El mal sin pasión


Hanna Arendt –periodista norteamericana- en ocasión de presenciar el juicio al ingeniero del Holocausto, Adolf Eichmann, habló de la “banalidad del mal”.

Hay que hacer unas aclaraciones sobre el término: en inglés “banality” significa trivial, y en una segunda acepción, algo obvio, predecible, un lugar común. En castellano según la RAE significa trivial, común, insustancial. El énfasis está puesto entonces no tanto en que no sea muy importante sino en su omnipresente cotidianeidad.

Arendt se refirió a esa banalidad cuando pudo notar -cubriendo el juicio- que aquellas personas que llevaron a cabo esas monstruosas tareas de aniquilar millones de personas, eran personas comunes, capaces de disfrutar del arte, ser atentos con sus compañeros y familia, adoraban a sus hijos y no eran psicópatas, ni demonios, ni monstruos sádicos salvajes dignos de la psiquiatría o de otras ciencias oscuras; sino simples burócratas con ambiciones medias de dinero y de escalar en la pirámide social. Según Arendt, estos funcionarios eran incapaces de pensar con autonomía y utilizaban continuamente frases hechas y clisés. Los mandaban a freír 20 mil en un día y simplemente lo hacían. Buenos empleados.

Siguiendo esta línea, ¿No son acaso Cobos, Redrado, Morales Solá, y algunos escribas de Clarín ejemplos locales de esta banalidad? De más está decir que los crímenes de los primeros no se pueden comparar con los segundos a nivel de las consecuencias, pero si de funcionalidad y pragmatismo. Oponerse por el sólo hecho de hacerlo sin contrapropuestas viables es como marcar tarjeta. Ahora piden cuidado en cómo hay que hablarles a los ingleses no vaya a ser cosa que se enojen y nos hagan chas chas político. Cipayos.

También podemos ver algunos periodistas como Magdalena Ruiz Guiñazú o Locomotora Castro que actúan desde el más visceral odio contra el Gobierno, esos nos caen más simpáticos en su hijaputez que los primeros, quizás por nuestro gusto por altos grados de honestidad, pero aun así son detestables. Para otro momento queda el debate acerca de un empleado disidente, que postura debería tomar.

Asistimos a una prédica por parte de la oposición que enarbola banderas como la tolerancia, el consenso –de W-, el empleado privado hace el mal sin pasión, el del Gobierno se puede dar el lujo de, llegado el caso, hacerlo con pasión. Y no es sin consecuencias, ya que la pasión en algunos ámbitos produce en el otro una incomodidad que me animo a decir, cala en su subjetividad de una manera tan honda que necesita estar a distancia de ello. Animal Fernández por ejemplo en su vehemencia suele enturbiar su mensaje –pero nos gusta y divierte-.

La pasión del juez Garzón por la justicia está a punto de llevarlo de una manera insólita a perder su condición de juez, en una movida de sectores ligados al franquismo que no gustan de sus acciones. Su sed de justicia tiene pasión, y hay una parte innegable de venganza en la justicia, basta mirar cualquier familiar de una víctima pidiendo la ley del Talión a los gritos, salvo pocos casos de asombrosa humanidad. La ley de los hombres tiene estas cosas.

Terminemos con una de esas hipótesis que me gustan tanto: en el caso de Callejeros y Cromagnon, la banalidad del mal también está presente, ahora, supongamos que el baterista de Callejeros estaba discutiendo “acaloradamente” con su mujer y por un mal pase de manos se desencadenó la tragedia que terminó con la vida de su mujer. Démosle el beneficio de la duda y pensemos que fue un accidente, pero pensemos lo contrario también: si fue así, otra vez presente el mal sin pasión, un daño burocrático que demoró largos días –diarios, televisión mediante- en causar la muerte y vaya ahora uno a saber si se va a poder comprobar si lo hizo adrede o no. ¿Por qué no la quemó entera y le zapateó arriba así le ahorraba la agonía? Ah, lo último sobre eso: que haya sido cremada ¿no es un poco irónico?

Adorno dijo que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie. No estamos de acuerdo, ya que el péndulo de la historia seguirá cortando cabezas y dándonos ejemplos del horror cotidiano y del desbocado. La imaginación radical y el amor por los desesperados casi siempre reconstruirá algo de las cenizas.

5 comentarios:

flor | 22 de febrero de 2010, 12:46

siempre pensé que lo de Adorno era una boludez. Yo diría exactamente lo contrario y hasta que porque hay Auschwitzes es que, entre otras razones, la poesía puede exisistir.


Lo que decís de Cobos, Redrado y Morales Solá o Van der Kooy o la periodista que firmó esa mentir del aumento de precios en los útiles me parece polémico. Ayer alguien defendía a los pobres periodistas de clarín que no están de acuerdo con lo que hace el medio para el que trabajan. A mí me parece que a esta altura de la situación si laburás en clarín y no estás de acuerdo con su política editorial te tenés que ir. Además, cuando uno se entera de los estrechos vínculos de Morales Solá con la dictadura en tucumán, la banalidad, la burocracia se me desdibuja. Esos tipos meten la mano en el fango.

Beto_Reyes | 22 de febrero de 2010, 19:06

Qué ironía que esta chica haya sido cremada? Más bien lógico, el 60 % del trabajo ya estaba hecho (perdón si hiero susceptibilidades).

Lo del aumento de útiles escolares mencionado arriba en otro comentario lo ví ayer en 6 7 8 y les digo la verdad como no leo Clar*n y La Nac*on no estaba al tanto de sus informes tendenciosos. De todos modos me dan asco Clar*n en gral y este programita alcahuete y vacío de contenido que no sé ni por qué miro... me estoy pareciendo a esos "periodistas" mencionados tambièn arriba que protestan de la política del Grupo Clar*n y siguen trabajando para él.

Saludos!!!

Antonio Juan | 23 de febrero de 2010, 2:51

qué asco me da la mala intención periodística, más cuando responde a la línea editorial de la empresa, y van como cachorros detrás del hueso casi pelado.
es una pena que no mencione la existencia de maldad en "el otro bando", que la hay y mucha. (a estas alturas soy reiterativo, por lo tanto soy aburrido y por lo tanto mi discurso es banal).
apuntes sobre la novia del baterista: haya sido como haya sido, el pibe volvió a pasar la historia del fuego, la agonía y la muerte, hablándose de él como probable culpable, y volvió a quedar libre. O es un piedra terrible o tiene más culo que mal gusto.

Lisandro | 23 de febrero de 2010, 5:12

flor: algunas cosas me parecen tan obvias que ya casi no me dan más ganas. Y sobre los útiles, "justo" no se ve canal 7 en mi cable así que no pude ver nada.

beto: gran chiste, nadie se va a sentir herido.

Tony:en el "otro bando" claro que la hay, y mi hipótesis es que lo hacen con pasión, creyéndolo mucho más y quién sabe que cosas hacen antes de llegar a los resultados visibles.
Y lo del batero tal cual: just a little bit of history repeating...

Joakkin | 24 de febrero de 2010, 10:28

Para the drummer el fuego ya es algo banal. Dice Clarín que para sus cumpleaños nadie se anima a hacer la torta, para ahorrarse el disgusto de las velitas.
Eso da para pensar. Es Arzeno culpable de la caída de Alejandra, o está en su burocracia moler a palos. O quizás sea una metáfora de ella y la gravedad.
¿Quién nos cae mejor? ¿Un Fucks o un Recondo? Es como decías vos que preferimos siempre un Gelblung en su vileza que un Biasatti.
Dame a Maradona y sáquensela a Pasmann.
Otra cosa: Morales Solá no labura en La Nación? a Magda Ruí la escuché varios años a la mañana tempranísimo. Una mujer que se levanta todos los días a las 4 para trabajar,discúlpeme señora,pero es un poco sospechoso.
The Reader toca el tema en cuestión también.Y sí,la justicia y la venganza van siempre de la mano, si algo hemos aprendido de V.En el fondo, pocos quieren la paz. La mayoría quiere ojo por ojo. Quieres piedad, dame sangre.
Y la palabra del año es hijaputez. Atrás quedaron quebuto y Van SAnt.

Trabajo práctico: la próxima un nexo entre Van Sant y la hijaputez. El Cobos de la cámara.

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