Todos los muertos tienen la misma piel

El viejo genio de Freud dijo que hay dos cosas en el inconciente: sexo y muerte –desnudos y muertos-.

Nuestro aparato psíquico, si se dan ciertas condiciones; reprime, sublima, hay muchos mecanismos, se constituye de equis manera y entra con nosotros en la cultura por decirlo con Freud. Los representantes de la mayoría fueron llamados neuróticos, y asociados a la vara de la “normalidad” en la sociedad. La entrada en la cultura –Freud clásico, no hace falta que esté(n) de acuerdo- no es sin consecuencias. Esta tensión, este equilibrio es una lucha entre Eros y Tánatos, la pulsión de vida y la de muerte. Caricaturizando: Los dos personajes hablando uno a cada lado del oído, uno con tridente, otro con alitas.

A veces uno puede llegar a tener ganas de matar a alguien, pero tiene recursos simbólicos, una ley internalizada, lo habla con alguien, al rato se pasa. Eso gracias a que tenemos una estructura psíquica constituida de equis manera, estamos sujetos a equis funcionamiento social, etc. No quiero simplificar demasiado las cosas, pero en resumen ahí vamos. Hay gente que en el reparto le tocó otra cosa y pudo hacer con eso algo otro.

Superados los primeros momentos de escozor ante algunos grandes crímenes, siguiendo a Thomas de Quincey en su divertido libro llamado “Del asesinato considerado como una de las bellas artes”, siempre hay tiempo para algo más.

El jueves 10 de Septiembre en Rosario un chico de 20 años mató a cuchillazos a su hermano, golpeó brutalmente a su madre, agarró el auto, salió de su casa y se incrustó en lo de un vecino, ahí mismo, agarró un gran tronco y se lo tiró por la cabeza, matando al anciano dueño de casa de 84 años y dejando malherida a la hija de éste. Regresó a su casa y según dice la nota del diario, mientras gritaba que se sentía Dios, trataba de arrancarle a mordiscones en la cara el Diablo a su madre. Fue encontrado en el baño de su casa totalmente desnudo y ensangrentado.

Sexo y muerte.

Barreda se dirigía a podar la parra, fue a buscar un casco y encontró la escopeta española que su suegra le había traído de Europa parada entre la biblioteca y la escalera. “Sentí como una fuerza que me impulsaba a tomarla” Fue a la cocina y en segundos mató a sus dos hijas, esposa y suegra. Juntó los cartuchos y la escopeta y los subió a su auto. Se fue al zoológico y de ahí al cementerio “para charlar un rato con los viejos”. Cerca de las 5 de la tarde llamó a su amante y pasaron casi 3 horas en un hotel alojamiento.

Sexo y muerte.

Como si se rompieran las puertas de la civilización y la orgía diera paso.
Algo de eso hay. Nuestro francés amigo ya citado muchas veces lo llamó “coyuntura dramática” o “coyuntura de desencadenamiento”, es decir, cuando ante equis situación, ligada a lo novelesco, no podes responder de otra manera que no sea con la explosión de lo imaginario y te den ganitas de ser un Fabián Tablado. Es una posibilidad entre otras, pero parece ser una bastante popular.

Algunos dirán que estas son patrañas, y quizás tengan razón, pero la institución psiquiátrica –llamada de “secuestro”, junto a otras por Foucault- ha construido un edificio de poder tan fuerte que la Justicia tiene que aceptar sin chistar sus dictámenes sobre imputabilidad o no de un sujeto que cometa estos crímenes, no así con las pericias psicológicas que son no vinculantes.

De paso el dato Rial: Barreda era inimputable pero la presión política torció un par de peritajes. No puedo develar mi fuente –que bueno poder sentirme un periodista deportivo-.

En fin, la muerte siempre es de los otros.

4 comentarios:

Joakkin | 10 de septiembre de 2009, 23:22

Freud está hablando del fasoo.

Johnny Anthonny | 11 de septiembre de 2009, 7:58

Habría que preguntarle a Erich Fromm, quien ha sido un especialista en explicar por qué solemos encontrar deseo hacia la destrucción, el sadismo, el suicidio y la necrofilia, el paraiso de los desnudos y los muertos.
La seguridad de la muerte, latente e inevitable, despertó en los hombres cierto deseo que Fromm lo vincula a la necesidad de hallar algo verdaderamente seguro y previsible en esta vida de derrotas y sorpresas.
Nuestra sociedad argentina es un claro ejemplo de ello: necesitamos a Evita embalsamada, las manos de Perón y levantamos ídolos para verlos caer incontables veces. La muerte es atractiva.
Buen artículo, Zizek de las pampas!

Lisandro | 11 de septiembre de 2009, 15:47

Necesitamos más Enriques Sdrechs y menos Zetas, y el pibito de América Pastor (que debutó con Pelé).

flor | 11 de septiembre de 2009, 17:07

Ocurre que conocemos esos casos a través de los medios y tengo la vaga impresión de que el hecho de que los medios estén en el medio (valga la redundancia) es algo engorroso. ¿Cómo decodifican la ininputabilidad? ¿Cómo interpretan la locura?
Ayer alguien en el twitter puso "están todos locos" y linkeó la noticia del pibe de rosario.
Yo acabo de decirle a t. que bellatin está loco.
¿Cómo interpretamos la locura nosotros? ¿para qué la usamos?

Por otra parte. Hace un tiempo vi uno de estos programas en los que se meten en las cárceles y me impresionó la desprotección que hay ahí adentro. Desprotección mental. Podemos vivir sin psicoanálisis, ok, pero no pude dejar de preguntarme qué pasaría si esos tipos tuvieran acceso a algún tipo de terapia. me refiero al grueso de la población carcelaria, no al que el juez le indica tratamiento.

No sé, deliro.

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