Larrea esquina Sarmiento

Muchos dias fuera del hogar y algunas ideas para meterlas en en bowl, unirlas y ver que sale siguiendo las enseñanzas del loco de Tzara.

Viajé bastante en colectivo, líneas nuevas y otras conocidas, dejé la ciudad. Sin los auriculares y con casi tres horas en un solo día haciendo recorridos urbanos uno tiene material de sobra para chusmearle a la vecina o escribir un cuento. Una mujer hablaba muy acongojada por teléfono, dejó de hablar y rompió en llanto. Quería y no quería mirarla, darle un poco de privacidad para que lo hiciera sin tantos ojos sobre ella, era dificil. Una de las paradas duró bastante ya que subió mucha gente. Ella miraba para afuera, justo se veía el mármol tallado que decía “Nuestra señora del socorro”. Supe qué pensaba por un instante.

 Del otro de los asientos que marean -ya que dan la espalda al sentido en el que se avanza-, una pareja de jóvenes padres lucían preocupados mientras su hijo de unos 3 años jugaba con la radiografía de su tórax, la doblaba, la miraba a contraluz, le descubría el divertido sonido que produce al ondularla.

En el asiento individual para penitentes, un viejo olvidado actor argentino movía los labios con desesperante calma, abrazaba su traje marrón recién sacado de la tintorería y no miraba a la mujer que no secaba sus lágrimas. A pocas cuadras de dónde debía bajarme subió el inspector. Le dí mi boleto pero me dijo que era de otra línea. Y era. Por unos instantes me sentí el más idiota, lo único que faltaba era que el inspector accionara contra mí por un descuido. Pero no, la vida de buen peatón incluye no tirar basura, así que tenía mi boleto y me lo cortaron.

Esa noche soñé que me tomaba un colectivo que jamás que tomé (eso pensaba): el 37. Me llevaba para San Telmo, que es para donde va en un sentido de su recorrido, pero bajaba y era otro lugar, estaba en una manifestación, le estacionaba el auto a una anciana como favor y me encontraba con un amigo. En un momento la columna que formábamos comienza a bajar por una calle con una pronunciada pendiente y de pronto es otra ciudad reconocible, de mi infancia, pero yo tenía la edad de ahora y de repente aparece Francis Ford Coppola, le critico su última película, se adelanta, yo lo alcanzo a mi amigo y le digo al oido: “director´s cut”. En ese momento Coppola se da vuelta y me dispara repetidas veces a la altura de la cintura, me doy vuelta y sigue por la espalda. Siento caer y no poder mover las piernas. Despierto.

Ya lo decía Freud, el sueño es un rebus, un jeroglifico. Y el inconsciente sabe y escribe bien, con múltiples figuras retóricas. No voy a ahondar en este tono pseudo intimista que no me agrada pero bueno, llega a imprenta.  ¿Sería el cineasta? ¿A quién le cortaron las piernas? Cut = cortar, Coppola = Guillote. Piernas que se cortan, ¿acaso que hacen los balazos? ¿Y por la espalda? Traición. Soñé un sueño maradoneano.

Al día siguiente de casualidad tuve que tomarme el 37, no en el sentido a San Telmo sino por Entre Rios. Un rato antes había comprado por 10 pesos “Los condenados de la tierra” de Frantz Fanon, una ganga, me gusta cuando a los libreros se le escapa la tortuga. Me llamó una amiga para que la ayudara a pensar qué libro le podría regalar al novio que se iba a Europa unos meses, pero la condición era que la trama aconteciera en ese continente y no incluyera poligamia. No teníamos mucho tiempo, descartamos algunos obvios, reímos y sugerí “Viaje sentimental por Francia e Italia” de Sterne y otros que no diré si fueron los elegidos o no para no ser tan botón.

Al día siguiente fui a buscar a Parque Rivadavia otro libro –comprado por Internet a otro incauto- del querido Mailer, “Los ejércitos de la noche” a tan sólo 20 pesos. En su contratapa se lo vendía como uno de los 10 mejores libros del año 69 para la revista Time junto –entre otros- al de Fanon.

El sueño de la noche fue más leve: solamente llegaba tarde a una obligación que aun no sucedió. 

Monotemático. 

8 comentarios:

Juan Antonio | 17 de agosto de 2010, 8:19

Las crónicas urbanas, los aguafuertes capdevileanos, se acumulan y esperan su pronta publicación. En tu descripción de este Buenos Aires exótico hay mucho de onírico, el sopor del instante inmóvil a los ojos del escritor romántico. Por eso la línea que separa esa realidad ficcionada y el sueño reficcionado es débil, se la puede cruzar caminando (o en colectivo).
Los sueños maradoneanos no fallan. Soñé que jugaba con la selección del ochenta y seis, no sé si te lo conté alguna vez. Fue un sueño heróico, pero siempre supe que sería campeón.
Y yo, que no retengo los sueños casi nunca, tuve esta semana uno de los más bellos sueños de mi vida. No voy a revelar detalles, pero el sueño consistía en el famoso what if que tanto apasiona a los guinistas de de la Norteamérica yanqui. Una redención a la que definiré como la caricia que necesitaba, tardía, un gesto de devolución que no había tenido en casi ocho años y medio. Una charla, un abrazo, un beso en las mejillas y hasta el recuerdo de la sinceridad y la espontaneidad que se apagaron algún día. Magnífico. Me desperté sonriendo.
Ocho y medio, para colmo y hablando de sueños...
Por último, doble alusión a Virus, nuevamente, en el título y en el cierre. ¡Grande, Barullo!

Juan Antonio | 17 de agosto de 2010, 8:21

Ah, no había visto que abajo está el video de Virus. Qué pancho!

Todo bien, todo legal | 17 de agosto de 2010, 9:01

El otro día no se con quien hablaba sobre el tema de recorrer Buenos Aires ya que siempre es lo mismo. Plaza-Centenario-Alpargatas-Córdoba y Carlos Pellegrini- Trabajo y viceversa.
Flores es un lugar piola, tiene su zona comercial, muchos bares con extranjeros jugando al pool.

Ahora, te quiero ver relatando un trip por Zona Oeste...

Lisandro | 17 de agosto de 2010, 10:19

J: que gran sueño maradoneano! no me lo habías contado, quiero los detalles pronto. Y sobre el nuevo, mesa ogra mediante quizás. La vida es sueño según Calderón (Tego) y el sueño es una realización de deseo para Freud. Claro que hay casos que lo contradicen. Chas gracia.

Ax: ese recorrido de máquina poco de divertido tiene, salvo los ronquidos del Plaza y la gente molesta que no para de mirarte si tuviste la suerte de sentarte.
Ya he relatado trips por parque patricios haciéndome "amigos" y por Liniers, pero si 24con.com me pone la platita o los viáticos te hago zona oeste encantado, no pasa nada...

flor | 17 de agosto de 2010, 17:33

siempre me pregunté cómo se plantan los licenciados ante sus propios sueños, si es que pueden autoanalizarlos, si es que pueden hacerse los boludos, si es que...

me da mucha intriga.

me gustaría pensar que a los libreros no se les escapó la tortuga (maradoniano hasta para lo que escribís), prefiero pensar en otros términos, que los venden a esos precios como una cuestión solidaria.

me gusta que estés viral.

Lisandro | 18 de agosto de 2010, 8:37

depende de cada uno flor, se puede hace autoanálisis, llevarlo al análisis individual, escribirlo y desmenuzarlo, para mi depende de cada uno y de su experiencia con ellos, y qué entiende qué es soñar, porque si son visiones del futuro... ya es otra cosa.

y en cuanto a los libreros, en general siempre las cosas buenas están caras o casi al valor de lo nuevo, no tiene gracia. Solo deberían fajarnos con reliquias. Acá en una plaza hay un librero buena onda, lo más parecido a la solidaridad:
http://www.eldia.com.ar/edis/20100222/informaciongeneral9.htm

besos!

Joakkin | 18 de agosto de 2010, 21:08

Para el Quilmes Rock 2007 me bajé en el Plaza en Pellegrini y Santa Fe y me vi el segundo tiempo de Boca - River en el bar de la esquina. Ahí me fui caminando hasta el Antonio V. Liberti.Me esperaba el campo,eso fue un trip.
Yo recuerdo sueños de años pasados inclusive,a veces hasta confundo recuerdos lejanos con sueños recientes. Otro trip. Me acuerdo que soñé días anteriores al comienzo del mundial, que estaba en el laburo y un desconocido me decía con timidez que Maradona se había muerto. Lloré desconsoladamente, me angustié y la angustia me duró un rato después de haberme despertado. Creo, la peor pesadilla que tuve, no juzgando el hecho en sí, que fue sin dudas horrible, sino por la sensación amarga que duró unos instantes después de haber recobrado el conocimiento, jamás me había pasado.
Por otro lado, hoy pensaba en la soberbia actuación de Pacino en The Godfather II,la cual vi ayer,y en breves me iré a dormir, espero no estar metido en sueños en el hostil ambiente de Michael Corleone.

Todavía no vi Tetro, pero Francis Ford no la tiene adentro. El otro sí,claramente.

Anónimo | 13 de septiembre de 2010, 11:54

que guachada que las calles ortega y gasset no se crucen

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