un texto fundamental para el psicoanálisis llamado Recordar, repetir, reelaborar donde reescribe su teoría del síntoma bajo la premisa de hacer conciente lo inconsciente. Un Freud clásico pre más allá del principio del placer donde despliega su majestuosa hermenéutica. 

Pero no quiero detenerme en lo puramente teórico más que en esto: para Freud, había que traer al aquí y ahora la peste neurótica ordinaria (por eso uno se siente peor cuando empieza a tomarse en serio), transformarla en una de transferencia para finalmente disolverla y hacerla un padecer más amable. Pero obviamente estas resistencias no se dejan vencer así como así y es ahí donde el psicoanálisis por su método se diferencia de todo trabajo sugestivo. 

Pero lo que quiero destacar es la lógica temporal de los términos: recordar, repetir, reelaborar. Una después de la otra.

¿Cómo podemos entender que una persona, a sus treinta y largos años se atreva a llevar adelante un acto que quizás viene demorando hace tanto? ¿De dónde brota la intuición como verdad que lleva a alguien a hacerse un ADN y cotejarlo con el banco nacional de datos? 

Existe un territorio muy fértil para leer en el mundo psi acerca de las primeras inscripciones en el psiquismo previo a la conciencia. Basta pensar en Piera Aulagnier y la maravillosa Silvia Bleichmar por citar dos. Dicen que el nieto de Estela de Carlotto estuvo tan sólo 5 horas en contacto con su madre. Es casi imposible suponer que este contacto tuviera un efecto de huella. Nada sabemos todavíade  su historia. Pero lo que si sabemos y podemos hipotetizar es que hubo otro cuerpo, social, que hizo de Otro y brindó las coordenadas históricas, la letra para que una persona piense en sus huellas, tome lo que circula y recuerde. Porque eso que hicieron de nosotros antes de que tengamos memoria sigue funcionando: dónde nos gusta que nos toquen, un aroma preferido, un sonido que es mamá, una ausencia inmaterial que vuelve y pide un significado. Y las huellas colectivas. La verdad insiste desde múltiples planos.

Recordar, repetir, reelaborar. Memoria, verdad, justicia. Sientan la afinidad cósmica.

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La altura del acto




Ganar o perder son términos más o menos vacíos según el contexto donde se apliquen. En un juego reglado, como estadío final de las cosas su significado es pleno, contundente y excluyente: se gana o se pierde. Son los análisis reduccionistas que gustan algunos fríos corazones bidonistas. 

Para el psicoanálisis esos términos no tienen demasiado sentido. Si se tardó 24 años en llegar al mismo lugar debe ser o que no es tan sencillo o que no se es tan bueno como se supone. Entonces lo importante debe ser otra cosa. Ganar o perder implica una dimensión ética y el centro está en el cómo.

Durante este mundial se puso en cuestión la identidad de juego de Argentina. ¿Somos un equipo vertical, con gran poderío ofensivo que ataca asumiendo riesgos? ¿O somos un equipo pragmático, que ocupa espacios de manera inteligente y contragolpea en la medida en que puede? Bueno, depende. La estrategia es el Otro. 

La  “personalidad” en la historia de las ideas de la psicología tiene su raíz y desarrollo en USA, pero nosotros (digo nosotros a los deudores del vienés y del francés) aceptamos la hipótesis del inconsciente y de todo aquello más allá de la razón del yo que nos determina. Nuestros jugadores son muy freudianos y recurren seguido al Otro: se persignan antes, durante y a veces después de cada juego, se tatúan nombres de seres queridos en el cuerpo e incluso armas. Algunos quedan solos frente al arquero en la final del mundo y la tiran “incomprensiblemente” afuera. Quien es considerado el mejor jugador, sin motivo aparente vomita durante los partidos, como si quisiera decir algo y no tuviese la letra.

Quienes apostamos a los procesos, miramos el cómo más allá del resultado y rescatamos que siempre lo que importa es la construcción del camino, porque la vida está llena de pequeñas derrotas, de resultados por la mitad, de pequeños autoboicots, de no estar a la altura de lo que el acto pide. Por eso la única la derrota verdadera es la de aquél que sabiendo cuál es su deseo, lo ignora. Y estos jugadores como dijo Mascherano, se “vaciaron” intentando cruzar el Rubicón de sus carreras.

 Muchos no necesitarán revancha porque no pueden desear lo que ya han conseguido. 

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Lo que es del César

No me enfermé en todo el año, ahora que me estoy por tomar unos días de vacaciones  lucho mano a mano contra una incipiente gripe. ¡Que lo parió a la clase media y el miedo atávico de no tener trabajo!  Corre por  las venas del lenguaje ese deber ser hijo de la inmigración, eco de la clase baja de las grandes ciudades que tuvieron un par de hijos universitarios que se forjaron un futuro que no estaba destinado para ellos.

Todo es memoria y repetición del gesto. Una vez le pregunté a mi mamá por qué cada vez que yo le decía que necesitaba algo –una lapicera, por ejemplo- me lo traía por duplicado. Me contestó que porque para ella era muy importante que nunca me faltara nada, que yo nunca llegue a sentir eso que ella había vivido alguna vez en una ya mítica Rosario.

Tengo una relación desapasionada con el dinero. Históricamente siempre fue todo más o menos. Mucho trabajo familiar y vacaciones excepcionales, en el sentido de la eventualidad. No ir a la escuela y poder ir al río, esas eran mis vacaciones patagónicas. No conozco Europa, pero tampoco conozco ni Salta ni Tandil y a Mar del Plata fui por primera vez en el 94 antes de los Panamericanos y recién el año pasado, y a trabajar. No pasa nada.

Me gustan mucho y tientan las novelas biográficas de Auster, pero no seguiré su enseñanza. Nunca viví nada de esto como una frustración. Uno puede ser medio feliz sin salir de su barrio, es el síntoma de los platenses. 

La relación con los objetos, con el dinero , con el mundo en general  está tan multideterminada que a veces nos sorprendemos haciendo, diciendo cosas en las que no nos reconocemos, especialmente  en el primer momento de un sufrimiento. 

Esta enfermedad que me está agarrando no es mía: soy trabajador, pero tampoco tanto,  hay otros mucho más enjundiosos y capaces, mi magia es modesta y sufre de constantes interrupciones. ¿Se puede trabajar menos de 10 horas en Capital?

Ya me siento mejor, mi nariz está liberada, veo al gato agotado a mi lado, bañandose con lentitud. Es bueno advertir qué cosa le corresponde a cada quién, hay que aprender a dejar de ser gozado y ser un poco más libre, si para todo hay término y hay tasa, si finalmente todo es más o menos.

Tome conciencia de clase y pare de sufrir. 

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