El camino a Mariana




Esperó hasta la última canción para decir un suave “Thanks a lot”. Durante la hora treinta y cinco que tocaron, el cantante no le dirigió una sola palabra al estadio repleto. Cual Dylan –y lo es para esta generación, y sólo necesita ¼ de palabras- sus movimientos eran verticales, a tomar agua hacia atrás, hacia delante para cantar. Una puesta de luces mínima, ellos vestidos con ropa de calle y sonando como la música que se debe escuchar en el Infierno.

Y hay mucho de eso: las letras son collages surrealistas, imágenes una arriba de otra, los estribillos más inverosímiles para cualquier banda en boca del genio de Black Francis son ese suave agradecimiento final aunque sus palabras salgan de las tripas del Cancerbero. No se me ocurre ningún cantante (ni Dimebag Darrell) que pueda gritar de esa manera no humana sin desmayarse (como en Tame). Y no sólo sigue cantando sino que luego pasa a un estado de arrullo cuasi de perdón.

Mientras escuchaba esos gritos en vivo pensaba que es una buena manera de definirlos: un grito no tiene sentido en sí mismo, no tiene palabras, convoca. Convoca al otro que responde en miles y rinde homenaje a la banda sin la cual la mayoría del rock que nos gusta a cierta clase de amantes de la música no podría existir.
Y como les dije a unos parroquianos ayer en un ataque de pappismo, en unos años nadie recordará ninguna canción de una banda electrónica, en cambio las guitarras y las melodías pop disfrazadas por  esos dementes seguirán en los corazones de los ogros con camisas escocesas. Y tiene la batalla ganada porque su imaginario con diferentes figuras y de distintas formas toca dos puntos de la estructura: sexo y muerte. Sumergirse en ese mundo es peligroso, como decía Borges, uno de los escritores menos rockeros de todos los tiempos: “Un símbolo, una rosa te desgarra y te puede matar una guitarra”.

Esta banda te puede matar si estás desprevenido, acá crecieron en ausencia, y desde ayer en un salto lógico nos encadenamos por segundo vez a ellos. Y encadenarse a una ausencia no es sin consecuencias.

7 comentarios:

Anónimo | 7 de octubre de 2010, 12:51

el inconsciente a cielo abierto

Anónimo | 7 de octubre de 2010, 16:17

el inconsciente sin peluca, fuerte y claro.

flor | 7 de octubre de 2010, 17:20

coincido con lo de borges, pero eso nos deja desnudos, ¿cuál sería el más rockero?

Lisandro Capdevila | 8 de octubre de 2010, 16:41

esa es dificil flor, se me ocurren nombres rockeros argentinos pero no para poesía, yanki sin dudas Bukowski, por su poesía, no tanto por su estilo de vida.

Juan Antonio | 8 de octubre de 2010, 16:56

oscar wilde podria ser bastante rockero, siguiendo la pregunta de flor

Brenda V | 18 de octubre de 2010, 17:15

Chemical Bros hace música electrónica, y en muchos años que vengan, varios recordaremos sus estribillos.

lisandro | 18 de octubre de 2010, 18:05

ellos son cancioneros, no califican en mi pappiada, pero nadie recordará a que se yo... tiesto.

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