En un momento


"Sunlight and the city is barely awake
as all the early morning drifters make their way
headlights in the distance too bright for my eyes
still I love the dusk, the dawn, between times
they are mine..."

"In a moment". Ray Davies



Si, en el principio está el verbo. El del Otro. En los momentos princeps de la vida todo se juega en ese plano, si no hay nadie anticipando, no habrá nada, no llegaremos. Ese Otro es alguien que cumpla la función materna, en general son las madres. La ligazón es tan iítima, tan profunda y marca tanto la vida, que en lo fundamental, si se tiene suerte, se reprime.

Los primeros contactos, las primeras palabras que bañan al cuerpo recién nacido, las posibilidades de la crianza, las vicisitudes de cada aparato psíquico que se apodere de éste en ciernes, definirá muchas cosas que luego uno por tiempo indefinido no sabrá de dónde vienen.

Somos arrojados a la existencia, y si, es esa la imagen, nadie decide venir a este lado de las cosas, luego con suerte uno podrá acomodarse y vivir su verdad. Hay una psicoanalista llamada Aulagnier que sintetiza bajo el concepto de violencia primaria esta acción de bienvenida al mundo: una psique (madre o quien sea) impone a la de otro (niño) una elección, un pensamiento, una acción, motivados por el deseo de aquél que lo impone y lo hace pasar por el registro de la necesidad. Golazo, victoria asegurada. El niño llora por cualquier cosa y la madre dice: “tiene hambre”, “tiene sueño”, “es mañoso”, etc. Tal es el desvalimiento, que ese otro se vuelve necesidad. Y más vale que así sea, sino moriría. Después se llamará amor.

Esta violencia es absoluta y necesaria. Luego el niño tendrá que ganarse su espacio en el mundo y sus propias palabras. Pero esto siempre tiene una cuota de ilusión. El yo es entendido de muchas maneras según la teoría que uno tome, para los americanos -obviamente- el yo es fortaleza, conciencia y autonomía. El yo es moderno.

En la otra vereda, en la que venía en patineta, la francesa, lacaniana –todo lacaniano es freudiano, sino es verso, no se dejen engrupir- el yo se forma desde una exterioridad, y básicamente es puro desconocimiento, el yo es un esclavo de distintas instancias psíquicas, está en lucha constante y suele ser aporreado con frecuencia. Por eso cambiar cosas de uno por medio de la voluntad o solo diciendo que no volverá a suceder, es bastante complicado. Si así fuera, ud. no caería siempre en los mismos errores, no se expondría a las situaciones que le hacen mal, a lo que no sale, etc. Sucede que ahí no todo es displacer, pero eso ya es todo otro cantar.

Encontrar las palabras propias, ser el conductor de la historia propia y el portavoz de los enunciados es una ardua e imprevisible tarea. Hoy en el hospital una madre llegó a la consulta para pedir un turno para su hija de 16 años. Comenzó diciendo que estaba ella estaba muy rebelde, que no podía ponerle límites, que le usaba las botas, que la llevaba a dormir con ella a su cama y la arropaba como un bebé–madre e hija viven con sus abuelos, nunca se fueron de la casa-. La madre a veces sale y llega a las 8 de la mañana y su padre la reta. Cuenta que la mandó a conocer a su padre biológico sola a otro país luego de más de 10 años sin contacto. El padre se encontró con una mujercita desarrollada y se quiso pelear en la calle porque le gritaban cosas. "Es muy celoso" decía la mujer, mientras una capa de abuso paterno caía entre las líneas.

Ahora la hija tiene un noviecito y la madre no lo soporta porque es “muy celosa”. Hace poco lo amenazó en la calle porque la estaba abrazando.

¿Para quién pedía ayuda?

El nacimiento biologico no coincide con el nacimiento del sujeto, hay operaciones que deben suceder. La mayoría de las veces suceden sin que nadie sepa nada de nada qué se debe hacer, cómo, etc, por eso la “Ser padres hoy” es un sin sentido, salvo para aquellos que gustan de Coelho. Todas estas cosas que conté son años y años de gente que ha estudiado y teorizado al respecto. Un criterio de “normalidad” puede ser por mayoría, es el del sentido común, nada más. Un chico autista, ¿sufre? Se puede vivir sin muchas cosas, entre ellas la psicología.

No hace falta para nada psicologizar la vida, aunque es inevitable, todos tenemos teorías del funcionamiento de la mente y de las personas. Lo que si debe suceder, es la individuación, que no se trata de la exacerbación hedonista de no caer a una fiesta con el mismo vestido que tiene otra o de elegir los jugadores "tapados" para el Gran DT, sino de la posibilidad de poder decir de vez en cuando una palabra que sea propia, aunque más no sea un verbo.

Nunca hablé de libertad.




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6 comentarios:

Brenda V | 3 de septiembre de 2009, 18:09

Ayer veia "Las mantenidas sin sueño" y toda esta historia de la maternidad, de lo que uno elige, de lo que no, de lo que nos es impuesto y contra lo cual luchamos o no se trata de manera muy graciosa en la película.
El personaje de Mirtha Busnelli es psicóloga y viera ud. los tejes y manejes que hechiza sobre su hija. Debería verla, amén de algunos vicios bien nacionales, se pueden rescatar varias cosas (además del OST, cLaramente).
En una línea parecida quizás parecida de reflexión, el otro día hablábamos con el Calto sobre la maldad, sobre cuánto hay de eso en los genes, en lo innato y cuánto en el condicionamiento del entorno, de lo que nos rodea. Yo soy mas Uliseana y creo que lo segundo es lo que impera.
Me cae bien Lacan, no así mi ex psicóloga Lacaniana, ¿es acaso eso contradictorio?
Por último, nada me hace sentir más inválida que luchar contra mis propias oscuridades y salir siempre e indefectiblemente abatida.

Lisandro | 3 de septiembre de 2009, 18:22

My dear, le gustó la película al final? Dudo que llegue a verla salvo que me la recomiende con fervor.
No existe tal cosa como el gen de la maldad, tengalo for sure.
Está bien que le caiga bien Lacan y mal una lacaniana, no hay contradicción, hay giles en todas las profesiones.

Juan D'antoine Coiffeur | 4 de septiembre de 2009, 10:30

Lacan, el que veìa al niño como algo inseparable de su madre, sin distinciones entre ambos porque el niño no tiene una identidad màs que la que su madre forma con èl (dime si me equivoco en este concepto). Ahì la necesidad del bebè es la que manda, y quien interpreta esas necesidades es su madre, en este caso el objeto que satisface el hambre, el frìo o el sueño, al menos hasta que el crìo halle su identidad, civilizada.
Esta necesidad del niño hacia la madre -aunque ya se trate de un niño crecidito- puede al menos intuirse en las Mantenidas sin Sueño, pelìcula que me aburrió mucho y en la que salvo Mirtha Busnelli (que levanta unas cuàntas pelìculas) no encontrè otra cosa que pèsimas actuaciones.
Como dice Brenda, amèn de algunos vicios bien nacionales, tiene dos o tres momentos interesantes, sobre todo cuando termina y uno puede volver a olvidarse del rostro siempre compungido de Fogwill, Tortonese hembra.

Lisandro | 4 de septiembre de 2009, 11:32

D´antoine, no, Lacan no dice eso, así lo entiende más una mina llamada Margaret Mahler, después por teléfono rojo le cuento más si quiere.
Que suerte que tengo al parecer de evitarme esos bodrios argentinos, sólo veo las fuertemente recomendadas.

Juan D'antoine Coiffeur | 4 de septiembre de 2009, 12:36

gracias. eso no es lo mío.

transfusiones | 4 de septiembre de 2009, 15:57

uy, lis, uy. No hay verbos hoy. Sólo onomatopeyas. Vi ese gráfico y pensé en la maternidad. Y me dije: "estoy flasheando, soy yo que como estoy metida con esos conflictos lo veo en cualquier lado... ¿qué va a escribir lis sobre eso?". And yeat, ahí están tus palabras...
Esa "S" y esa "A". Como una sociedad anónima. (que da pérdidas una y otra vez). No sé, quizás no es buen momento para escribir sobre esto. El martes, llorando dije: "No quiero estar más así. Necesito curarme" y a mi espalda escuché: "¡mirá que palabra usaste!, no sé si uno puede curarse de una madre". Llevo meses, semanas, días entendiendo y asimilando que mi conflicto con la comida (los horarios, las mañas, la poca variedad) tienen relación directa con mi madre. Llevo días, semanas, meses dándome cuenta de cómo vivió mi vieja sus embarazos, de cómo vivió la muerte de su hijo bebé (mi hermano, compañero de útero)... Llevo días, semanas, meses, años tratando de bajarle el volumen a su voz.

Se puede vivir sin muchas cosas... ¿Sin palabras? Yo no puedo.

flor

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