La canción del verdugo

"No es fácil escribir en primera persona sobre un personaje que es más fuerte y más valiente que tú. Pero hay que hacerlo, porque si todos tus personajes tienen tu mismo nivel, no te enfrentas a temas más importantes."
Norman
Mailer.
Norman
Mailer.
Ya tenía las yemas de los dedos negros de tanto revolver entre los puestos de libros de Plaza Italia –como en El nombre de la Rosa- cuando lo vi aparecer robusto entre folletines y bestsellers. “La canción del verdugo” de Norman Mailer me miraba envuelto en un folio, preservado del contacto con otros libros que él mismo consideraría menores, y a tan sólo 25 pesos. Lo compré sin dudarlo, de hecho lo había estado buscando sin suerte en otros lados. Había leído a Mailer decir que ese era uno de sus mejores libros, que había empezado a escribirlo motivado un poco porque –a pesar de quererlo- estaba harto de escuchar a la prensa hablar sobre “A sangre fría” de Capote.
Me tomé el 59 para emprender el camino a casa y lo abrí. La primera palabra era el nombre de una amiga con la que había estado hablando sobre Mailer los días previos, la misma que me había robado de mi casa “El prisionero del sexo”. Le conté la coincidencia y entre sus gritos e hipérboles no pudimos entendernos.
La novela fue publicada en el año 1979 y le valió al autor un Pulitzer. Es considerada por cierto sector de la crítica como una de mayores novelas-reportajes del siglo XX y los elogios no son nunca suficientes.
Gary Gilmore, el protagonista, había pasado 18 de sus 35 años preso cuando, habiendo obtenido su libertad condicional, cometió dos crímenes inmotivados, asesinó a sangre fría a dos norteamericanos sin proponérselo pero . Las narraciones de Mailer son excepcionales. Tras una aparente simplicidad se encuentra un autor omnisciente que juega con el lenguaje como pocas veces he leído algo. La experiencia de leerlo en inglés es aun más impactante.
La novela contiene fragmentos de cientos de entrevistas hechas a Gilmore que el documentó y de la correspondencia entre Gary y su amada Nicole de 19 tiernos años. Sobre éstas cartas Mailer ha dicho que son la más fina literatura que el haya leído jamás. Muchas de las cartas y extractos de entrevistas aparecen tal cual en el libro.
Gilmore fue sentenciado a la pena de muerte –el primero desde su reinstalación en Utah- y lo curioso del caso es que el se negó a apelar el fallo, lo cual le dio gran trascendencia pública. Los defensores de los derechos humanos lograban interponer recursos para demorar la ejecución mientras Gilmore gritaba a los cuatro vientos que quería ser fusilado en tiempo y forma. La novela también describe la sociedad americana de ese entonces: el puritanismo mormón de Utah, la vida ordenada y “normal” de las dos víctimas versus los irrefrenables impulsos de Gilmore por la violencia y el sexo descarnado con su joven novia. Por momentos la traducción edulcora y quita fuerza a las escenas de violencia y sexo, pero aun así, es increíble cómo alguien puede mantener el suspenso por casi 600 páginas.
La negativa de Gilmore a hacer uso de sus derechos de apelación de la pena lo fue convirtiendo lentamente en un héroe de la clase trabajadora y la figura más buscada por los medios de aquél entonces a los que terminó vendiendo los derechos de entrevistas para darle ese dinero a Nicole.
Recuerdo que cuando comencé a leerla no sabía que el caso de Gary Gilmore había sido “en verdad” en Utah. Tal es la genialidad de Mailer que esos límites se confunden pero siempre es ganancia para el lector.
Cada vez que me preguntan cuál es mi libro preferido, estoy tentado a decir que “La canción del verdugo” se ha convertido en ese, traicionando junto a mi memoria a muchos otros que en otros tiempos me han deslumbrado.
Carta de Gary a Nicole ya estando preso:
“No soy un hombre débil. No he sido nunca ni un castrado ni una rata; he luchado siempre. No seré el más duro de los malnacidos que corren por ahí, pero siempre he dado la cara y contado entre los hombres. He hecho algunas cosas que harían temblar a más de un mamón, y he aguantado cabronadas que nadie debiera soportar. Pero lo que quiero que entiendas, mi niña, es que mi corazón es tuyo, y que con mi corazón tienes, creo, el poder de aplastarme o destruirme. Te ruego que no lo hagas. Lo que siento por ti me deja sin defensa.
No puedo compartirte con ningún otro, con ningunos otros, Nicole. Antes me quiero muerto y ardiendo en alguna forma de infierno, que saberte con otro hombre.
No consiento en compartirte. Te necesito entera.
Si yo paso sin joder, tu puedes hacer lo mismo. Perdóname la crudeza, pero es la verdad. Nos amamos mutuamente y nos pertenecemos el uno al otro; no nos lastimemos, no nos lastimemos jamás.
Este dolor me paraliza. No puedo dejar de imaginarte con alguien. No puedo. Y tengo que echar de mi mente esas feas imágenes. No quiero que nadie te bese ni te tenga ni te folle. Eres mía y te amo.
En la última página de tu carta decías que no volveré a tener motivo de sufrir así, que lo vas a dejar, que era la verdad, decías. Cristo bendito, de los jodidos treinta y cinco años que tengo, más de la mitad los he pasado en la cárcel.
Con todas las cosas que me han pasado, tendría que ser un cabrón de lo más duro.
Pero no soporto estar lejos de ti: te echo en falta a cada minuto.
Y no puedo tolerar la idea de un hombre estrechando tu cuerpo desnudo y mirándote poner los ojos en blanco mientras reposa él entre tus brazos.
Ni puedo ni quiero compartirte. Tienes que ser toda mia. No me importa lo que dices de que ee loco corazón tuyo no sepa decir no a quien te pide ser feliz. Mi corazón, loco también, pide a tu loco corazón que no diga no cuando te pido que seas solo mia en mente, alma, vida y corazón. Deja que sea el próximo y único hombre que te tenga.
Dios mio, cómo te necesito, nena, nena, nena, folla sólo conmigo no folles con nadie más, no lo hagas, no, que me mata. No me mates.
¿Es demasiado pedir? Escribe y házmelo saber…
DIMELO DIMELO,
MALDITA SEA
DIMELO
Joder hostia mierda Dios Nicole
Dimelo.
Miércoles y Domingo distan demasiado entre si… ¡¿Por qué no me escribes más?!
Nicole, no vayas con nadie, no lo hagas, no no, no, no
Estoy jodiendo de mala manera con esta carta. Es preciso que la termine de algún modo y la termino así. Te necesito TODA. No te comparto con nadie. Te quiero. TE QUIERO TE QUIERO TE QUIERO TE QUIERO.
No, no estoy borracho ni cargado ni nada, soy yo y nada más que yo quien escribe esta carta carente de belleza: sólo yo, Gary Gilmore, ladrón y asesino. El loco de Gary. El que un día soñará que era un tipo llamado GARY, que vivía en la América del siglo veinte y que algo iba muy mal… pero qué era, qué es lo que iba mal, bueno, las cosas están tan cagadas, tan supercargadas, como solía decirse en el Spanish Fork del siglo veinte. Y ese tipo recordará que también había algo muy bello en aquel antiguo Imperio Mormón de las montañas, y empezará a soñar con cierta zorrita de ojos verdes y pelo rojo oscuro que ponía en blanco los ojos y se le tragaba entera la polla y reía y lloraba con él y no le importaba que tuviera los dientes jodidos sin remedio y le enseñó a follar otra vez con mujeres, y no con su mano y con las fotos del Playboy.”
Me tomé el 59 para emprender el camino a casa y lo abrí. La primera palabra era el nombre de una amiga con la que había estado hablando sobre Mailer los días previos, la misma que me había robado de mi casa “El prisionero del sexo”. Le conté la coincidencia y entre sus gritos e hipérboles no pudimos entendernos.
La novela fue publicada en el año 1979 y le valió al autor un Pulitzer. Es considerada por cierto sector de la crítica como una de mayores novelas-reportajes del siglo XX y los elogios no son nunca suficientes.
Gary Gilmore, el protagonista, había pasado 18 de sus 35 años preso cuando, habiendo obtenido su libertad condicional, cometió dos crímenes inmotivados, asesinó a sangre fría a dos norteamericanos sin proponérselo pero . Las narraciones de Mailer son excepcionales. Tras una aparente simplicidad se encuentra un autor omnisciente que juega con el lenguaje como pocas veces he leído algo. La experiencia de leerlo en inglés es aun más impactante.
La novela contiene fragmentos de cientos de entrevistas hechas a Gilmore que el documentó y de la correspondencia entre Gary y su amada Nicole de 19 tiernos años. Sobre éstas cartas Mailer ha dicho que son la más fina literatura que el haya leído jamás. Muchas de las cartas y extractos de entrevistas aparecen tal cual en el libro.
Gilmore fue sentenciado a la pena de muerte –el primero desde su reinstalación en Utah- y lo curioso del caso es que el se negó a apelar el fallo, lo cual le dio gran trascendencia pública. Los defensores de los derechos humanos lograban interponer recursos para demorar la ejecución mientras Gilmore gritaba a los cuatro vientos que quería ser fusilado en tiempo y forma. La novela también describe la sociedad americana de ese entonces: el puritanismo mormón de Utah, la vida ordenada y “normal” de las dos víctimas versus los irrefrenables impulsos de Gilmore por la violencia y el sexo descarnado con su joven novia. Por momentos la traducción edulcora y quita fuerza a las escenas de violencia y sexo, pero aun así, es increíble cómo alguien puede mantener el suspenso por casi 600 páginas.
La negativa de Gilmore a hacer uso de sus derechos de apelación de la pena lo fue convirtiendo lentamente en un héroe de la clase trabajadora y la figura más buscada por los medios de aquél entonces a los que terminó vendiendo los derechos de entrevistas para darle ese dinero a Nicole.
Recuerdo que cuando comencé a leerla no sabía que el caso de Gary Gilmore había sido “en verdad” en Utah. Tal es la genialidad de Mailer que esos límites se confunden pero siempre es ganancia para el lector.
Cada vez que me preguntan cuál es mi libro preferido, estoy tentado a decir que “La canción del verdugo” se ha convertido en ese, traicionando junto a mi memoria a muchos otros que en otros tiempos me han deslumbrado.
Carta de Gary a Nicole ya estando preso:
“No soy un hombre débil. No he sido nunca ni un castrado ni una rata; he luchado siempre. No seré el más duro de los malnacidos que corren por ahí, pero siempre he dado la cara y contado entre los hombres. He hecho algunas cosas que harían temblar a más de un mamón, y he aguantado cabronadas que nadie debiera soportar. Pero lo que quiero que entiendas, mi niña, es que mi corazón es tuyo, y que con mi corazón tienes, creo, el poder de aplastarme o destruirme. Te ruego que no lo hagas. Lo que siento por ti me deja sin defensa.
No puedo compartirte con ningún otro, con ningunos otros, Nicole. Antes me quiero muerto y ardiendo en alguna forma de infierno, que saberte con otro hombre.
No consiento en compartirte. Te necesito entera.
Si yo paso sin joder, tu puedes hacer lo mismo. Perdóname la crudeza, pero es la verdad. Nos amamos mutuamente y nos pertenecemos el uno al otro; no nos lastimemos, no nos lastimemos jamás.
Este dolor me paraliza. No puedo dejar de imaginarte con alguien. No puedo. Y tengo que echar de mi mente esas feas imágenes. No quiero que nadie te bese ni te tenga ni te folle. Eres mía y te amo.
En la última página de tu carta decías que no volveré a tener motivo de sufrir así, que lo vas a dejar, que era la verdad, decías. Cristo bendito, de los jodidos treinta y cinco años que tengo, más de la mitad los he pasado en la cárcel.
Con todas las cosas que me han pasado, tendría que ser un cabrón de lo más duro.
Pero no soporto estar lejos de ti: te echo en falta a cada minuto.
Y no puedo tolerar la idea de un hombre estrechando tu cuerpo desnudo y mirándote poner los ojos en blanco mientras reposa él entre tus brazos.
Ni puedo ni quiero compartirte. Tienes que ser toda mia. No me importa lo que dices de que ee loco corazón tuyo no sepa decir no a quien te pide ser feliz. Mi corazón, loco también, pide a tu loco corazón que no diga no cuando te pido que seas solo mia en mente, alma, vida y corazón. Deja que sea el próximo y único hombre que te tenga.
Dios mio, cómo te necesito, nena, nena, nena, folla sólo conmigo no folles con nadie más, no lo hagas, no, que me mata. No me mates.
¿Es demasiado pedir? Escribe y házmelo saber…
DIMELO DIMELO,
MALDITA SEA
DIMELO
Joder hostia mierda Dios Nicole
Dimelo.
Miércoles y Domingo distan demasiado entre si… ¡¿Por qué no me escribes más?!
Nicole, no vayas con nadie, no lo hagas, no no, no, no
Estoy jodiendo de mala manera con esta carta. Es preciso que la termine de algún modo y la termino así. Te necesito TODA. No te comparto con nadie. Te quiero. TE QUIERO TE QUIERO TE QUIERO TE QUIERO.
No, no estoy borracho ni cargado ni nada, soy yo y nada más que yo quien escribe esta carta carente de belleza: sólo yo, Gary Gilmore, ladrón y asesino. El loco de Gary. El que un día soñará que era un tipo llamado GARY, que vivía en la América del siglo veinte y que algo iba muy mal… pero qué era, qué es lo que iba mal, bueno, las cosas están tan cagadas, tan supercargadas, como solía decirse en el Spanish Fork del siglo veinte. Y ese tipo recordará que también había algo muy bello en aquel antiguo Imperio Mormón de las montañas, y empezará a soñar con cierta zorrita de ojos verdes y pelo rojo oscuro que ponía en blanco los ojos y se le tragaba entera la polla y reía y lloraba con él y no le importaba que tuviera los dientes jodidos sin remedio y le enseñó a follar otra vez con mujeres, y no con su mano y con las fotos del Playboy.”








