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El botón del pasillo


No logro acostumbrarme ni creo que lo haga. Si usted ha viajado o viaja en colectivo por Capital Federal –aunque en muchas otras ciudades sucede, pero su porcentaje de aparición desciende a medida que nos alejamos de la mencionada- podrá observar la siguiente y curiosa conducta: habiendo algunos asientos dobles libres, encontramos una sóla persona sentada del lado del pasillo, es decir, se encuentra obstaculizando el paso de quien quiera sentarse en el que está libre.

En general suele ser una persona que se considera asimismo como en la flor de su edad, que prescinde de utilizar su visión como herramienta para moverse entre los vivos y suele tener algún tipo de música en sus oidos, pero sobre todo, y contradiciendo lo que he dicho en primer lugar, su cara denota cólon irritado y rigidez facial. No hay diferencia entre géneros.

Los pasajeros más tímidos que quieren sentarse suelen ponerse al lado del piquetero y esperan con suerte dispar que éste considere moverse. Y existen dos opciones: los primerizos en estas avaras costumbres, aun no entrenados en las artes del amarrete, se paran y ceden el paso, los más viles insinúan correr sus piernas y soportan paradójicamente que un cuerpo extraño los toque de alguna manera.

Ahora, ¿A qué responde esta actitud de sinvergüenza? Mucho se ha hablado y discutido en las academias, lo sé, pero pensemos: ¿Un miedo atávico al desconocido? ¿Odio a la solidaridad? ¿Debilidad mental? ¿Cólon irritado? ¿Hijaputez? Quizás todas, ningunas y otras, la cuestión es que es indignante. No juzgamos al que estando con otro desconocido se pase a uno simple, siempre son preferibles nuestros olores aunque fétidos a los de otro. Tampoco me referiré a los parias que siendo aun jóvenes mozalbetes no ceden su posición de deposición por la noble postura de estar erguido abrazando un hierro.

Los viajes en colectivo tienen decenas de reglas implícitas, sólo hay que estar un poco atento y aprenderemos que la parte central suele ser un distribuidor, que hay que ir yendo hacia atrás para que pueda entrar un poco de más de gente y que aunque tengas a una persona muy cerca y casi puedas escuchar su ritmo cardíaco, no hay que mirarlo a los ojos porque o bien es el prólogo de un intercambio sexual o de puños, cuanto menos de un movimiento de cabeza ascendente-descendente inquisitivo.

Brota el amor y brota el odio. Hace poco regalé el libro “Omnibús” de Elvio Gandolfo, debería ver que aportes hay en el caso de la larga distancia, que es otro cantar. Quien, como quien les habla, haya viajado durante muchos años –por no decir toda la vida- tendrá cientos de anécdotas para contar.

Como siempre me sucede, me deslizo entre otras ideas, mi mano recorre la baranda manoseada y para mi sorpresa noto que la mayoría tiene distintos calzados y ya es el momento de bajarme y dejar que la extraña intimidad andante siga su siempre nuevo y monótono camino.
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Escuela primaria de delincuencia

"Yo soy del 30, yo soy del 30,
cuando a Yrigoyen lo embalurdaron.
Yo soy del 30, yo soy del 30,
cuando a Carlitos se lo llevaron.
Cuando a Corrientes me la ensancharon,
cuando la vida me hizo sentir.
Yo soy del tiempo que me enseñaron
las madrugadas lo que es sufrir..."

"Yo soy del 30" (Méndez-Troilo)


A continuación les voy a dejar una serie de 4 notas publicadas en 1932 por el gran Roberto Arlt en una de sus columnas del diario El Mundo. En ellas, muestra brutal y sensiblemente el sinsentido del encierro a los que se veían sometidos los menores infractores –infractor no era una categoría de la época-. En aquel entonces, se encontraba vigente (de ¡1919 a 2005! Tuvo vigencia) la Ley de Patronato, o Ley Agote, de corte católico asistencialista que básicamente establecía un sistema tutelar patriarcal donde un Juez tenía total potestad sobre los niños, pudiendo disponer de su encierro para su “protección” si consideraba que ellos estaban en peligro físico o moral –bastante amplio, ¿no?- amontonándolos en edificios junto a delincuentes probados y muchos mayores de edad.

Para no mencionar que todos los que cumplían con esos requisitos para su secuestro eran todos chicos pobres.

Afortunadamente en 2005 (¡86 años después!) se sancionó la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes que los vuelve sujetos plenos de derecho y dejan de ser personitas a medio cocer –al menos para ley y sus derechos-. Los cambios se van sucediendo lentamente, y las implicancias son profundas, sobre todo para pensar cuando se arma el debate sobre la baja de imputabilidad en los menores y su relación con el delito -¿Qué pasó con eso mediáticamente?

Como era su huella, Arlt, el Johnny Cash de los periodistas, conocía la calle, los hampones y truhanes que movían los hilos de la ciudad y manyaba al llamado típico argentino de aquella época, época que yo elegiría sin dudar si pudiera haber elegido en que momento histórico haber nacido, época de mayor ciudadanía donde aun existía la tragedia.

Así que lector perezoso estás advertido, retrocede y vuelve a facebook antes de aburrirte. Lector otro, meta las patas en el maravilloso mundo de la escritura a puñetazos –¡que salía en los diarios!-



Escuela Primaria de Delincuencia

Caminando por la calle Tacuarí, al llegar al 760, se encuentra un edificio pintado de verde obs-curo, con ventanas adornadas de cortinillas blancas y en el frente un letrero que dice Alcaidía Policial. Depósito de Menores.

Si usted lleva una orden de la Jefatura de Policía, se le permite entrar. Lo atiende un señor muy amable, que es el director; o, en su defecto, otro señor tan amable como el director, que es el subdirector.

Este señor, o ambos, o cualquiera de los dos, le pregunta a usted cuál es el objeto de su visita, y si usted le explica que es periodista, resulta casi fatal que ambos, o cada uno por su cuenta, se quejen de los brulotes que les han encajado los periodistas, injustamente, responsabilizán-dolos… Pero no nos anticipemos… o sí, anticipemos. Se quejan, como decía, que se les haga responsables del inmenso desorden, de la espantosa desorganización que rige el mecanismo de esta institución, que a pesar de pertenecer a la policía, está al servicio directo de la delin-cuencia, constituyendo un vivero de criminales futuros.

Pero como conversando se entiende la gente, director, subdirector, ambos a la vez, o cada uno por su cuenta, llegan a demostrarle a usted que ellos no pueden hacer absolutamente nada contra lo que ocurre allí, como no sea mantener un orden aparente y una limpieza efectiva.
La higiene es lo único que puede elogiarse, sin temor a mentir ni exagerar, en el Depósito Poli-cial de Menores.

Los pisos están barridos, las camas arregladas prolijamente, como en un cuartel, los niños en clase. Y aquí pare de contar.



El cocktail del diablo

Entra usted en un aula. En los primeros bancos distingue purretitos de seis o siete años. En-fundados en un uniforme azul, parecen pajaritos. En los últimos bancos se encuentra usted
truculentos pelafustanes de cabeza rapada, cráneo biselado por asimétricas caídas de bóveda, y, como es natural, usted pregunta:

¿Por qué está ese chiquilín aquí?
La madre lo trajo porque no puede tenerlo en su casa.

Perfectamente, ¿y ese grandote?
Por matar a una hija.

¿Y ese otro?
Es un degenerado…

¿Y ese chiquilín?
Robó una botella de vino.

Es el cocktail del diablo. Junto a la criatura, totalmente inocente, encuentra usted al futuro cliente de la silla eléctrica, si aquí existiera una silla eléctrica.

Su acompañante y guía, en ese infierno, le dice, a modo de disculpa:
Aquí nosotros no hacemos nada más que cumplir las órdenes de los jueces. Pero como el local no es apropiado, resulta que no pueden separarse a los menores delincuentes de los que no lo son…

Si usted quiere conversar con los chicos…

Llámelo a ese rubito.
El rubito viene corriendo. Siete años de edad. Ojos con esperanza y asombro. Modosito.
¿Por qué estás vos aquí?
Me trajo mi mamá.
¿Trabaja tu mamá?
Sí, es sirvienta.

Síntesis dramática. La madre del varoncito, tiene además una hija menor a éste. La dueña de casa donde la sirvienta trabaja, permite a su criada que lleve a la nena; al varón no porque los chicos dan muchas molestias. ¿Qué podía hacer la sirvienta? ¿Quedar agradecida de que le dejaran acompañarse de la nena y buscar un lugar seguro donde depositar a su chico? Alguien le indicó el Defensor de Menores. Y el Defensor de Menores… ha resuelto tranquilamente el problema, enviando a la criatura a un depósito de menores delincuentes, muchos de los cuales son degenerados por sus ocho costados. Pero, la madre ignora semejantes lindezas. Y es posi-ble que el Defensor del Menores también diga que las ignora… Y entonces aquí no ha ocurrido nada. Todos somos inocentes y este planeta es el mejor de los mundos.

Se sienta el rubito, y llamo a un grandote simpático, de diez y siete años de edad. Viene rápi-damente hacia mí, sonriéndome como si yo fuera su hermano o su padre, y pudiera resolverle un problema dificultoso.

¿Por qué estás aquí, vos?
Por haber robado doscientos cinco pesos.
No está mal para empezar. (Sonrisa de agradecimiento.) ¿Y para qué querías ese vento?
Me guiñó un ojo, con toda confianza, y dice:
Era para asaltar al pagador de Agronomía, ¿sabe? Yo tenía todos los datos.
Pero m hijo… El pagador se iba a resistir. ¿Qué hubieras hecho vos?
Y, entonces lo hubiera tenido que matar. ¿No le parece?

Se expresa con tanta naturalidad y sencillez, y sus ideas son tan claras para él mismo, que uno termina por aceptar que, en efecto, es natural que el ciudadano se despachara al pagador de Agronomía, si éste se resistía…

Bajamos. En un patio, un chico sumamente simpático que se cuadra cuando pasamos frente a él.
Y este mocito tan simpático, ¿por qué está aquí?
Condenado a quince años de presidio.
¡Quince años!
Sí, es Ricardo Reyes, que el 1 de enero mató a una vieja a puñaladas.
¿Qué edad tiene?
Diez y siete años. (Continuaré mañana)

[El Mundo, 26 de septiembre de 1932]



Escuela Primaria de Delincuencia (Segunda parte)

¿Quiere visitar la enfermería del Depósito, señor?
Cómo no.
Me acompaña el maestro de los chicos delincuentes. En la enfermería, una criatura tuberculo-sa. La salivadera con manchas de sangre. Seguimos adelante. Un muchacho de diez y seis años en otra cama. Boca fina, labios sinuosos: un enfermo distinguido.

¿Quién es Ud.? ¿Por qué está aquí?
Por matar vigilantes, con mi auto.
Se trata de un niño bien. Manía de la velocidad. La familia paseando en Europa y él, por distra-erse del aburrimiento, atropellando con su voiturette a cuanto infeliz se le ponía por delante. A disposición del Juez de Menores. Alguien me informa:
Además de asesinar gente con su auto, es clínicamente un depravado.

Salimos. En el patio un mocosito:
¿Y vos…?
Por robar una bicicleta.

Es extraordinaria la cantidad de chicos que se encuentran en el Depósito de la calle Tacuarí por robar bicicletas. En una visita anterior encontré a una criatura de siete años detenida por robar una botella de vino. Hay otros, en cambio, que están detenidos por nada.

No conocen al Juez

La primera anormalidad que salta a la vista en las declaraciones de los chicos detenidos, evi-dencia que éstos no conocen al Juez que entiende en su causa, no conocen al Defensor, ni conocen a nadie, como no ser a sus maestros y los celadores que no tienen el conocimiento científico necesario para desempeñar tales funciones.

Lo menos que se le ocurre a una persona sensata es que el Juez o el Defensor debía conocer a los pequeños presos en su jurisdicción, conocer de inmediato la calidad moral del detenido, cerciorarse por sus propios ojos que no se ha cometido una injusticia o una monstruosidad al encerrar a un pequeño entre delincuentes, pero no ocurre tal. La mayoría de las respuestas de los chicos revela que el Juez o el Asesor tramitan dichos asuntos por oficio, menos por el cono-cimiento directo con el damnificado.

Y es entonces cuando del conjunto de este mecanismo se desprende la más descomunal falta de lógica y congruencia que puede pretenderse que encierre un sistema preventivo y penal.

La policía, el juez o el diablo, encierran a los chicos en el infierno de la Alcaidía para librarlos de la perniciosa vagancia y de las amistades delictuosas que pueden contraer en la calle…

La intención es ingenuamente buena… Pero el caso es que para librarlo al chico de las amista-des delictuosas se le encierra precisamente entre delincuentes de todas las calañas, entre de-generados de las variaciones clínicas más diferenciadas y entonces la evidencia salta con mayúsculas espantosas:

LA JUSTICIA ESTÁ FABRICANDO DELINCUENTES CON CRIATURAS QUE NO TIENEN ABSOLUTA-MENTE NADA DE DELINCUENTES.


Los mayores depravan a los menores

Mayores y menores conviven en el comedor y en los dormitorios en una promiscuidad de eda-des que sugiere lo que en el artículo de un periódico no se puede decir al público.
Importa poco que la criatura albergada en el Depósito haya sido alojada allí por pedido de su madre. Alternará, comerá codo con codo, jugará con el otro detenido acusado de cualquier delito, con experiencias que le comunicará en el trato diario.

Si el niño ingresó allí inocente, saldrá pervertido. Si tenía residuos morales, esos vestigios serán anulados por sus compañeros. El mayor presiona sobre el menor con toda la intensidad de su perversión específica. No es suficiente la vigilancia de los celadores, ni de los maestros. Las cosas ocurren allí como en cualquier establecimiento penitenciario. Luego los maestros se asombran, y le dicen al visitante, moviendo patéticamente la cabeza:

El noventa por ciento de los que ingresan al Depósito de Menores vuelven… vuelven acusados de delitos más graves…

Lo bueno sería que no reingresaran y menos con acusaciones efectivas. La primera detención en el Depósito ha sido lo suficiente poderosa para pudrirles formalmente. Allí aprende las artes del robo, de la simulación, de la astucia. Para un chico que vive entre delincuentes lo terrible sería no adquirir la capacidad de delinquir que evidencian los mayores, ¡y qué mayores!

Allí se alojó Cocuccio, el famoso menor jefe de una banda de minores asaltantes y asesinos. Los pequeños lo mirarían con la misma admiración con que nosotros hemos admirado a Firpo o a Justo Suárez. Y pretender que un chico no admire a un delincuente, es pedirle peras al ol-mo.

Tanto admiran a los delincuentes que voy a citar un caso que me narró un profesor:
En el Depósito se permitía la entrada de revistas policiales. Una noche los chicos prepararon un fuga espectacular partiéndole la cabeza a un sereno y levantando el alambre, Interrogados, respondieron que habían aprendido la táctica de fuga en la revista policial.

[El Mundo, 27 de septiembre de 1932]



Escuela Primaria de Delincuencia (Tercera parte)


¿Qué dicen los maestros de los menores delincuentes? Es interesarte escuchar sus opiniones, pues ellos revelan un desaliento profundo frente al desorden que rige el mecanismo de De-pósito de Menores, y las instituciones en relación con él.

Nosotros no podemos hacer nada en favor de estas criaturas, mientras que la justicia amonto-ne en un mismo establecimiento aulas, dormitorios y comedores, al chico honesto con el cri-minal nato, a la criatura traviesa e inocente con el degenerado y el perverso. Las clases que abarcan desde primero a quinto grado carecen en absoluto de eficacia. Lo que los chicos aprenden es nulo, y sólo se deciden a estudiar algo cuando se les interesa diciéndoles que el juez pondrá en libertad a los que demuestran condiciones para el estudio. Algunos son men-talmente tan atrasados que su verdadero lugar sería en un Instituto de Retardados Mentales. A este caso voy a contar una anécdota:

El maestro se encuentra dando clase de historia. Llama a un chico acusado de hurto y que es-taba distraído, para preguntarle:

¿Quién fue San Martín?
No sé, señor. Yo no estoy complicado en ese asunto.


Se aburren

Los chicos se aburren desesperadamente. Las cuatro paredes del Depósito no son de lo más adecuado para hacer bailar de alegría a nadie. Y menos a una criatura separada de su familia.

Hasta hace cinco años la disciplina era rigidísima. Se les castigaba corporalmente. La entrada de maestros jóvenes hizo cambiar el sistema. Me atengo a informaciones de ellos.

Actualmente no se les pega. Se les aburre con tres horas en clase. Y las tres horas de clase tie-nen la finalidad de evitar que los mayores, en el recreo y las horas libres, se entretengan en pervertir a los menores.

Delincuentes, niños sin padres o sin tutores responsables, contraen allí en el Depósito la nece-saria amistad para que el día que salgan a la calle no tengan mucho trabajo para buscar un cómplice. Se perfeccionan en el delito sin que maestros o celadores se hagan la menor ilusión respecto a las posibilidades de reforma de aquéllos.

Nosotros me dice un maestro necesitaríamos un establecimiento grande, con divisiones para menores que nunca han delinquido y para aquellos que están acusados en primer grado. Ne-cesitaríamos un laboratorio de psicología experimental… porque muchos menores, que noso-tros, por experiencia, clasificamos como anormales, los médicos de tribunales, de una sola ojeada, los clasifican de normales. Se evidencias las contradicciones más monstruosas entre el juicio de un médico, de un juez y de un maestro de menores. Las conclusiones son las siguien-tes: el chico es enviado de un establecimiento a otro, en el noventa por ciento de los casos, sin el menor criterio científico.


Nadie tiene la culpa

Y allí, ¡nadie tiene la culpa!

La policía se lava las manos, diciendo que ellos no tienen la alcaidía para refugio de menores sin hogar. Los maestros se disculpan, observando, y con razón, que todo aquello que les pue-den enseñar a los chicos es anulado por los mayores delincuentes que conviven en el conjunto. El director del establecimiento, a su vez, arguye que el edificio es pequeño y que él no puede hacer milagros; la justicia pretexta detener a las criaturas para librarlas del contagio de la de-lincuencia callejera; el juez de menores y los defensores, no sé de qué modo se justifican; los médicos, que aseguran que un menor es un degenerado cuando no lo es, y que no lo es cuan-do lo es, como afirman los maestros prácticos en esto de analizar a los chicos…

Se ha llegado al colmo de lo irrisorio, y las contradicciones son ya tan monstruosas que la única conclusión que se desprende del examen de ellas, es la siguiente:

Nuestra sociedad, con o sin culpa, está fabricando delincuentes. Y los jueces lo saben. No pue-den ignorarlo; están en la obligación de no ignorarlo.

El depósito de menores es un antro de corrupción. Sin tino, sin el menor escrúpulo moral, se encierra en él a criaturas cuyas travesuras interpretadas maliciosamente pueden ser clasifica-das como delictuosas. Se toma como pretexto para fabricar menores delincuentes el hecho de que sus padres no pueden atender a sus necesidades en una forma correcta. Y para corregir un pequeño mal, se crea un mal mayor. Infinitamente mayor.

Lo dicen los maestros: Aquellos que entran al Depósito, salen; pero vuelven…

Lo antinatural sería que no volvieran, con los técnicos en delincuencia que están allí confinados pero con libertad para darles, a los que las ignoran, cátedras de robo, de vicio y de crimen.


Se aburre uno


Me dice un detenido de 16 años:
Se aburre aquí uno.
¡Cómo no se van a aburrir! Ni talleres para enseñarles alguna profesión hay allí.
Para salvar las apariencias se han instalado clases, que por otra parte tienen la ventaja de evi-tar que los encerrados conviertan la casa en un infierno. Eso es todo lo que se ha hecho por ellos. Nada más.

Lo más grave del caso es que artículos como el que el autor escribe, tienen la ventaja de remo-ver el avispero pero durante algunos días. Luego todo vuelve a su curso normal, si es normal que un establecimiento policial tenga la directa inmediata función de fabricar chicos, la mayor parte traviesos, criminales futuros.

[El Mundo, 28 de septiembre de 1932]


Escuela Primaria de Delincuencia (Fin)

Con esta nota doy fin a las impresiones que he recibido de mi visita al Depósito de Menores Abandonados y Delincuentes, de la calle Tacuarí.

De lo que he escrito anteriormente, se desprende que la institución es un desastre. No llena ningún fin, como no sea engrosar las filas de la futura delincuencia.

El visitante inexperto encontrará allí chicos de todas las edades, uniformados con un traje azul, aulas limpias, dormitorios en orden y camas bien tendidas. Y nada más. Bajo esta apariencia de orden y de limpieza, camouflage eterno de todas las instituciones inútiles, se oculta el cáncer de una amenaza social:

Todo chico que en un momento de estupidez cometa una travesura peligrosa está amenazado por la justicia (que se propone corregirlo) de ser encerrado allí, para que allí, en vez de corre-girse, se eche definitivamente a perder.


Quiénes son los culpables

¿Quiénes son los culpables de este desastre?
Los padres. Muchos menores son hijos de hogares constituidos irregularmente. No puede in-culparse a un menor de no tener padre o madre, ni de carecer de ese indispensable sentido moral necesario para convivir en la comunidad.

¿La policía?

La policía se limita a proceder de acuerdo a instrucciones previas. Cuando un menor delinque, la función de la policía es colocar a este menor bajo la jurisdicción de un juez, para que el juez lo juzgue.

Llegamos entonces a los jueces.

¿Son culpables los jueces?
Creo que son los únicos culpables, y son doblemente culpables porque no existiendo una juris-prudencia adecuada respecto al menor, ni instituciones que encierren en su funcionamiento una garantía severa para salvar al menor, actúan frente a éste con más crueldad, por omisión, que ante los mayores de edad.

Un análisis simple:

En el Departamento de Policía, los cuadros de detenidos están divididos de acuerdo a un crite-rio simple, pero aceptable, incluso para los mismos detenidos. A un acusado sin antecedentes no se lo encierra jamás en el cuadro quinto entre profesionales de la delincuencia.

¿Por qué no se procede con el mismo criterio respecto a los menores? ¿Por qué se encierra al chico acusado por vagancia en el mismo local donde se encuentran menores cuya peligrosidad es infinitamente superior? ¿Por qué se aloja al niño cuya madre no puede mantenerlo en el mismo establecimiento donde el degenerado, el ladrón o el asesino conviven en armoniosa amistad?

Saltan a la vista lo que pueden contestar los jueces:

Nosotros no tenemos locales adecuados.

Frente a tal contestación no cabe sino otra:
Si no tienen locales adecuados, técnicos educadores adecuados, no priven de su libertad a un menor y menos para encerrarlo en una escuela de delincuentes.

La monstruosidad que se revela en este procedimiento, escalofría; sobre todo si se la contem-pla en el interior del mismo Depósito.

Encerrar a un chico porque ha robado una botella de vino o no ha devuelto la bicicleta que había alquilado, en compañía de otro menor que psíquicamente es un delincuente nato o un degenerado, es un contrasentido que no tiene nombre.

Y más contrasentido lo es si se considera que jueces, maestros, directores de establecimientos de esta naturaleza, NO CREEN EN LA EFICACIA DEL PROCEDIMIENTO.
Y como nadie cree…

Y llegamos al fin.

Como los maestros no creen que sus lecciones puedan reformar a un chico, ni los jueces tam-poco lo creen, ni los celadores, ni nadie, nos encontramos en presencia de un mecanismo in-útil, que funciona porque sí, entre el pesimismo de aquéllos que debían estar dedicando todas sus energías a la solución del problema, porque para ello el Estado les paga.

Unos se inculpan a los otros, y todos, a su vez, reposando en la convicción de que nada pueden hacer, dejan que el mecanismo del Depósito trabaje naturalmente; y la función natural de este Depósito de Menores es destruir cuanto poco bueno puede tener un menor que cae allí aden-tro.
Y este terrible desorden se ha prolongado a todas las instituciones de menores. Ni una sola llena las funciones para las que ha sido creada. El escepticismo de los de arriba ha reflejado en
los de abajo, y la preocupación de todos estos funcionarios casi perfectamente inútiles, es una sola: no ser atacados por los periódicos. El resto les interesa escasamente.

Y como todo se contagia, a nuestra vez, nosotros los periodistas, que encaramos semejantes problemas, tenemos la íntima convicción de que toda campaña contra estas instituciones es perfectamente inútil. Durante dos o tres días las gentes comentan las anomalías que el diario les ha revelado, luego se olvidan. Nada se hace en favor de los menores. Y el terrible problema quedará en el aire hasta que venga otro que escriba estas notas… y la gente vuelva a olvidarse.

[El Mundo, 29 de septiembre de 1932]
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Pensar a martillazos


“is this what you wanted?, to live in a house that is haunted by the ghost of you and me?”

Leonard Cohen


Advertencia epistemológica: puede que no sea tan asi.
Habiendo dicho eso; permiso Saussure, Pierce y Lacan que voy a abusar de ustedes. La posición y lo simbólico.

Cada vez que suelto estas líneas trato de no incluir en ellas trazos de mi vida intramuros a la red. Trato pero es imposible, si lo quisiera del todo no debería tener un blog, por decir algo.

Entre el miércoles y el domingo hice más de 4 mil kilómetros junto a 13 personas que alternativamente dormían, cantaban, se intoxicaban, no dormían, trabajaban, gozaban y preguntaban cuánto faltaba para la próxima ciudad. Ese era el contexto. Cada tanto, sabiendo ellos acerca de mi novel licencia, era consultado sobre cuestiones relacionadas a ese mundo, me contaban sus problemas “serios” y esperaban una respuesta de mi parte. Respuesta que no daba, me lavaba las manos o insinuaba algo elípticamente ya que nada peor que escuchar gratuitamente miserias. Y digo gratuitamente no en terminos monetarios, ya que nadie soporta mucho tiempo el dolor ajeno si no está colocado en la posición adecuada.

Unos meses antes, sabiendo prácticamente lo mismo que se ahora sobre este campo, las consultas de los parroquianos eran casi inexistentes, a lo sumo era utilizado como autoridad para avalar un argumento en una discusión de neófitos, o entre dos o tres que iban al psicólogo desde hacía muchos años y querían convencer de sus bondades a los que decían no necesitar ayuda de nadie porque ellos eran así, eran lo que les había tocado. “Esos no son síntomas, se llaman rasgos de personalidad” dije yo, “no te molestan a vos, le molestan a los otros”-agregué. La palabra a usar era “egosintónico” pero decidí no emplearla. Aun así, no me pudo escuchar, no es que no quiso o no entendió, no pudo escuchar, porque él no me había colocado en esa posición en la que los otros dos me habían puesto.

Y gran parte se trata de estar ubicado en la posición correcta –más allá de los usos del lenguaje-, piensen en la diferencia que existe entre algo dicho por una persona que nos es indiferente y la misma frase dicha por alguien que queremos mucho. O cuando tras una oración poco afortunada, nuestro interlocutor nos dice: “eso siempre me lo dice mi padre”, y resulta que ese alguien odia eso de su padre, y nosotros por gracia de la palabra nos ponemos en el trencito de la serie de personas que odia por eso –por el significante-.

Significante-significado, representante, bla bla, se que la mayoría de los que leen mis ecolalias saben algo del tema. Para Lacan, un significante es lo que representa al sujeto para otro significante. Las palabras, un significante puede aplastar (recuerden el caso de Coria del que hablé alguna vez y de cómo logró su libertad al retirarse del tenis) y puede liberar. Uno de los que intentaba usarme como quien avalaba sus dichos aunque yo le dijera que no era tan así lo que decía, que una cosa es ir a terapia y otra es la teoría, aunque su (la) experiencia sea única, inefable, válida y practicamente intrasmisible, simplemente no escuchaba, o escuchaba lo que le servía. A su lado, alguien férreamente amarrado a sus verdades (que tienen estructura de ficción le dije, metiéndome en un brete) tampoco me escuchaba. Vi la encerrona y decidí hablar con los que hacían chistes idiotas que tanto me gustan y me incliné por el vino, tanto más fructífero.

Pero no era lo que tenía en la cabeza antes de ponerme a martillar, supongo que eso tienen los martillazos, sólo entre golpe y golpe se puede discernir algo, mientras suceden todo es espasmo, fiebre y la posibilidad de volver a pensar es siempre después. Y estaba pensando en el final de la Hiena Barrios, en ese predominio del acto por sobre lo simbólico, en la estructura agujereada de éste (de lo simbólico) y cómo ciertas historias se repiten hasta que algo inequívoco y brutal le pone un punto. A veces es tan real como un choque de autos, otras es más dificil seguirle la huella pero a los efectos es lo mismo. Recuerdo la etimología de la palabra “delirio” (fuera del surco) y sufro otro martillazo.

Aunque queramos, no se puede pensar más en algunas personas, les hemos –y se han- quitado las ropas con las que las -nos- veíamos y el brillo ya está en otro lado. Nos hemos, -nos han- corrido de los brazos, de los torsos, los mismos en apariencia, pero ya de los otros.
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Pase Judas, pase


-Es que ellos no aceptan la teoria de los dos demonios – le escuché decir al cuarentón en aquél bar neuquino hace unos días.

-y ese programa 6,7,8 no se puede mirar, están todos comprados por el Gobierno –Contestó el petrolero.

Los tres amigos se regodeaban discutiendo de política usando los titulares de TN, Clarín, y ese dudosisimo sentido, el común, el “más común de los sentidos” como dijo el tercero. Aquellos hombres, en estado de interpretados repetían como máquinas los slogans que los “detractores” de la presidenta le achacan: es una yegua, no cumple las leyes, es una autoritaria y toda la caterva de frases que podemos escuchar en todos los canales y diarios excepto el 7, Página 12 y Critica.

Una nueva campaña de desestabilización está siendo llevada a cabo desde hace varios días desde varios sectores, con el propio vicepresidente incluido, que quizás sea el politico más ridiculo y sinvergüenza de los últimos tiempos, un sujeto que se gana de a upa, de prestado un sueldo y es otro de los exponentes que vacía la politica de contenido, el enemigo interno del Gobierno.

Una jueza a medida de de otros intereses hace su aparición en feria judicializando decisiones politicas, el presidente del BCRA se aferra a un cargo que no se ganó mandando su curriculum sino que fue puesto por la presidenta -y ésta con la facultad de removerlo-, un técnico que decide que no está de acuerdo con el proyecto politico y se gana la simpatía de los opositores. Redrado 2011.

Pero, ¿Cómo se combate la hijaputez de quienes habiendo vaciado las arcas –y es lo menor- del país ahora dicen defenderlas? Encima son ellos los que tienen los grandes medios de comunicación. Mi esperanza de que muchas personas (odio usar “la gente”) puedan darse cuenta de lo vil, veletas y oportunistas de esta oposición que no construye sino que tan sólo se opone como un juez de línea comprado que cobra offside en todos los ataques.

Soy pesimista, muy a mi pesar este gobierno creo que no tendrá continuidad en el próximo y todos los grandes logros se verán dilapidados por los cipayos que hablando de tolerancia y consenso (de Washington) hundirán sus garras como siempre en los más desfavorecidos. Para un lado es inversión, para el otro es gasto. Para un lado es inclusión, para el otro clientelismo. Es que son claramente modelos opuestos, la lógica empresarial no entiende de personas detrás de los números, son todas variables eufemísticas.

Desde que se desató la operación Redrado-Cobos-Clarín se la ve a Cristina en otra posición en relación a los medios, ha bajado del estrado y está hablando todos los días con los periodistas y camina estrechándose con el público presente, un cambio de estrategia que la humaniza ante los indecisos. Ojalá no sea demasiado tarde. Nuestra insensible y desideologizada clase media probablemente sea la jueza del asunto en el 2011.

Por otro lado claro que hay cosas poco claras de este Gobierno, aun no se entiende el por qué al veto a la ley de Glaciares y ciertas demoras con todo lo relacionado al petróleo dan para pensar que ahí tambien hay negocios que no tocan quizás por conveniencia (Pino estás gagá, otro dolor).

“Win the crowd and you will win your freedom” le dicen a Russell Crowe en Gladiador. Ganate al público y ganarás tu libertad. Algo de eso hay en esta oposición maniqueista, poco preparada en comunión con los empleados periodistas ignorantes de su deontología, ahistóricos que nunca tienen nada para perder. De todas maneras, saben muy bien lo que hacen, el espíritu golpista también ha hecho escuela.

No hay hechos, sólo interpretaciones decía Nietzsche. Salvajemente lo vemos todos los días todo el tiempo, pero aunque me queje en mi impotencia lumpen, ya no hay lugar para ese privado regocijo.


(En foto, el vicepresidente Cobos apuñalando hace algunos años a Mónica Seles, otrora yugoslava devenida yanki)
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Trémulo de pavor, siéntete bravo


".Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra..."

"1964". Borges

Llega fin de año y con éste una especie de devoción por hacer balances/resúmenes del número que hemos transitado, una suerte de subibaja que le interesa mucho más que a los que hacen tiempo en sus trabajos, los que esperan para pagar en Edelap y a los supuestos participantes en estas contiendas.

Con el fin de año llega otra curiosa conducta: el optimismo por lo que vendrá. Hasta el más paria y más “evidentemente” derrotado en múltiples planos de su vida se ve tentado de sentir o verse forzado a compartir un sentimiento de optimismo y esperanza por los días venideros. Llega el año a sus últimas hojas y algunos mecanismos se ponen en acción para borrar lo malo y mirar hacia delante con prístinos ojos de buenaventura. Leonard Cohen por el contrario canta: “I´ve seen the future brother, it is murder” (The Future). Pero no es la regla. Es admirable presenciar en acción a aquellos incansables que creen spinetteamente que “mañana es mejor”.

En un capítulo de los Simpsons; cuando Marge logra superar un miedo a ya no recuerdo que; sale corriendo a gritárselo a la ciudad, pasa por el asilo de ancianos donde desde la vereda el abuelo Simpson la escucha decir que ya no tiene miedo y reflexiona: “eso porque no estás prestando atención”.

Hay cosas que es mejor no saber, sin dudas, lo podemos intentar pero sobre todo tenemos el inconsciente y la represión que nos salvan de que los días puedan ser aun más insoportables. No es pesimismo, no es cinismo, no es derrota. Tampoco es lo contrario, no hay muchos motivos para ser optimista. El amor de los amados debería bastar. El resto se (des) encaja como Tetris. Si este año no fue malo, que el próximo sea parecido.

¿Para qué escuchar de boca del delantero de Racing que el delantero de mi equipo no estaba roto sino que le había saltado el dóping ? No quiero saber, que el futuro como ingobernable que es, sorprenda con sus disyunciones y complejidades, ¿Qué es el confort y la seguridad cuando no hay nadie con quien hablar? Ayer escuchaba a Mercedes Sosa contar en una entrevista; el día que estuvo a punto de tirarse del piso 13 mientras escuchaba poseída Libertango (del genial Piazzolla, el Bielsa de los tangueros), privada en el exilio del contacto con su público y privada de su objeto más preciado, su voz. Cuenta que cuando –por ruego de su hijo- dejó de escuchar la canción, desistió de tirarse.

La metáfora del horizonte es la que sostiene al optimista -y al no tanto-, caminar aunque sabe que nunca llegará. No está mal, de hecho es la condición para seguir en la vida, pero hay un nosequé de credulidad dificil de asimilar.

Debe ser que el optimista no tiene pasta para la tragedia.


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3 preguntas a Freud


La entrevista fue realizada en 1926, aun le faltaban escribir algunas cosas muy importantes. Tenía una prótesis en su mandíbula ya que la había perdido por un cáncer que lo sometió a una veintena de operaciones.


"... detesto mi maxilar mecánico, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún maxilar. Aún así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornandonos la vida más desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos.

¿Por qué debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas -en compañía de mi mujer, mis hijos- el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

- ¿No significa nada el hecho de que su nombre va a perdurar?

Absolutamente nada, es lo mismo que perdure o que nada sea cierto. Estoy más bien preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho. La guerra practicamente liquidó mis posesiones, lo que había adquirido durante mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho. El trabajo es mi fortuna.


[...]

- Bernard Shaw sustenta que vivimos muy poco. El encuentra que el hombre puede prolongar la vida si asi lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. El cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.

Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Asi como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, asi también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, conciente o inconcientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro nuestro. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: "Más allá del principio del placer" En el comienzo del psicoanalisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la "fiebre llamada vivir". El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.

- Shaw, como usted, no desea vivir para siempre, pero a diferencia de usted, él considera al sexo carente de interés.

(Sonriendo) Shaw no comprende al sexo. El no tiene ni la más remota concepción del amor. No hay un verdadero caso amoroso en ninguna de sus piezas. El hace humoradas del amor de Julio César -tal vez la mayor pasión de la historia. Deliberadamente, tal vez maliciosamente, él despoja a Cleopatra de toda grandeza, relegándola a una simple e insignificante muchacha. La razón para la extraña actitud de Shaw frente al amor, por su negación del movil de todas las cosas humanas, que emanan de sus piezas el clamor universal, a pesar de su enorme alcance intelectual, es inherente a su psicología. En uno de sus prefacios, él mismo enfatiza el rasgo ascético de su temperamento. Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización. La humanidad, en una especie de autodefensa procura su propia importancia. Si usted raspa a un ruso, dice el proverbio, aparece el tártaro sobre la piel. Analice cualquier emoción humana, no importa cuán distante esté de la esfera de la sexualidad, y usted encontrará ese impulso primordial al cual la propia vida debe su perpetuidad.
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El "inocente" perseguido


Despues de leer las fuentes y sus comentadores decidí darme por vencido y aceptar que por el momento el tema me sobrepasa y no podría darle la claridad de exposición que quisiera –por puro placer mío-. Es tal la complejidad que sólo intentaré decir algo y ojalá se entienda. Como dice el tipo con el que estudio, la simpleza es algo a conquistar y a la que se llega después de mucho trajinar. Conocer la lógica que se agita detrás, ver algo de la Matrix.

Durante mucho tiempo me ha llamado la atención algo que he visto básicamente en mujeres, lo cual no quiere decir que sea exclusivo de ellas sino que constituye básicamente una posición subjetiva.

Como abrí el paraguas al principio, recurrí a un par de diccionarios de psicoanálisis y filosofía para tratar de ser lo más claro posible en lo que me interesa en cuestión, el “Alma bella”:


"Para Hegel, el Alma bella es una conciencia que «vive con ansia de empañar con la acción y con el ser la honestidad de su interior»; que al no querer renunciar a su refinada subjetividad se expresa sólo mediante palabras y que, si desea elegir, se pierde en absoluta inconsistencia. Goethe dedica el VI libro de Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister a la «confesión de un Alma bella», y la hacía hablar así: «Yo no recuerdo ninguna orden; nada se me aparece bajo figura de ley; es un impulso el que me guía, siempre justo; yo sigo libremente mis disposiciones y sé tan poco de limitaciones como de arrepentimientos.» El Alma bella es una de las figuras típicas del romanticismo: la encarnación de la moralidad, no como regla o deber, sino como efusión del corazón o del instinto. Scheler, aun dándose cuenta del decadentismo de esta noción romántica, cree, sin embargo, que «la antigua cuestión acerca de la relación entre el Alma bella que quiere el deber ser ideal y que lo realiza no como deber sino por inclinación, y el comportamiento ‘por deber’ al que Kant reduce todo valor moral, se resuelve en el sentido de que el Alma bella no sólo es de parecido valor, sino que tiene un valor superior» (Formalismus, p. 226). Pero en el uso contemporáneo la expresión ha adquirido un significado irónico y de burla, designando la actitud del que vive satisfecho con su propia y presunta perfección moral, ignorando o desconociendo los problemas efectivos, las dificultades y las luchas que dificultan el ejercicio de una actividad moral eficaz. Este viraje de apreciación se debe probablemente a Nietzsche, quien en su Genealogía de la moral (I, § 10) describió a los puros de corazón, a las Almas bellas que se envuelven poéticamente en sus virtudes, como «hombres del resentimiento» en quienes vive un subterráneo espíritu de venganza contra los que encarnan la riqueza y la potencia de la vida." (El de filosofía)



“El “alma bella” (en alemán, shöne Seele), o “bella alma”, es una etapa en la dialéctica de la autoconciencia que Hegel describe en la Fenomenología del Espíritu (Hegel, 1807). El alma bella proyecta su propio desorden sobre el mundo, e intenta curarlo imponiendo “la ley del corazón” a todos los demás. Para Lacan, el alma bella es una metáfora perfecta del yo; “El yo del hombre moderno... ha tomado su forma en la impasse dialéctica del alma bella que no reconoce su propia razón de ser en el desorden que denuncia en el mundo” (E, 70). De un modo más extremo, el alma bella también ilustra la estructura del desconocimiento paranoico (Ec, 172-3). (Dicc. Evans de psicoanálisis lacaniano)


Es popular la idea de que hacer o decir lo que uno siente es una actitud irreprochable con la nadie podría estar muy en desacuerdo. Los así llamados sentimientos gozan de buena reputación, de hecho quien no los mostrara lo suficiente o los utilizara según los cánones esperables por la sociedad –especialemente por algunas almas bellas- es pasible de ser tildado como un “desalmado”, de tener “hielo en las venas”, “miedo a mostrar sus sentimientos” y demás frases de dominio público. Estas afirmaciones presuponen la existencia de ellos y entonces habría algún tipo de tapón impidiendoles a tan nobles entelequias salir de alguien –sobre todo en forma de palabras (se ha patologizado con el nombre de "alexitimia")- y llegar al otro para bañarlo de vaya a saber uno que cosa.

Lacan llegó a decir que el único afecto que no engaña es la angustia. La angustia se presenta en el cuerpo: opresión en el pecho, taquicardia, sudoración, sensación de morirse, no poder respirar (el famoso ataque de pánico no es más que angustia descontrolándose), etc. La angustia nos revela nuestra posición de objeto ante otro del que no sabemos que lugar ocupamos en su deseo, qué quiere de nosotros, perdemos las coordenadas momentáneamente.

Entonces para aquella/os que tienen en tan alta estima sus sentimientos, sus afectos (para el lenguaje común es lo mismo), y que necesitan la demostración, la verbalización y la exaltación de ellos como buenos, puros y nobles, y crucifican a quienes se entienden con el mundo de otra manera, podría repensarse esa situación y ver si no hay más cosas en el menú.

¿Y si todo fuese una construcción que tuvo su origen en el exterior y lo que uno cree que es lo más íntimo de uno en realidad no lo conoce y no tan sólo eso, sino que es lo contrario? Adoro los bluffs.

El alma bella para Hegel no es un alma solidaria.

El alma bella denuncia lo que está mal en los otros pero no advirtiendo formar parte de ello que sucede. Así, en el historial sobre histeria de Freud (Dora), basta con tan sólo una pregunta por parte de él cuando le pregunta a Dora qué tiene que ver ella en todo lo que se queja para que se produzca lo que fue denominado por Lacan como “inversión dialéctica” y su posterior y consecuente primer “desarrollo de verdad”. Entonces el alma bella que estaba impoluta se da cuenta que sus pies también están en el barro y que hay algo de lo que no quiere hacerse responsable. Asi, las personas que no se reconocen en su queja y sufren porque los otros son insensibles e impíos, en realidad demuestran un no reconocimiento del otro como tal y a la vez, por qué no, cierta degradación y desprecio velado.

No mencioné nunca la palabra amor porque no se trata de eso, se trata una posición que está bien expandida entre la gente pero es una mascarada. Así van algunas almas bellas conociendo nuevas personas para que se amolden a sus condiciones pensando que esta vez no les pasará de nuevo, que no cometerán los errores de establecer demandas sin respuestas posibles; dándole a esa nueva relación un valor terapeútico-pedagógico, usando al otro como un lugar para probar que “la ley del corazón” vencerá, vencerá, vencerá.

Pero eso nada tiene que ver con el amor ya que el otro, sinceramente, no cuenta.
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La indignación prefabricada


Finalmente y como se preveía, aparecieron muertos los Pomar.

24 días después de su desaparición y de una tensión generada por los medios como hacía mucho no se veía, tuvieron su merecida recompensa. Una historia que incluyó videos del padre de la familia saludando a la cámara del peaje con un gesto equivocamente perturbador, sugerencias de que el padre los podría haber matado a todos, vecinos declarando que tenían problemas de familia, vecinos diciendo que eran gente normal, etc etc.

Nuevamente la cobertura periodistica del tema fue escalofriante, pero no por la crudeza de las imágenes –que no las mostraron sólo porque no las tenían- sino por el espíritu vindicativo de los periodistas, sus micrófonos acusadores yendo delante de su tan dudosa formación profesional –arriesgo a que la gran mayoría no conoce el significado de la palabra “deontología”- amparados en proclamarse una especie de médiums para que ese ente llamado “la gente” conozca lo que sucede, porque es la obligación y cualquiera que ratacee información es pasible de ser sospechoso-.

Stornelli fue hasta el lugar a poner la cara y hacer gimnasia verbal en cosas que realmente no interesan más que a la gilada. Si como parece que sucedió murieron en un accidente, seguramente fue en el acto, entonces todo lo escrito y hablado es polvo, si los hubiesen encontrado hace 23 días iba a ser lo mismo, pasa que cuando mueren personas jóvenes –y si son caucásicas, mejor- hay una sensación de absurdo importante y dificil de tolerar. Pero quizás se trate de algo muy humano de no poder aceptar ciertas cosas, como lo imprevisible. Un día vas manejando en tu auto, hacés una mala maniobra y chau. Es absurdo, si, pero es. Y tratar de buscar respuestas puede llevar a lugares insospechados, buscar responsabilidades en los otros, en una autoridad, un paternalismo que está en la base del desarrollo cognitivo pero que hay que superar.

Es gracioso escuchar la indignación prefabricada de los periodistas, personas que nunca tienen nada que perder porque se posicionan en un lugar de querellantes, especie de alma bella (ya hablaré sobre esto) que se indignan porque hay gente que no reconoce errores en la investigacion, acusan a otros por el estado de la ruta, si esa zona no tendría que estar sin yuyos, entre expresiones como “prima facie”, “a priori” (que nadie lo usa bien) para luego volver a sus casas para ponerse la cremita anti age.

Muchos de los que leen mis peroratas son periodistas y gozan de mi simpatía y amistad –supongo- y por suerte no se dedican a estas cosas, son nobles y honestos en lo que hacen, aunque outsiders de las grandes ruedas y cocinas mediáticas. Pero qué bajo está el nivel en la mass media. Obviamente hay excepciones - Arlt hubo uno sólo- pero no son las que me interesan ahora. La imagen de un grupo de cuervos –los noteros- en un árbol esperando el cadáver para llevarle a los pequeñines –los del estudio- se me hace simpática.

Si fue un accidente y sólo eso (escribo esto a horas de conocerse el hecho), ¡que importa todo lo demás! ¿Qué importa un rastrillaje si un auto volcó y se metió en una zona inaccesible? Todo lo demás no hace más que desnudar la lógica periodistica, su ética de barrilete y su más profunda ideologización, que como el Diablo, hace su mejor truco al hacernos creer que no existe.

Si tan sólo reconocieran (mos) que las cosas son más Maquiavelo y menos Rousseau todo sería más corto y menos vergonzoso.
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Más allá la inundación


“pesadumbre de barrios que han cambiado”

Sur
Homero Manzi


Hace unos días se cumplieron 30 años de la demolición del estadio de San Lorenzo; que estaba ubicado en Av. La Plata entre Inclán y Las Casas en el barrio de Boedo, al sur de Almagro. El estadio se comenzó a construir en 1916 y lo terminaron en 1929. Su capacidad era para 75 mil personas, estaba hecho todo de madera y hierros y era conocido como el “Wembley porteño”. Dicen algunos historiadores que la dictadura militar decidió ocultar la zona obrera de Buenos Aires para la prensa extranjera (¿no les resuena la misma lógica con los que se indignaron con las frases de Maradona y el que dirían en el exterior?) decidiendo no invertir en mejorarlo, sino en construir nuevos estadios en zonas sin tanta tradición fútbolera como Mendoza o remodelando otros existentes en ciudades importantes del país, pero haciendo foco en el estadio de River. Así, el Brigadier Cacciatore; intendente de aquella época barrió con la villa de Bajo Belgrano y mejoró el estadio dejándolo impecable (dato curioso: para fines de los 50s tenía una capacidad para ¡135 mil personas!).

El Viejo Gasómetro siguió su derrotero: alegando reordenamiento urbano, construcción de calles y viviendas, prohibiendo la instalacion de un supermercado, se constituyó una sociedad fantasma que pagó a San Lorenzo 900 mil dólares por todos sus terrenos. En 1982 se anuló esa resolución y la sociedad fantasma vendió a Carrefour los terrenos en 8 millones de dólares. San Lorenzo descendió y estuvo 14 años sin estadio propio.

No soy hincha de San Lorenzo, de hecho no me caen simpáticos –como la mayoría de los clubes que no son el mío- pero la historia tiene un romanticismo con el cual si me puedo conectar. Con motivo de este aniversario, hace poco entrevistaron a José Sanfilippo, goleador histórico de SL (¡207 goles en 265 partidos!) pero también conocido por sus incursiones mediáticas desde el programa de Neustadt produciendo un gran momento televisivo hasta decir que el segundo gol de Maradona a los ingleses fue en contra.

Pero con motivo de este recordatorio, este detestable personaje contó que cada vez que pasa por Av. La Plata entre Inclán y Las Casas mira para la tribuna y todavía siente el griterío de la gente. Cuando lo contaba no podía más que emocionarme con él, un sujeto que siempre que lo veo cambio de canal, pero ahí estábamos los dos, él haciendo su gesto llevando la mano cerca de su oído dibujando círculos en el aire, llenándosele los ojos de lágrimas. Luego dijo que su mujer suele hacer las compras en el supermercado que está allí ahora pero que él o bien se queda esperando en la vereda de enfrente o en el auto. Contó que una de las primeras veces que se quedó en el estacionamiento dentro de su auto, su mujer volvió y lo encontró con la cabeza gacha, con aire ausente y le preguntó que le pasaba. El dijo que estaban estacionados sobre el área grande de la cancha, que sobre ese césped había pasado 20 años de su vida, que ahí estaba el arco que daba a Av. La Plata…


“La esquina del herrero, barro y pampa, tu casa, tu vereda y el zanjón, y un perfume de yuyos y de alfalfa que me llena de nuevo el corazón…”




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Campañas de ley y orden



Esta entrada será una gran cita, ya que si yo quisiera comentarla la haría redundante y le quitaría la fuerza y claridad que tiene. Las citas son de un libro llamado “En busca de las penas perdidas” (1998) de Eugenio Zaffaroni, actual ministro de la Corte Suprema de la Nación, cuya lectura es una herramienta muy útil para pensar la realidad del sistema penal latinoamericano –su inutilidad-, la inutilidad de las penas, la justicia como venganza y el papel que juegan los medios de comunicación en todo esto. Ayuda a no caer en la trampa de tocar de oído.

Antes del gran Eugenio –que pagó su enciclopedismo con una decena de tics- leamos un par de declaraciones de nuestros alunados representantes de la farándula, tremendos hijos de puta:

"La Su": "Estoy harta de escuchar 'no repriman'. Si no se reprime, es un caos. Andá a cortar la 5ta Avenida en Nueva York o Le Champs Elisée en París, viene un camión de agua y te barre".

"No se puede tomar un país, no se pueden cortar las calles. El derecho de los demás termina cuando empieza el del otro. La gente llega tarde al laburo, se pone nerviosa, todo aumenta, no les alcanza la guita, es un caos, esto es un caos y hay que terminarlo".

"No sé lo que pasa, no sé cómo se puede solucionar pero hay que ser más sensible, más patriota, necesitamos patriotas, necesitamos 'Favaloros'".


Marcelo Hugo:

"Que haga alguien algo para que no tengamos que tener un muerto por día, dos, tres, diez y nos acostumbremos".

"La Argentina está muy violenta. Ayer veía un noticiero en los Estados Unidos donde nos trataban como la nueva Colombia y la verdad que uno empieza a darse cuenta que estando metido acá adentro no lo vive de esa manera, más allá de que está viendo las cosas que están pasando, porque realmente es impresionante".

Esto no es nuevo, sólo es mucho más transparente. Quizás en otra entrada complete algunas citas de Zaffaroni, ahora no porque se haría muy largo.


Dice Zaffaroni:

"3. El poder configurador de los sistemas penales latinoamericanos.

Hemos visto que el verdadero ejercicio de poder de un sistema penal no es el negativo o represivo, sino el positivo o configurador. Este ejercicio de poder en nuestro margen es enorme. Las agencias no judiciales de nuestros sistemas penales se hallan militarizadas y la burocratización de las agencias judiciales permite que operen con entera discrecionalidad.

Por regla general, las agencias judiciales prefieren no tener conflictos con las no judiciales, dado que las reconocen más poderosas. Además, esos conflictos implican, por regla general, enfrentamientos con otros sectores –particularmente con el político- que las agencias judiciales prefieren evitar. En consecuencia, las agencias no judiciales de los sistemas penales latinoamericanos tienen poderes para imponer penas, violar domicilios y secretos de comunicaciones, requerir documentación identificatoria los habitantes, expedir esa documentación (y marcarla cuando les conviene o negarla), privar de libertad a cualquier persona sin cargo ni sospecha alguna, realizar actos instructorios que la burocracia judicial le deja por menor esfuerzo, hacer "redadas", clausurar locales públicos, censurar espectáculos, fichar a la población, etc. No hay control militarizado más poderoso y formidable que el ejercido por estas agencias, al margen de cualquier control de la agencia judicial e incluso con su beneplácito.

En cuanto las agencias no judiciales ven que su poder va menguando o perciben esta amenaza al mismo, por alguna reforma o tentativa de reforma legal o jurisprudencial, inmediatamente
el aparato de propaganda del sistema penal –los medíos masivos- desatan una campaña de "ley y orden". Cuyo objetivo no es otro que el de atemorizar a la población y provocar un reclamo público que ponga sitio a las agencias política o judicial y detenga la amenaza para su poder (entiéndase siempre por tal la capacidad para obtener ingresos ilícitos).

La agencia no judicial contribuye a esto con una suerte de "trabajo a reglamento" en cuanto a la protección de la propiedad y con un mayor número de muertos por su violencia, cuyos cadáveres muestra a través de los medios masivos, como prueba de su eficacia (estas muertes generan una espiral violenta. cuando el infractor sabe que ser sorprendido por las agencias ejecutivas no significa la pérdida de la libeitad, sino de la vida).

La burocracia judicial suele responder plegándose a la campaña, imponiendo penas "ejemplarizantes", usando expresiones moralizadoras en las sentencias que dan a publicidad
e incluso procurando notoriedad pública con declaraciones autoritarias que frecuentemente contradicen las más elementales reglas del discurso jurídico convencional, a lo que contribuye
su bajo nivel técnico e informativo. Las agencias aprovechan estas oportunidades para requerir más vehículos, medios, personal y armas, todo lo cual suele ser concedido por las amedrentadas agencias políticas, que se ven amenazadas en su clientela electoral por la campaña de ley y orden, a la que no saben cómo responder; casi todos los políticos latinoamericanos han estado presos, exiliados o han sido torturados, pero sin embargo no demuestran la menor comprensión del poder y del peligro que representan estas agencias y de la urgente necesidad de controlarlo. Prefieren evadirse del problema mediante la falsa ilusión de la posibilidad de manejar ese poder y de ponerlo a su servicio: esta ilusión perdura hasta que otra alternativa les devuelve el carácter de víctimas de ese poder.

En otros casos se deciden a enfrentarlo sin medir adecuadamente sus fuerzas y se precipitan produciendo reacciones defensivas del poder de los sistemas penales que luego no saben cómo enfrentar. Estas tentativas carentes de tácticas
suelen ser políticamente suicidas y su lamentable resultado final puede ser una mayor represivización y la generalización de una sensación de impotencia, en tanto que el poder de las agencias no judiciales sale reforzado y la actitud burocrática judicial premiada."


Y para cerrar, en brutal oposición a tamaña lucidez, veremos un sentido reclamo de recién llegada al país del tótem que trae "suerte".

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