Fitzcarraldo

 
Una amiga decía como al pasar, sin vanidad,  sin registrarlo del todo, que no recordaba haber sido rechazada por un hombre. Ella no sabía que luego y por supuesto lo sería por uno muy significativo, quizás el más –para ella- de aquel momento. Yo le decía que se estaba perdiendo de mucho, le faltaba la experiencia radical de la derrota, el rechazo y con suerte las nuevas cadenas de pensamientos. Ella prefería no tenerla, y en un punto no la culpo. Pero la cuestión es que no se trata de quererla o no, llegará y también tendrá unos ojos. La fantasía cubre la realidad. Cuando llegó en esa forma de hueco y vacío fue terrible. Quienes estamos advertidos desde demasiado temprano; hay que decirlo, una mínima ventaja llevamos (¡descenso incluido! ¡6 a 1 con Bolivia!).

Fitzcarraldo lo sabía, o lo sabía a medias, o no quería saberlo, lo mismo da. La pasión de (en) su ignorancia lo llevó hasta el extremo, una demencial convicción, un deseo pujaba en múltiples formas por concretarse. Y decimos que el deseo no se presenta nunca de manera transparente.

Fitz, amante de la Opera desea construir su teatro en el Perú amazónico luego de un gran fracaso en otro negocio. Con la plata de su chica (la hermosa Claudia Cardinale) compra unas tierras ricas en caucho para explotar, aunque inaccesibles. Sin importarle eso, con las burlas de sus conocidos y agoreros a cuesta decide comprar un barco, restaurarlo, contratar unos tripulantes borders y zarpar rio arriba hacia las tierras que nadie se había atrevido. 
 

No sólo era el río el peligro, sino los nativos achica cabezas. Pero supera ese escollo y se los pone de su lado para realizar un acto de proporción amazónica. Y justamente se llevó puesto el Amazonas, lo taló, puso explosivos, hizo un desastre más grande que la historia real en la que se basa la película, pasa que en 1982 no existía la Ecología. De todas maneras al genio de Kinski y Herzog mucho no le interesaba. (Nota de color: cuentan que uno de los actores le preguntó a Herzog si quería que asesinara a Kinski por él, pero dijo que no porque lo necesitaba para continuar la película.)

No digo más, véanla (está en Taringa)  y podrán ser espectadores  del punto oscuro que mueve a cualquier persona más allá de lo que diga su conciencia y de lo que crea saber, ese punto ciego en el retrovisor que todos tenemos y que necesitamos conocer para no chocar tan seguido.

Fitzcarraldo fue múltiplemente rechazado en lo superficial, pero lo atravesó y quedó advertido.

6 comentarios:

Anónimo | 6 de enero de 2011, 17:16

y la moraleja es....


.....



/monica a aaa aaa!!

flor | 6 de enero de 2011, 19:10

Lis, si la conseguís, mirá "Mi enemigo íntimo" ((Mein Liebster Feind). Está filmado el exacto momento en el que los nativos le preguntan a Herzog si quiere que maten a Kinski.

Anónimo | 6 de enero de 2011, 20:36

voy a buscarla cuando vuelva la internet de banda ancha, quiero ver eso ya! gracias por el dato flor.

N: todo un tema.

Joakkin | 7 de enero de 2011, 17:43

Buenísimo que le metas cine de vez en vez a las entradas. Fitzcarraldo es grossa, tanto como Herzog. Grosso también su enfoque de la película, me da tranquilidad mantener mi blog apagado!
Hablando de Kinski, no recomiendo su espantosa película de Paganini, por si no la vio; y sí recomiendo con fervor Stalker, de Tarkovski, probablemente una de los mejores 5 fílmicos jamás hechos, y lo digo impasible y sin miramientos.
Párrafo aparte para Claudia Cardinale, cuando vi C´era una volta il west me enamoré, esa mujer tenía una belleza atemporal, no era la musa de la época ni lucía como cualquier chica del momento, era el esplendor infinito.

Con los 6-1 se crece.

Lisandro Capdevila | 11 de enero de 2011, 13:09

Gracias Jk, aunque lo mío no es el cine. Vi Aguirre y está buenisima, pero no quiero hacer 3 in a row.
Voy a ver esas recomendadas, sin dudas!
abrazo de Bolatti a V

val | 12 de octubre de 2011, 11:16

zarpada, una de las películas que mi papá me obligó a ver con él, hace años, una tarde en Bahía Blanca..
val

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